Traduttore traditore es un proverbio italiano del cual no se tienen noticias seguras de su origen y que, de manera paradójica, ha traspasado las fronteras idiomáticas, utilizándoselo actualmente en todo otro idioma. Decimos paradójicamente pues la expresión pone de manifiesto los problemas existentes a la hora de traducir un texto entero, con todos sus componentes idiosincráticos y especificidades espacio-temporales, por parte de una persona que muchas veces conoce el idioma pero ignora el contexto de producción de dicho texto. En el límite, la expresión pone en entredicho la capacidad misma de traducir un texto, pues en el propio lenguaje van comprendidos elementos cosmovisionales de una cultura que la mayoría de las veces no tienen un equivalente en otra.

Por eso, el ejercicio de traducción puede ser pensado como una labor que aúna los procesos de "traspaso" y, al mismo tiempo, de "relectura". La traducción nos lleva, de este modo, a su vecina: la adaptación, tema que guiará nuestro artículo de hoy.

Para que se entienda; adaptar es proponer una lectura y trabajar una obra a través de ese punto de vista, para conseguir, mediante ese proceso, un nuevo producto. Toda mediación nos aleja, aunque sea en un mínimo, de la obra original. Así, Tarantino adaptó Jackie Brown hasta transformarla en un homenaje a las películas Blacksploitation que habían marcado su niñez y juventud; lo hizo Stanley Kubrick al convertir The Shining en una parábola sobre la locura (muy a contrapelo de lo que el propio Stephen King quería de su novela); y hasta lo hizo Gus Van Sant al replicar cuadro por cuadro la obra maestra Psycho y permitirnos ver que el uso del color -desde el punto de vista formal cuanto menos- provee lecturas que el original no podía. Sí, todos ellos adaptaron una obra, así como también lo hizo nuestro buen director al construir The Fantastic Mr. Fox.

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Basado en el libro homónimo de Roald Dahl (autor de Matilda y Charlie y la fábrica de Chocolate) el libro (que de alguna forma también es una reescritura de las aventuras del personaje Reynart, El zorro, protagonista de varias fábulas francesas, y del que ya he hablado anteriormente) fue tomado por el hipster más famoso de Hollywood, Wes Anderson, para ser transformado en la historia que él quiso contar.

Así, pisando terreno que, ya desde el vamos, le resulta familiar por haberlo tratado en películas como The Royal Tenembaums, Life Aquatic y, la más reciente, The Grand Budapest Hotel; Anderson se las arregla para mantener la mayor parte del plot del libro pero, como veremos, agregando dos temas que le son muy caros: el cambio y las relaciones familiares, sobre todo, aquellas de padres e hijos.

Por supuesto, tratándose de un esteta como Anderson, el modo (la forma, el formato, se entiende) en que lo hace también habrá de darnos tela para cortar a ese respecto. Teniendo en cuenta esto, habrá evidentemente dos realidades a tener en cuenta a la hora de pensar la película en su aspecto formal.

En primer lugar tenemos la evidente utilización de la técnica de stop motion para desarrollar la animación de la película. Perteneciente a la prehistoria de los efectos especiales en el cine (recordamos la animación del primer King Kong o los films de Ray Harryhausen) hoy en día, debido a su dificultad y sus costos, es solo utilizada por un puñado de autores (Tim Burton, los estudios Advark) en lugar de la mas novedosa, sencilla y barata animación en CGI.

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Son, sin embargo, los logros conseguidos en lo que se refiere a textura, profundidad de campo y cantidad de detalles que podemos lograr con este proceso los que transforman a este procedimiento, que podría ser visto como una pose o una extravagancia, en una necesidad expresiva. Como muestra tenemos los primeros planos que Anderson acomete con sus personajes, primeros planos donde cada pelo, cada bigote, cada parte del rostro de los animales se mueve con una gracia y realismo consiguiendo expresiones inconseguibles de otra forma; del mismo modo, será en la interacción entre los personajes donde podemos también sentir el verdadero peso de las "marionetas", de algo que efectivamente está ahí, que ocupa un lugar en el espacio. Y hablando de espacio, tenemos en la construcción del mismo nuestra segunda característica a tener en cuenta a la hora de pensar la película desde el punto de vista formal.

