/ Ensayo

Del barrio a la pantalla: el héroe de la cumbia

Encabezando la lista de popularidad en Google Play Store, The Cumbia Hero es un juego que apuesta a trasladar el clásico concepto del Guitar Hero al terreno de la cumbia. Pero este éxito no sólo se expresa en tener más de un millón de descargas, sino en la comunidad que se creó, condensada en grupos de WhatsApp. Con una mirada sociológica, podemos ver el punto en el que jugar un juego de celulares se convierte en una auténtica experiencia de vida que trasciende sus límites.

Son las 18.30 y estoy saliendo de la oficina. Mecánicamente, meto las manos en los bolsillos. De uno saco el atado de cigarrillos, del otro, el celular. Mientras hago malabares con una mano para abrir el atado, sacar un pucho y prenderlo, con la otra desbloqueo el teléfono. El logo de WhatsApp en la parte superior de la pantalla me anuncia que tengo mensajes sin leer. Sabiendo lo que se viene, despliego la barra de notificaciones: 585 mensajes nuevos del grupo “The Cumbia Hero - Oficial”. Quinientos ochenta y cinco mensajes. De un solo grupo.

Casi cualquiera omitiría ese vagón de mensajes y elegiría no perder el tiempo en leer -y escuchar, porque abundan los audios- toda esa caterva de contenido proveniente de completos desconocidos, pero al mismo tiempo que enfilo por calle Perú para el lado de estación Catedral del subte D, yo abro el chat y empiezo desde donde me quedé. Mientras esquivo a la gente del Microcentro me sumerjo en secuencias de pleitos, algún que otro nuevo romance virtual, videos graciosos, memes varios, canciones que alguien pidió y otro mandó. Bajo las escaleras del subte mirando de reojo, imposible ponerme a tiro rápido con la conversación grupal.

Los mensajes para colmo no paran de entrar: ahora, al parecer (tuve que pispear los últimos como quien se adelanta hasta el final del capítulo de una novela, ansioso por conocer el desenlace) está sucediendo una competencia de freestyle. ¿Cómo funciona este género del rap en la virtualidad? Dos chicos de 12 y 14 años se disputan el honor rimando con las palabras que los demás les van tirando, con sorpresiva destreza lírica. Me engancho con la secuencia, y advierto que el tono de las intervenciones va subiendo, con insultos que segundo a segundo se van tornando un poquito más agraviantes. Cuando se empieza a involucrar a la madre de uno y a la hermana del otro, decido intervenir: “Chicos, buenísima la competencia pero bajemos el nivel de agresividad por favor”. Aparecen emojis de patrulleros, muchos ríen. Soy la administradora del grupo de The Cumbia Hero, y todo poder conlleva una gran responsabilidad. Finalmente esta riña, como tantas otras diferencias, se dirimirá en un duelo de Cumbia Hero.

Lucas, de zona sur del Gran Buenos Aires: Acá llegó el más pillo de toda la vagancia.
Manuel, desde México DF: ¿El qué?
Lucas: Mexicano, vos no entendés nada. El más pillo, el más piola.
Manuel: No tengo idea de qué es eso, pero te reto a un duelo y ahí se termina la historia.

Del mismo modo se dirimen disputas amorosas o competencias de popularidad: al ganador de un duelo no se le discute.

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Touchscreeneá una cumbia

Si bien cuenta con buen desarrollo, un amplio menú de canciones (93 “enganchados” que recorren todo el espectro cumbiero) y una interfaz amigable, el juego -disponible sólo para Android- no propone nada novedoso: es una réplica del archiconocido Guitar Hero, jugado por miles y miles desde hace años en la mayoría de las plataformas ya existentes.

¿Qué es lo que le da el toque particular? La respuesta es tan obvia como certera: la cumbia. Víctor Belluccini es el desarrollador del juego y dueño de LuxeTecnoGames, empresa con la que ya se había aventurado en terrenos cumbieros: “Había hecho el Güiro Cumbia que en dos meses tuvo como 150 mil descargas, por lo cual me di cuenta de que la cumbia era muy viral. Pero como el juego era medio simple -era malo-, vos jugabas un ratito y lo borrabas, con lo que necesitaba hacer algo que permaneciera instalado y que la gente jugara por más tiempo. Yo ya venía probando a modo de desafío a ver si me salía imitar el Guitar Hero, y ahí me dije ‘¿y si lo hago de cumbia, ya que este juego tuvo éxito?’ Y entonces salió el Cumbia Hero”.

