Los grandes eventos editoriales, esas macrosagas gargantuescas a las cuales nos tienen acostumbradas las dos grandes editoriales del cómic yanqui (Marvel y la Distinguida Competencia, se entiende), no suelen tener más que dos o tres razones para existir que se repiten hasta el hartazgo cada vez que los títulos y los universos de personajes tan disímiles como X-Men y el Capitán América se ven obligados a colisionar e interactuar por mandato de las grandes esferas de la compañía.

Así, la primera (y tal vez la más perdonable) de estas razones tendrá que ver con la reestructuración de una continuidad dispar e imposible de seguir como algo ordenado y consecuente con una narrativa (o conjunto de ellas) más manejable, orgánica y con sentido (no podemos hacer que Batman tenga sus eternos 27 años si no hacemos cambios en las edades de Dick Grayson y toda la Batifamilia siempre, e incluso retroactivamente)

La segunda de las razones para justificar la existencia de estos eventos es, tal vez, más oscura, menos fácil de medir y tiene que ver con la configuración de un universo más ordenado para que el acceso de potenciales nuevos lectores no esté plagado de citas, señales y peripecias que se hacen difíciles de captar salvo con un doctorado en la historia de tal o cual personaje o tal y cual título. Dicho de modo más simple: se trata de "limpiar" a ciertas colecciones de una continuidad que, en algunos puntos (y hasta yo, que soy un fan acérrimo, puedo admitirlo) resulta cargosa e imposible de ser seguida; para atraer al potencial nuevo consumidor.

Relacionada con esta razón, otro de los posibles motivos (y si el anterior era complejo, este directamente, creo yo, es casi imposible) para la existencia de las macrosagas tiene que ver con la presunción (más bien deseo) de que entre toda la ensalada de personajes que pululan por el evento, alguno de ellos genere la suficiente atención de un lector ya existente como para aventurarse con la compra de una nueva colección (lo que, en los papeles, tendría el peso de un nuevo lector).

El origen de las macrosagas puede rastrearse en los títulos en los cuales el Flash y el Green Lantern de la Silver Age se cruzaban con sus contrapartidas de la Golden Age poniendo en juego el concepto de mundos paralelos (con el colofón del encuentro de la JLA y la JSA que se repitiría cada año, iniciando, de algún modo, esta tradición). Sin embargo, la idea de los crossover a gran escala le debe tanto a estos puntales históricos como a la idea del universo compartido que Stan Lee había acometido desde la creación del universo Timely Marvel (que más temprano que tarde perdería el Timely) en la cual Thor podía ayudar a Giant Man cualquier día de la semana.

Con la seminal Crisis of Infinite Earths como construcción modélica que ponía en juego dos de las tres razones mencionadas arriba en la picota (limpiar 50 años de historia para darles un nuevo comienzo a los personajes y atraer nuevos lectores) las siguientes macrosagas en aparecer tanto de un lado como del otro de la orilla se han ceñido (más o menos) a esos standards.

Sin embargo (o gracias a Dios) también ha surgido una corriente de escritura que propone que, además de jugar con las necesidades que ya he postulado, las macrosagas también tienen que "decir algo", es decir, tener un significado más profundo que la simple necesidad de atrapar nuevos lectores.

Fallidas o no, son de este tipo de sagas Fear Itself (sobre la muy yanqui idea de que el peor de los miedos siempre es el miedo mismo), Blackest Night (sobre el meta-tema de la muerte en los cómics), Final Crisis (me niego a meterme acá sin más tiempo y un par de diagramas de Venn) y la que nos ocupa: Civil War.

Y, fieles a su estilo de ser más grandes que la vida misma, si el objetivo era "decir algo" agarraron a un tipo que, mal que mal, siempre esta diciendo cosas... Gritándolas, más bien (como ese táo borracho que todos tenemos y que habla del socialismo, con razón, pero también con demasiado Carcassone encima).

