El año es 1996. En pleno auge de los arcades, mientras cientos de juegos pelean por hacerse con los yens del ciudadano nipón, Taito lanza el primero de una larga serie de juegos que fanatizaría a los japoneses durante muchos años: Densha de GO! (resumido, DenGo) Algo asi como “Vamos en tren!”, en cristiano.

El juego pone al jugador en el rol de un conductor de tren de varias de las líneas ferroviarias más comunes y utilizadas de Tokyo y otras urbes de Japón. Aquí no hay princesas que rescatar; nuestro enemigo es el estricto reglamento al que todo conductor de trenes japonés debe someterse: llegar a tiempo a la próxima estación, respetar las señales y límites de velocidad, mantener el confort de los pasajeros y detenerse sobre la marca en el andén. Los pasajeros en este juego funcionan como metáfora de nuestra barra de vida: Si ignoramos los límites de velocidad, si frenamos fuera de la marca o bruscamente, provocaremos el malestar en nuestros pasajeros, que no dudaran en bajarse del tren, donde imaginamos que irán directamente con el guarda de la estación a quejarse sobre nuestro desempeño.

El elemento extra de Densha de GO! está en cómo manejamos el tren: el juego viene en un gabinete especializado que tiene controles como la cabina de un tren de verdad, con una palanca aceleradora y manija de freno. Incluso viene equipado con bocina para anunciar nuestro andar a todo ser poligonal que nos crucemos. A diferencia de futuros simuladores tipo Microsoft train simulator, que cuentan con controles ultra complejos como el Raildriver, la gracia de Densha de GO está en su elegancia y simpleza arcade, solo dos palancas y un botón para sonar el claxon, lo cual lo volvería tan fácil de aprender como dificil de dominar.

El juego se volvió una sensación en su país natal y, aunque lamentablemente nunca cruzó de manera oficial las fronteras internacionales, vería incontables lanzamientos en consolas: desde su origen en los arcades, se lanzaron múltiples ediciones en Playstation 1 y 2, Sega Saturn, Dreamcast, Wii, PC y más, que obviamente contaron con versiones del famoso control adaptadas al tamaño hogareño. Las secuelas del juego agregaron nuevos recorridos y trenes para conducir, desde los tranvías de las ciudades más pequeñas al ultraveloz Shinkansen, el tren bala que cruza toda la extensión de Japón.

Para entender en qué clase de país podría volverse furor un juego sobre manejar un tren hay que analizar la relación que existe en Japón entre los trenes de pasajeros, los arcades y el fanatismo como fenómeno japonés.

Si bien el el avistaje y el viajar en trenes es una pasión friki mundial, Japón reúne todas las condiciones para fomentar el fanatismo: el tren es el medio de transporte público número uno, cuenta con una red ultra extensa que permite recorrer el país de punta a punta, un servicio impecable (en cuanto a comodidad y puntualidad) brindado con orgullo y dedicación por los conductores y personal de estación y la ultra-placentera experiencia de andar en el Shinkansen o en cualquiera de los trenes de corta distancia son motivos de sobra para enamorarse de sus trenes. No solo eso, sino que hay un gigantesco negocio que gira en torno a este fanatismo: desde trenes a escala y todo tipo de accesorios (edificios y negocios para armar tu propio diorama), pasando por DVDs de recorridos enteros filmados desde la cabina, y todo tipo de chiches como palillos en forma de shinkansen y llaveros con carteles de estación la relación de Japón con los trenes lleva más de 200 años y no da señales de disminuir.

Gameplay de la versión Densha de GO! FINAL para PS2

El nacimiento de DenGo en los arcade era algo lógico también, ya que a mediados de los años 90 podías encontrar un game center a la vuelta de cada estación de tren (probablemente al lado de algún local de ramen) lleno de salarymen o estudiantes, que antes de volver a casa se gastaban obligatoriamente algunas monedas en su sabor de fichín preferido (sea juego de peleas, navecitas, simulador de baile estilo Dance Dance Revolution y más). Densha de GO! llegó en lo que generalmente es considerado como “el principio del fin” de los arcades una época en donde las consolas muy de a poco se estaban poniendo a tiro en cuanto a calidad gráfica y jugabilidad con sus contrapartes arcade, la internet estaba recién popularizándose y con ella los cibercafés, y los celulares a duras penas mandaban mensajes de texto.