El juego contabiliza más de un millón de descargas y llegó a estar #1 en el ranking de Principales Juegos Gratuitos de Google Play, éxito que de tan sostenido lo mantiene en la actualidad firme en el segundo puesto. “A los primeros días que se había publicado, que empezó a tener unas 100 o 200 descargas dije ‘esto, cuando se conozca un poquito, se desparrama enseguida’. Y así fue. De repente, dos de cada tres personas lo compartían, que es un número enorme, y entonces se compartió como dos mil veces de arranque, y eso hizo una publicidad que no se consigue en ningún otro lado, que es la más eficiente. Básicamente pegó gracias a eso, el juego tuvo éxito gracias a la viralización de los usuarios”.

La importancia de la cumbia en la popularidad es tan evidente que Víctor hace una cruda comparación: “Recientemente lancé un juego que se llama The Music Hero, idéntico al otro pero que no es de cumbia. Y ese está pegando lindo, pero no con la potencia que pegó el Cumbia. Se ve que la música mueve mucha gente, pero la cumbia es lo más viral. No sé qué es lo que lo provoca, pero el hecho de que sea cumbia le da definitivamente más potencia”.

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Por las líneas de la ventana del grupo de Cumbia Hero pasa toda serie de episodios y emociones. Se mezclan jergas y retóricas que difícilmente pudieran coexistir en otros ámbitos. Hay gente de variados países que muestra sus ciudades en fotos. Hay quienes escriben con faltas de ortografía y otros que los corrigen. Algunos mandan chistes. Hay quienes se animan a hacer música y comparten sus versiones de “los cumbiones que nos gustan a todos”. Hay quienes juran amor eterno a otros que están a cientos de kilómetros a los que nunca verán en persona. Y también hay quienes exponen su cruda realidad.
“Miren lo que pasó hoy en el barrio”, contó un día uno de los chicos, que vive en las profundidades del barrio La Estación, en Rawson, provincia de San Juan. Tras el mensaje, un video: resguardado detrás de la persiana de su casa, registró un tiroteo entre dos bandas del barrio. Riña, tiros, corridas, policía. Según comenta, la escena se repite con frecuencia. “Dicen que este es el barrio más peligroso de todo San Juan”, cuenta, y casi que se puede percibir cierto atisbo de orgullo detrás de su tecleo apretado de pibe de 14 años que ve cada día más de lo que muchos ven en toda su vida.

En otra ocasión, otra integrante del grupo pidió consejo a todos: el padre de una amiga intentó abusar de ella en reiteradas oportunidades, pero no se anima a denunciarlo. Me escribe por privado -parece que ser administradora del grupo implica oficiar de tanto en tanto de “mamá de todos”-. Le cuento sobre las denuncias en comisarías de la mujer preguntándome, con un nudo en la garganta, si esta conversación con una desconocida servirá para darle valor. Dos días después me manda un audio con voz radiante, contándome que por fin lo hizo. De fondo, se escucha cumbia.

Los contactos son volátiles, las relaciones al interior del grupo también. Pero todo eso está intervenido por la cumbia. Ningún miembro de la comunidad del juego habría llegado ahí de no ser por ese género. La cumbia se pasa, se baila, se canta, se juega; se convierte en ese significante compartido por todos, que otorga cohesión a una comunidad tan heterogénea como puede serlo la de Cumbia Hero. Si bien cada uno la vivencia a su manera, a la hora de hacer un “mano a mano” ambos contrincantes se enfrentan al mismo estímulo: jugar a ser cumbieros. Y hay algo de ese carácter de barrio, de esa sustancia identitaria de la cumbia, que inevitablemente moldea y da color a los vínculos que se generan dentro de la comunidad, otorgándole una fisionomía particular.

“Amo la cumbia, por eso me encanta el juego. Cuando juego siento que estoy tocando altos cumbiones y eso me hace feliz” relata Lucas, un jugador. Ante la consulta de “¿tendrías la misma simpatía por el juego si estuviera basado en otro ritmo musical?” la mayoría de los jugadores responde que no. La cumbia y la interactividad y sociabilidad que da el videojuego funcionan entonces como elementos aglutinadores, como símbolos compartidos que pueden trascender fronteras (tanto espaciales como de clase) y relacionar a personas que jamás se habrían conectado de otro modo.

De chetos y plebeyos

En su trabajo Música popular y resistencia: los significados del rock y la cumbia, los investigadores Pablo Alabarces, Daniel Salerno, Malvina Silba y Carolina Spataro plantean que “sólo es posible reponer un significado fuerte de lo popular leyéndolo como la dimensión de lo subalterno en la economía simbólica”; es decir, la música popular (la cumbia), tiene el poder de disputar simbólicamente espacios del campo cultural, luchando por conquistar la hegemonía, pero permaneciendo siempre asociada a ese origen subalterno que le otorga identidad. No es extraño que en fiestas de sectores de élite se baile cumbia, pero difícilmente en los barrios bajos se escuche un concierto de música de cámara o los temas electrónicos del DJ internacional del momento.

