Hablar hoy día de la adaptación de una historieta de superhéroes al cine desde el rigor de la transposición de un medio -gráfico- a otro -audiovisual- parece quedar demodé. Estamos hablando de un género que lleva más de tres décadas de constante crecimiento y alcanzando picos de popularidad que pone a los entusiastas, curiosos y críticos a repartirse los roles de la alabancia y la difamación. Mientras se especula cuál es el techo que puede alcanzar la afinidad por los personajes encapotados en el cine, el género va mutando, afinando sus códigos y fagocitando formas del lenguaje cinematográfico para llegar al pináculo de la popularidad que disfruta hoy día.

En ese marco, el 12 de Febrero se estrenó la adaptación a la pantalla grande de Deadpool, una rara avis en el mundo de la historieta creada por uno de los dibujantes más vilipendiados de la industria, que vio crecer su popularidad a pasos agigantados en los últimos años, con la fuerza de un ejército de millenials que engancharon con la onda de su humor sardónico: basta con transitar los pasillos de cualquier convención de historietas para ver pines, bolsos y personas caracterizados como el antihéroe enmascarado para corroborar su fama entre el fandom. En el meollo de la cultura del Meme, el hijo bastardo de Rob Leifeld y Fabián Nicieza sumó adeptos a su estilo despreocupado y su alta cuota de violencia “for the lulz”.

Caricatura posmoderna, Deadpool es un mercenario prácticamente inmortal y completamente alejado del deber ser de los superhéroes. Pero mas allá de su tono jocoso e irreverente, el aspecto más popular del personaje es su ruptura de la "cuarta pared". Con recurrentes comentarios dirigidos al lector, es un personaje de historieta que se sabe tal. En sus acciones parece haber una pulsión constante de desafiar lo que se espera de un personaje del medio, intentando sacarnos una sonrisa en el proceso mediante el ridículo.

La receta de su adaptación al cine para captar la atención del público fue estrellarse contra la cartelera con la misión de ser la película más absurda, violenta y llena de chistes dentro del rubro (y su campaña publicitaria te lo recordó durante semanas), metiendo en una trituradora elementos de comedia romántica, humor negro de alto calibre, slapstick y violencia física, aplicando el pastiche de principio a fin.

Si logra ser efectiva con su enfoque (si aplicamos la lógica de la taquilla como el estiércol y las moscas, tendríamos que decir que fue un SÍ unánime) no me parece lo más intrigante del caso. En un presente donde el sedimento de películas de encapotados superpoderosos es suficiente para dirimirse entre apocalípticos e integrados sobre su calidad y evolución de su forma, esta película se presenta como una (graciosa) oportunidad para repensar el rol de los distintos estudios cinematográficos y sus recetas para engordar el imperio de los superhéroes en la pantalla grande, todo por medio de trapitos al sol y cachetadas con guante.

La guerra de los mundos

Un elemento ineludible en el análisis del cine de superhéroes, híbrido de género cinematográfico y fenómeno de la industria del espectáculo, es la política de los estudios como constructores de una lógica que maneja a sus personajes/franquicias como caballitos de batalla, ansiando poder construir una maraña en forma de sagas, precuelas y mega-eventos. En medio de esta operación, parece dirimirse una especie de Juego de tronos entre los diferentes universos editoriales controlados por sus respectivos Estudios.

En la actualidad, formando parte del acorazado Disney -un tema en sí mismo que merece un artículo aparte-, Marvel construyó peldaño a peldaño su casa de las ideas audiovisuales con una fórmula que derribó mitos y amplió horizontes en el “manual del film de superhéroes”. Se empeñó en demostrar que podía introducirse con buenos resultados a personajes de segunda línea o poco conocidos al público masivo, hilvanó eventos entre las diferentes películas –instaurando el famoso “cliffhanger después de los créditos”- y se animó a construir mega-eventos que conglomeraban a sus personajes.

La contracara de este fenómeno se presenta con los estudios que poseen los derechos de uso de algunos de sus personajes, impidiendo la inclusión en sus películas; fruto de la crisis de la editorial durante la década del '90 que llevó a vender las joyas de la abuela al mejor postor, emblemas de sus publicaciones como Spiderman quedaron en manos de Columbia-Sony, mientras los 4 Fantásticos y los X Men fueron adquiridos por 20th Century Fox.

Mientras la escala y el nivel de las películas producidas por la productora Marvel iba creciendo, mas tensiones nacían con sus hijos bastardos controlados por otros estudios. Para no perder sus derechos sobre los personajes, los estudios recurrieron a un "reseteo" de los personajes con resultados deplorables juzgando por el paladar popular.

Sumado a la sensación de descontento de los fanáticos de estos personajes, molestos por no poder verlos interactuar con el universo que proponen las producciones de Marvel, aparecieron decisiones editoriales que marcaban un incómodo abandono hacia sus personajes en manos ajenas: desde no poder utilizar el termino "mutante" en sus productos de cine o TV, a dejar de lado a los 4 Fantásticos en sus publicaciones impresas, la lógica indica que no quieren engordarle la vaca a las compañías rivales.