Descubrí el juego hurgando sitios de coleccionismo retro y arcade, y muchos videos de youtube. En una de estas búsquedas me topé con el show japonés GAME CENTER CX, donde un comediante llamado Shinya Arino es sometido a jugar (y terminar!) los juegos retro más difíciles, demandantes y enloquecedores. Independientemente de la dificultad de los juegos, Arino no es muy diestro jugando, lo cual hace que el programa se vuelva una especie de torture porn en donde Arino no para de sufrir. El episodio 94 de GAME CENTER CX está dedicado íntegramente al primer DenGo, para la Playstation original. Obviamente Arino sufre como nunca (las primeras versiones no eran muy beginner friendly), pero me dió el primer vistazo sobre cómo era el juego.

A pesar del alto nivel de fanatismo y la buena recepción de subsecuentes versiones, Taito lanzaría la última versión, Densha de GO! FINAL para la PS2 en 2004, poniendo como motivo principal el alto costo de desarrollo de cada juego, ya que todos los paisajes eran realizados a mano con polígonos (imagínense 50 km fielmente modelados y texturados en 3D a imagen y semejanza de lo que cualquier pasajero vería por la ventana). La última edición para arcade salió en 2001, dejando su lugar a juegos como Dance Dance Revolution y Beatmania.

11 segundos tarde y revoleando pibes

Mi primera vez jugando DenGo fue en la Nintendo DS, pero no fue muy notable. Mi segundo encuentro, sin embargo, fue mucho más memorable: había logrado finalmente viajar a Japón, la meca otaku. Estaba en Osaka, en un game center de Nipponbashi. Todavía no me recuperaba de haber visto, encuadrados en un muro arriba de un gabinete de Street Fighter IV, la firma de varios de mis jugadores pro favoritos japoneses (entre ellos Daigo “la bestia” Umehara y Tokido “the murderface”), cuando me crucé con el juego en todo su esplendor: no podía irme de ahí sin invertir unas cuantas monedas en él.

Obviamente perdí al instante, no logré llegar ni a la primera estación a tiempo (no nos olvidemos que encima de su dificultad, el juego está todo en japonés). A pesar de mi breve experiencia con el arcade, significó mucho para mi poder finalmente jugar un juego asi, de esos que jamás hubiera tenido la posibilidad de jugar, si no fuera porque recorrí medio planeta para encontrarme con esta clase de cosas que de aquel lado del mundo al día de hoy también son especies en extinción.

Al mismo tiempo, jugar Densha de GO! en mi casa implica regresar automáticamente a esas escasas semanas donde pude viajar en una de las redes de trenes más avanzadas del mundo. Al instante vuelven a mí todos los sonidos de los andenes y trenes (que son muchísimos), la adrenalina de esquivar gente buscando el andén correspondiente en Shibuya, la comodidad de viajar en el Shinkansen recorriendo medio país, mirando por la ventana paisajes bucólicos que de repente se iban urbanizando cada vez más y más a medida que el tren se acercaba a una nueva ciudad. Es obviamente una conexión muy personal, pero aun así, antes de viajar Densha de GO! representó una pequeña mirada estilizada a lo que debía ser tomarse un tren allá. Si me despierta semejantes recuerdos, es también mérito del juego por hacer una representación casi 1:1 de lo que implica tomarse uno de esos trenes.

La importancia de frenar donde indica la marca

Densha de GO! y todas sus versiones quedarán en la historia de los videojuegos como piezas arqueológicas de un subgénero con pocos exponentes, que brilló durante un tiempo gracias a su singularidad y luego se apagó cuando su artilugio dejó de ser novedad. Quedan las versiones hogareñas para cualquiera que quiera animarse a sentir en carne propia el rigor de frenar a tiempo con un tren lleno de pasajeros virtuales que esperan llegar a tiempo a destino. Por mi parte, quedará como el retrato de un viaje inolvidable.