Utilizando una herramienta que ya había utilizado en su obra menos agraciada (la aún valiosa Life Aquatic), Anderson construye muchos de los escenarios de la película como si se trataran de inmensos sets interconectados entre sí, como si se tratara de una obra de teatro que podemos seguir de estancia a estancia haciendo que pueda mostrarse la simultaneidad de diversos hechos (por ejemplo en las secuencias donde Fox y su pandilla irrumpen en los galpones de sus némesis) o, directamente, hacer la transición de una escena a otra de modo que parece que la cámara se mueve junto con los personajes en travelings que pasan de sector a sector, y que, una vez más, resultan doblemente efectivos por tratarse de personajes con volumen y profundidad.

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Hablando de profundidad, será este el momento de explayarnos en torno a los nudos temáticos que construyen la espina de la trama toda y que replican temas ya tratados en otras historias de Anderson, a saber: el cambio y las relaciones entre padres e hijos.

Paradójicamente, ambos temas quedan explícitamente plasmados en una de las primeras escenas de la película, aquella donde Mrs. Fox le dice a nuestro protagonista que está embarazada, y que plantea la división que habrá de atravesar toda la película, al propio Fox y a su hijo; la tensión entre quién se es y quién se puede, se debe o se quiere ser.

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Esta tensión acompañará toda la progresión del relato, que estará estructurado de forma episódica (pero prescindiendo del narrador que sí existía en, por ejemplo, The Royal Tennenbaums). De este modo, la película se construirá a partir de pequeñas unidades de sentido que enfocan una peripecia o un conflicto determinado (como ser, la vuelta de Mr. Fox a las andadas o el asedio de su árbol por parte de los villanos de la historia) y que, entrelazadas entre sí, darán el sentido a la película en su totalidad.

Así, seremos testigos, al mismo tiempo, de dos arcos convergentes en los personajes de Mr. Fox y de su hijo Ash.

En el primero, será el personaje del título quien tendrá que vencer sus impulsos, su necesidad imperiosa de "ser un zorro" y hacer todo lo que ello conlleva en favor de crecer, de madurar, de ser quien tiene que ser para su familia.

En el otro extremo, el arco de su hijo Ash, parece avanzar en el sentido opuesto; planteando como objetivo la necesidad de ser "más como su padre", necesidad que se construye como una competición casi edípica. De este modo, la necesidad de ser menos "raro" (y aquí quisiera poder mostrarles el gesto que todos hacen cuando lo dicen en la película) se hace patente cuando la competición encarne a su padre en la figura de su primo Krisstoferson, receptáculo de todas las habilidades del anterior más la juventud, por si fuera poco.

Krisstoferson

Lo que seguirá es un proceso de aprendizaje en el cual, y a pesar de lo que podría pasar, la tensión no termina nunca de romperse sino que encontrará un punto de equilibrio intermedio entre los impulsos y las responsabilidades, entre la normalidad y la rareza (casi como la misma película).

La clave de este equilibrio -y allí radica la verdadera importancia del aprendizaje- es que la película nos mostrará la importancia de los demás: Mr. Fox estaría condenado a la muerte (y también su hijo lo estaría) si no aprendiese a conectarse con los otros animales... Si no aprendiera a pensar en términos de familia (o de comunidad) en lugar de intentar la senda del "zorro solitario".

Así, como personaje, Mr. Fox debe de aprender a aceptar a su hijo por lo que es, y este debe de aprender a dejar de alienarse obcecadamente de los demás para madurar. El cambio, en definitiva, es el de trocar el egoísmo por la solidaridad. La soledad por la compañía. Los problemas podrán ser provocados por los personajes actuando en solitario, pero la solución ha de ser, sin falla, de carácter comunal (y así lo vemos en el embate final de los villanos contra Mr. Fox y, a su vez, en el rescate de Kristofersson).

En otras palabras el ¿quién soy? que nos plantea la película devendrá producto de una construcción social más que individual; somos quien necesitamos ser para los demás, para nuestra familia, nuestros amigos o nuestra comunidad.

Así, los arcos se encontrarán en la mitad y estos, a su vez, se convertirán en metáfora en la figura del lobo que, como símbolo, nos dirá que, aprendido y todo, nunca olvidemos nuestro "salvaje animal interior" o, como mejor lo dice el propio Mr. Fox: "los animales salvajes de todos quienes lo rodean".