Mark Millar (el energúmeno en cuestión), uno de los guionistas mas "hot" del momento (tanto de este como de aquel), que venía de deleitarnos con maravillas como el segundo volumen de The Authority y la versión Ultimate de Los Vengadores (ambas sagas con un potencial deconstructivista, posmoderno e inmenso), al igual que de un oscuro pero gran run de Swamp Thing para DC, fue el elegido para escribir la historia principal; haciendo tándem con la superestrella en ascenso Steve Mc Niven, un tipo venido de la plástica (lo cual, en este, su primer gran proyecto se nota en una narrativa menos "suave" de la que ganaría para sus posteriores trabajos) pero con gran futuro en el medio.

Con esto en el tapete: ¿qué quiere decirnos Millar en esta saga? ¿Sobre qué quiere que pensemos?. Pues bien, a riesgo de sonar naive, lo que Millar trata de proponer es una actualización del dogma constitutivo de prácticamente Marvel toda. El consabido un gran poder conlleva una gran responsabilidad, pero a escala nacional. Bien a su gusto.

Para ello parte de una premisa simple pero que generará ripios en el status quo del Marvel durante años por venir. La cosa viene más o menos así: los New Warriors, un grupo de héroes jóvenes y un tanto inexpertos, se encuentran a punto de apresar a un grupo de villanos en apariencia Clase B pero al intentarlo se dan cuenta de que ellos (más bien UNO de ellos) es más de lo que pueden manejar y termina detonándose a sí mismo como una bomba con patas, llevándose consigo al equipo, gran parte de un pueblo... y una escuela primaria.

La ola de repudio público que sobreviene a dicho acto hace que el gobierno de los Estados Unidos deba reaccionar casi de inmediato -y lo haga de una forma que, de algún modo ya conocemos (porque todos leímos Watchmen, ¿verdad?)- proponiendo un Acta de registro de los superhéroes (una idea reciclada incluso de los X-men) donde los mismos deberían dar información sensible sobre sus poderes, identidades, etc.

Ante estas noticias, un cisma se produce en la comunidad superheroica con dos posiciones antitéticas naciendo de inmediato dentro del propio núcleo de los Avengers. Por un lado, tendremos la posición de Iron Man, quien, junto con otros superhéroes como Yellowjacket y el mismísimo Reed Richards, están a favor del Acta, alegando razones que tienen que ver con la seguridad pública ; mientras que, por otro lado, tendremos la posición del Capitán América, quien, acompañado de otros héroes (mayormente de street level, es decir, héroes como Daredevil, Iron Fist, etc.) se niega a entregar la información requerida alegando razones que tienen que ver con las libertades personales y civiles.

Lo que sobreviene es la espectacular batalla que se dará entre estos dos bandos una vez que las posturas queden claras y expresamente definidas; consecuentemente, lo que hará Millar para sostener su saga será basar el dilema ético de la historia entera en una cita falsamente atribuida al principal autor de la Declaración de Independencia y ex presidente Thomas Jefferson: aquellos que ponen en juego su libertad en pos de su seguridad, no se merecen ni la una ni la otra.

Así, como ciudadanos, ¿no tendríamos que tener información sobre seres con las capacidades para obliterar ciudades enteras que vuelan por ahí todo el tiempo? ¿No debería de haber algún mecanismo, o mecanismos, para ejercer control sobre los enmascarados que parecen surgir como hongos en la ciudad de New York? Pero, al hacerlo, ¿no estaríamos atentando contra las libertades individuales como las de los derechos a la intimidad y la privacidad que posee cada persona (a no ser que tenga Facebook)? O, de un modo netamente norteamericano, ¿no estaríamos yendo en contra del mismo espíritu de libertades civiles que hace de Estados Unidos la capital de la Libertad en el mundo (si no, preguntenle a los terroristas)? En otras palabras, ¿dónde termina el poder y comienzan las responsabilidades de los superhéroes?

Así, estas preguntas servirán para que planteemos los alcances de la grieta formada en tres nodos significativos que me gustaría repasar, que replicará problemas del mundo real en forma del cómic y que serán los siguientes: el nodo Político, el nodo Mediático y, para terminar, el nodo Emocional.