En medio de este panorama, con los Estudios Marvel cumpliendo el rol del instaurador de las "buenas formas" popularmente adaptadas sobre el género y abriendo las puertas a la inclusión de nuevos modos de complementar el cine de acción con elementos de humor, podría decirse que Deadpool es en parte deudora de un film como Ant-man, que supo integrar la formula clásica de una historia de origen de superhéroe con un ritmo fresco, comandada por un conglomerado de guionistas estelares (Adam Mckay, Edgar Wright, Paul Rudd, Joe Cornish) inyectándole chistes a la trama.

Aun así, explicar el fenómeno de Deadpool simplemente como "la apuesta segura a una comedia con superhéroes post Ant-Man" no le hace justicia al tono ni las circunstancias del film. Existen otras formas de leer la aparición de Deadpool en medio de esta coyuntura: puede entenderse como el primer caso triunfal de un estudio “recreando” la receta de Estudios Marvel (al punto tal de que gran parte de la audiencia del film asumió que debía tratarse de una película de Marvel y no de Fox), pero resulta más tentador entender las circunstancias de su gestación y la potencia del vehículo pensando en un hombre que es al mismo tiempo el productor detrás del film, el actor que da vida al personaje y, más importante aun, una figura que encierra en sí misma todas las vicisitudes de la industria y el género.

La redención de Reynolds

Si había un tipo que estaba llamado a ser el actor ideal para encarnar a Deadpool, era Ryan Reynolds. No solo por sus capacidades actorales (las cuales estoy dispuesto a defender a capa y espada) sino por sus experiencias previas usando spandex en películas. ¿Quién mejor para burlarse del paupérrimo retrato de Deadpool en la olvidable película Wolverine que el mismo actor que lo interpretó? (¡encima sin la máscara y carilindo!). Para Reynolds, Deadpool parece encarnar una revancha personal luego de fracasar en intentos pasados de establecerse en películas similares, principalmente en el que puede ser una de las peores películas del género en los últimos 20 años.

Reynolds protagonizo en 2011 Linterna Verde, en lo que intentó ser un acercamiento al formato descontracturado de Iron Man 1 y 2 (de estudios Marvel, ambas dirigidas por Jon Favreau) por parte del estudio Warner. Esto significaba un intento de salir de la formula “clásica” de Films superheroicos de acción por parte del universo DC y el resultado fue peor de lo que uno podía imaginarse. Entre un villano mal aprovechado, tibios intentos de crear un protagonista jocoso (a-la-Tony-Stark), un presupuesto elevado en efectos especiales mal utilizados (la película costó 200 millones) y un fracaso juzgado por la taquilla (recaudaron 220) lograron hacer una película que, de tan insípida y olvidable terminó enterrada en el fango de la historia.

La cura fue peor que la enfermedad; hasta el día de la fecha Warner no volvió a hacer una película que intente salirse de su canon Grim Dark/Destrucción de ciudades/ni un chiste por asomo, y todo indica que hasta el 2018 (cuando en teoría saldrá un film de Flash escrito por la dupla de Lego Movie) no sucederá.

Con esta lección en su espalda, Reynolds actuó como un viejo zorro en matorrales conocidos. Arrancó con el pie derecho, filtrando una escena de la película que logró generar el Hype suficiente para que el estudio Fox se jugara a darle luz verde al proyecto. Con los hombres de traje convencidos y contentos, Reynolds prosiguió la caravana de prensa en su doble rol de actor y productor, haciendo que el ahora típico casette del actor del momento haciendo un superhéroe ("soy un gran fanático del personaje") cobre una dimensión mas personal.

Pero su decisión mas acertada fue la de canalizar esta tensión acumulada de la industria a través de la carta blanca que le daba un personaje políticamente incorrecto para vomitar prejuicios y verdades dolorosas sobre el medio y su público hacia la cuarta pared. Son múltiples las puñaladas que Deadpool propina a las adaptaciones de Fox de los X-men, al presupuesto destinado a la película y a los fracasos actorales de Reynolds, quien se anima hasta a jugar con su doble rol de sex symbol y comediante amateur.

Quedará saber si Deadpool se ubica en el legado de la historia como un peldaño más hacia la aparente sofisticación del género hacia otros margenes, o si será olvidada con el paso de los años como un rapto de la atención del publico. Remitiéndose al producto en sí, demostró ser merecedor de su naturaleza llamativa proporcionando una batería de gags de principio a fin, en ese filo del humor Rated R que a veces es más apto para un adolescente entre los 12 y los 15 descubriendo el onanismo por vez primera que para un "adulto", pero en un momento donde el público masivo ya puede considerarse inmerso en el cine de superhéroes y sus lógicas de consumo, Deadpool parece ser la película que se merecen (y la que querían también).