No deja de ser interesante, incluso, pensar que el acceso a los videojuegos a través de los celulares lleva la experiencia del gaming incluso a los sectores populares. Si bien es evidente que las prestaciones de un celular y una consola última generación no son las mismas, hoy en día no hace falta realizar una inversión prohibitiva para poder jugar a algo. Hay estimaciones que sugieren que para el 2020 el mobile gaming va a representar la mitad del mercado; y si consideramos que esto sólo cuenta los juegos pagos o que monetizan de alguna manera, no es descabellado pensar que una gran proporción de los poseedores de smartphones tiene al menos un juego en su dispositivo.

Pero la forma de vivenciar la cumbia no es igual en uno y otro ámbito social. La cumbia genera una identidad de exclusión que se asienta en la territorialidad de los márgenes. Las prácticas y costumbres del barrio, de la villa, cuando son estigmatizados desde el sentido común bajo la etiqueta de la otredad, se convierten en significantes cargados de un contenido de pertenencia, exaltando la “oposición a” todo aquello de lo que no se es parte. De forma descarnada, las letras de muchas de las cumbias plasman las imágenes de esa construcción colectiva: no hay lugar a eufemismos, porque en el barrio “se va de frente”.

Este proceso identitario no se verifica en los sectores socioeconómicos más altos, quienes consumen cumbia como una forma de “plebeyización” (en términos de Alabarces), una democratización simulada, una homogeneización imaginaria, que a menudo tiende a afirmar incluso las jerarquías sociales, al conducir a ciertas estereotipaciones cargadas de discriminación. Así, los integrantes de estos sectores probablemente puedan divertirse bailando y cantando cumbias (incluso cumbias villeras) en contextos de esparcimiento y diversión, podrán incluso “jugar” a ponerse en la piel de un cantante de cumbia, pero raramente llegarán a la identificación real con sus mensajes y su “estilo de vida”. Y es que con la cumbia se produce algo de eso que Guy Debord expuso en su libro La sociedad del espectáculo: hay una especie de espejismo, ficción y apariencia de ese estilo desarrapado de ritmo alegre que convoca, porque es “divertido”. Resumido en palabras de Sebastián, uno de los integrantes de la comunidad de Cumbia Hero: “Los chetos bailan cumbia en el boliche pero después salen a la calle, miran al pibe de gorrita y siguen viendo a un pibe chorro”.

“Quieren bajarme y no saben cómo hacer
porque este pibito no va a correr
me miras en la tele te quieres matar
la envidia te mata me quieren llevar...
por ser un pibito bien cumbiambero me subis a tu patrullero..
ANTI...
porque si un negro corre dicen que robó,
vamos a llevarlo preso que algo se afano..
y si un cheto lo hace ..
no, no
ese pibe no robo..”

(“Quieren bajarme” - Damas Gratis)

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Diversión versus resistencia: en algún punto, ambas constituyen formas de alejamiento de la vida cotidiana. Resistencia a la autoridad y la dominación -a veces-, pero también resistencia a dejarse caer ante la abulia que podría devenir de sus condiciones de vida: “La cumbia es tan alegre que me mantiene vivo”, dice Cristian, otro integrante del grupo. No resulta descabellado afirmar, entonces, que Cumbia Hero produce esa magia instantánea de situar por unos instantes a diferentes personas, que a menudo están paradas en contextos bien disímiles, en un mismo nivel de significación.

A quienes “palpitan la cumbia” cotidianamente, los instala en su mundo conocido, ámbito de referencia y pertenencia. Y a quienes no formamos parte de ese universo simbólico, habitar esa identidad nos permite liberar prejuicios y desandar barreras sociales. El juego de inclusión/exclusión que allí se desarrolla tiene, entonces, la riqueza de borrar por un instante la otredad: por el ratito que dure el duelo, ambos contrincantes estaremos escuchando -y seguramente tarareando- las mismas cumbias, y los dos jugaremos a hacer cumbia. Compartiremos un mismo imaginario simbólico, un universo de significantes comunes. Y, al menos por cinco minutos, los dos seremos cumbieros.

Ximena de la Fuente

Ximena de la Fuente

Socióloga, futura Magíster en Políticas Sociales (UBA) y técnica estadística. Amante del cine, la cumbia y las aventuras gráficas de los '90.

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