Si estás leyendo esta página (y no sos un Alien que vive abajo de una piedra en un universo paralelo) sabrás que mañana, 24 de Marzo, se estrena en TODOS los cines del país (y esto es una exageración, sí, pero casi que no) la Película Batman VS Superman: El origen de la justicia.

Esta película es, al mismo tiempo, la piedra angular y la apuesta final de lo que podría ser, si salen bien las cosas, un naciente DC Cinematic Universe (DCCU), que comenzará a expandirse en Agosto con la película del Suicide Squad (apuesta sumamente extraña con el director David Ayer a la cabeza y una constelación de estrellas en la piel de estos villanos coaccionados para luchar por el bien) y continuará con la película de Wonder Woman, a la que idealmente seguiría una de la JLA (Justice League of America).

JLA Aprendiendo algunas cosas del Marvel Cinematic Universe (MCU), como la presentación de trailers a cuentagotas y anunciados con bombos y platillos, y campañas publicitarias elefantiásicas donde en cualquier momento podemos cruzarnos en medio de nuestro programa favorito con la propaganda de Turkish Airlines auspiciada por el propio BatFleck, la película de la que hoy tratamos ha generado en un fandom tan hincha de DC como el argentino una reacción que puede resumirse en la reconocida frase de Fry: "Shut up and take my money".

Pero, ¿por qué este nivel de hype para una película cuya primera parte (Man of Steel) fue recibida con tanta tibieza? DC nos lo explica en el título: esto no es Superman, esto no es Batman, esto es Superman Vs Batman, una pelea que queremos ver desde hace mucho tiempo.

Con una genealogía que se remonta hasta la llamada Silver Age of Comics, los enfrentamientos entre el Hijo de Kriptón y el Caballero de la Noche han sido varios y con características de lo más variopintas.
Worlds Finest

No es, sin embargo, hasta la seminal Dark Knight Returns (de un todavía funcional Frank Miller) donde el enfrentamiento entre estos dos iconos adquiere el carácter que se replicará en los años por venir. Dicho de otro modo, si el motor intrínseco de algunas historias antiguas era la postulación de una sana rivalidad entre dos amigos, los enfrentamientos subsiguientes serán el choque de dos ideologías diferentes.

Lo importante de la película es que esta nueva versión del combate moderniza tres historias de consabida resonancia con el público.

En primer lugar tendremos la representación de lo que, en Inglés, es conocido como el cuento del "Underdog", es decir, la historia del héroe que debe que enfrentarse a una fuerza superior, convirtiendo la batalla en una empresa suicida.

El combate de Batman contra Superman no hace más que actualizar historias de la literatura clásica preexistentes; un ser humano, en el pináculo de su fuerza, astucia y resistencia se enfrenta a un semidiós alienígena que puede borrar una ciudad del mapa solo con mirarla. De hecho, las más de las veces el simple mortal necesita de la ayuda de algún elemento mágico que le permita balancear un poco la batalla (recordemos las armas que Aquiles recibe para enfrentarse a Héctor, o la espada y el escudo investido por las tres hadas al Príncipe Azul para rescatar a la Bella Durmiente), elemento que en el cómic y en la película se traducen en la Exo-Armadura que Batman utiliza para soportar los embates de Superman (con una verde sorpresa que podría aparecer también para igualar los tantos aún más).

En segundo lugar, el enfrentamiento parece poner también en juego una representación gráfica entre dos ideologías que vuelven irreconciliable el punto del conflicto: fe contra cinismo, justicia contra venganza, lo podemos llamar como queramos, la lucha es siempre la misma y tiene su origen en la incepción de los propios personajes. Pongámoslo de este modo: mientras Clark creció en base a una dieta de honor, justicia y American dream dada por los Ma y Pa más arquetípicos del cómic (casi salidos de un cuadro de Norman Rockwell, ilustrador oficial del Sueño Americano), el pobre Bruce no tuvo la misma suerte y su prematura entrada a la adultez está marcada por dos balas que le quitan todo, incluso su sanidad, tiñendo su visión de las cosas con un manto gris y pesimista. La antítesis, tal vez, del sueño americano.

Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar que las visiones de ambos mundos se reflejen en las ciudades donde operan: la oscura y lóbrega Gotham ("diseñada por arquitectos Masones colocados de Absenta", como bien definiría Elijah Snow de Planetary), y la ciudad del futuro, Metrópolis, brillante como un faro "civilizatorio".

Pero dejemos que el propio Batman nos diga en qué se diferencian ambos héroes: “Tú siempre dices que sí, a quien veas con una insignia o con una bandera (...) Justo lo que te habían enseñado tus padres. Mis padres me enseñaron otra lección: tirados en esta calle, agitados por la brutal conmoción... muriendo por nada... me enseñaron que el mundo sólo tiene sentido cuando lo obligas.

Así, apelando a la eterna disputa del imaginario estadounidense entre libertad y seguridad, en esta batalla estos conceptos se pondrán en juego en torno a una idea ordenadora para ambos y que planteará el posicionamiento en las veredas opuestas. La idea de confianza.

Así, mientras Superman prefiere confiar en la mejor naturaleza de las personas y en su capacidad de ser inspirados para hacer el bien (con las palabras de su padre Jor-El resonando en sus oídos), Batman prefiere "saltarse eso de confiar" y amedrentar a las personas para obtener lo que quiere, siendo aquí donde vemos el riesgo de este modus operandi pues, más interesado en su misión que en la corrección política, Batman aterroriza a criminales y personas por igual.

De hecho, Mark Waid explora en una historia como Kingdom Come cómo estas visiones conducirían a futuros muy oscuros para ambos personajes: a la decepción (y posterior reclusión voluntaria) y al fascismo (o al menos a una forma del fascismo, con sus robots voladores cubriendo la ciudad como un sudario de miedo).

Finalmente, en tercer lugar, las buenas historias sobre un enfrentamiento entre Batman y Superman habrán de ser aquellas que tengan alguna clase de resonancia emocional. Ya lo habíamos dicho más arriba: de un tiempo a esta parte, los dos superhéroes ya no califican como los “amigotes” que compartían aventuras en las historietas de los World Finest, de la década de Oro y Plata del cómic, sino que su relación es mucho más compleja. Pasando de una amistad (muy) reticente (“Eres mi mejor amigo. Pero en realidad no me caes muy bien” dirá Superman en For Tomorrow de Azzarelo y Lee), a ser meros colegas con (eso sí), un gran respeto el uno por el otro, una buena pelea entre estos dos personajes tiene idealmente que ser una representación de una ruptura entre dos seres que, aunque se respeten mutuamente, entran en conflicto en torno a sus métodos e ideologías personales (por más que guarden el objetivo común de siempre proteger al más débil, a la víctima, al indefenso).

Así, conectado con el choque de ideologías que propongo en el párrafo anterior, un enfrentamiento entre estos dos titanes debe de ser capaz de mostrarnos una suerte de equilibrio/contraposición/tensión entre las posturas de ambos que haga que podamos plantearnos esta lucha como inevitable, como inescapable e ineludible (en cierto punto) una vez que entendemos quiénes son los contendientes, de dónde vienen, cómo se mueven sus hilos y, sobre todo, que su estatuto ya dejó de ser el de simples personajes, para pasar a ser Mitos (Modernos, pero no por ello menos poderosos).

Teniendo esto en cuenta y tomando una página de la Ilíada una vez más, ver una batalla entre Superman y Batman debería de ser como asistir al combate de Héctor contra Aquiles; el ofendido que solo ve rojo de venganza y el protector que no pudo evitar los hechos que terminaron en una muerte errada.

Como las grandes tragedias griegas, cada combate ha de estar cargado de cierto hálito de determinismo que no hace más que acrecentar el alcance del relato y ponerlo en lo más alto, junto con las historias clásicas de las que, a pesar de saber el final, no podemos dejar de consumir.

Apenas a horas del estreno de la película, sólo nos resta esperar que Zack Snyder entienda que ya no sólo está contando una historia para entretener a los cinéfilos durante dos horas, sino para venerar a estos mitos por los años por venir.