Comencemos por el nodo Politico. Con unos superhéroes que veladamente siempre habían representado las puntas del sistema democrático bipartidista estadounidense (Tony Stark como la cara política del Republicanismo, enfrentándose al "Poster Child" de los Ideales Demócratas que encarnan en Steve Roges, Capitán América), Millar pone en picota las diferencias básicas entre las dos ideologías formativas de los partidos, hasta el punto de la misma confrontación. Una confrontación, una batalla, que se dará dentro del territorio estadounidense (y que, sin duda, resuena en los cráneos norteamericanos con la fuerza del pasado y de la anterior guerra civil),para luego, como siempre, aumentar una apuesta que tendrá expresos ecos en hitos de la política norteamericana reciente, sobre todo (y entre otras cosas) en el paralelo que se traza (y es imposible obviar) entre el "Acta de Registro de Superhéroes" y la mal hallada "Acta Patriótica", ambas legislaciones que permitirían entrometerse en las libertades individuales de las personas y que, tanto en el cómic, como en la vida real, fueron objetos de gran escrutinio y críticas.

Otro hito a destacar en este primer nodo es el modo en que la política reacciona ante un ataque en suelo propio (y, una vez mas, enfatizo esto), esta vez de causa doméstica pero cuyos ripios podrían leerse de manera similar a los de un ataque terrorista externo, al punto de poder considerar, e incluso hacer la comparación, entre las Armas de Destrucción Masiva y los Superhéroes.

Es decir, de todas formas, la saga mostrará cómo el miedo y la paranoia se apoderan, tanto del público, como de la clase política, llevando, las más de las veces, a un giro a la derecha de ambas.

Tanto es así que, para la época de la salida de esta saga, el mundo recibía la llegada de The Boys, la obra defintiva de los superhéroes de Garth Ennis y Darrick Robertson quienes, parados sobre una pregunta similar a la que organiza Civil War (Poder y Responsabilidad), argumenta con mucho peso en favor de uno de los dos lados de la contienda (léanla y vean cuál).

Se dice que, leyendo los cómics de un autor, muchas veces uno puede extrapolar qué es lo que está en su mente, aquello en que se está basando para construir las historias que terminará creando. En este caso es evidente que, para construir el plot y la narrativa de Civil War, Millar estaba leyendo revistas de debate político y diarios, muchos diarios. Siendo una de las primeras (ahora ya superada) obsesiones del autor, los medios, y la percepción mediática de los actos, en este caso, superheroicos, siempre ha estado presente en sus guiones (desde la citada Authority a esta parte, prácticamente) como construyendo una especie de "maquinaria" que funciona como mediadora entre el humor público y la realidad política.

En este punto, Millar tensiona los alcances del llamado "cuarto poder", problematizando las relaciones entre la percepción mediática de los actos y acontecimientos y la esfera de la política institucional. De allí las diversas tomas de postura de la prensa en torno a los problemas que suscita el Acta de registro.

En Tercer y último lugar tendremos el nodo emocional, el menos trabajado a lo largo de la saga y, a pesar de que varias puntas son propuestas para pesar en las consecuencias emocionales que conlleva la grieta (o las grietas) en los diversos superhéroes, la mayoría de ellas está tratada en los títulos satelites de la saga principal, excepción hecha del ripio que se forma dentro de la propia formación de la Primera Familia (los Fantastic Four), donde los hermanos Storm, no estando de acuerdo con las políticas que apoya el patriarca Reed, deciden sumarse al equipo del Capitán America y cuyas consecuencias están mucho mejor tratadas que la disolución progresiva de la amistad entre Tony y Steve que (esto no es spoiler pues se ve venir desde el primer numero) habrá de terminar a trompazo limpio.

Y es ahí donde engancha la conexión con la película que ha de estrenarse mañana en todos los cines, la cual, a juzgar por los trailers, dejará un poco de lado los nodos políticos y, sobre todo, mediáticos, para concentrarse en el "fall out of love" (lo siento pero queda mejor en Ingles) de Steve y Tony (-"I'm sorry Tony but he is my friend", -"I thought I was your friend too" se dirán los amigos antes de darse sopapos con muchas ganas) con un gran protagonismo de Bucky Barnes (el Winter Soldier de la peli anterior del Capi) en el medio como el premio a obtener por parte de ambas facciones.

Con respecto a quién es el ganador de esta Guerra Civil... bueno, van a tener que leer la saga. En lo posible en la fastuosa edición vernácula (más linda y mejor que muchas de las originales) a cargo OvniPress publicada hace escasos meses.