Siento la necesidad de aclarar que no suele gustarme el anime. No comparto el interés por lo asiático que el resto de las personas de mi edad parece experimentar, y, por lo que escucho, me estoy perdiendo de muchas historias que valen la pena. Fue una sorpresa cuando empecé a mirar un dorama (drama oriental, en este caso es uno japonés) casi como chiste, y varios capítulos más tarde estaba llorando cuando dos de los personajes se besaban en un ascensor.

Good Morning Call es uno de los nuevos Netflix Originals, una adaptación del manga del mismo nombre, que logra resolver algunos de los problemas que sufría el material original. Desaparecen las ilustraciones vacías y los personajes con brazos ridículamente largos, todo reemplazado por una telenovela con música alegre y ritmo vibrante que nos transporta a la vida de una colegiala.

La historia es realmente simple Nao Yoshikawa alquila un departamento económico en la ciudad mientras termina sus estudios. Su emoción por esta nueva independencia se complica cuando desembala las últimas cajas y descubre que hay alguien más alquilando el mismo espacio, Uehara Hisashi, uno de los tres chicos más atractivos de la escuela. La solución que encuentran es aprender a convivir hasta que puedan mudarse por separado, y, por supuesto, deben mantenerlo en secreto para que nadie se entere.

Este es el punto de partida para todos los eventos que llevan a una serie corta pero llena de confusiones y de cariño. “Pero ¿cómo?”, los escucho decir, “Si cuando se conocen se llevan a las patadas. ¿Cómo pueden construir una relación a partir de eso?” Y yo les respondo que el corazón es caprichoso, que no sigue las normas de la lógica. Nao, una chica entusiasta aunque desprolija (como vos, como yo), y Uehara, un galán callado y con disciplina, pueden parecer opuestos en un principio, pero si dos personas están dispuestas a darse una oportunidad pueden superar toda clase de problemas.

Muchos de los nudos se manifiestan de formas extrañas. Para empezar, no hay un villano, una presencia que esperamos de esta clase de formato. En un principio entran a escena un par de personajes que parecen cumplir con esta función para Nao, pero rápidamente desaparecen de la historia y nunca se los extraña. No, el conflicto aquí se construye casi exclusivamente a partir de los malos entendidos. Alguien escucha información de segunda mano y, cuando un personaje no aclara sus intenciones o no remienda alguna confusión, tiende a asumir lo peor. Y, por supuesto, nadie habla con quien debería hablar, mientras los chismes continúan recorriendo el elenco. Sonreír, angustiarse, repetir. El villano sería en este caso la falta de comunicación, tal vez lo más genuino de un ambiente adolescente.

Lo que no resulta auténtico es el trato de que se le otorga a algunos temas un poco más serios, y que el programa no está preparado para abordar. Muy temprano en la serie se menciona un intento de suicidio en el colegio y se muestra un asalto, mientras que más adelante se presenta un caso de abuso de menores. Todos episodios que quedan naturalizados, como si se tratara de algo frecuente, incuestionable, que ocurre todo el tiempo, y eso me hace temer un poco. Temo que sea una representación genuina de Japón (no, no lo creo realmente) y temo que hayan sentido la necesidad de incluir estos elementos en la trama por algún motivo que nunca queda explicado. Son pequeños momentos incómodos que dejan un cierto sabor amargo.

Pero desde su superficie es un drama que usa el amor como combustible y que intenta proponer valores constructivos: no hay que rendirse incluso cuando la situación parece ir en nuestra contra, seamos amables con quienes nos rodean, porque también son quienes nos quieren, y no existe mejor comida que una preparada por nuestras propias manos. Es difícil discutir con el amor juvenil, sobre todo cuando resulta tan inocente y tan intenso.

Algunos de los elementos presentes resuenan mucho con lo que recuerdo de mi experiencia en el secundario, en especial por los detalles, no tanto por vivir con el chico popular de la escuela. Tengo memorias concretas de darle mucha importancia a volver caminando de clase con alguien especial, o de altercados que sólo duraron medio turno pero que en su momento se sintieron eternos. Good Morning Call logra capturar lo esencial, aquella sensación de que cada día es más grande que la vida misma, que todo momento de juventud esconde la posibilidad de aventuras, y es eso lo que convierte una excursión o un almuerzo simple en una historia divertida de contar.

No es cuestión de confundirse, lejos estamos de un Shakespeare oriental. Está mal filmado (la comparación más básica es con una telenovela de Cris Morena) y su historia está plagada de los arquetipos del género. Hay un triángulo amoroso, conflictos típicos de adolescentes e incluso visitan unas aguas termales, algo ya casi obligatorio. Todo lo que podemos esperar aparece de alguna forma, con pequeñas sorpresas que lo mantienen un poco interesante. No se trata del mayor exponente dentro del medio, pero el factor que rescata todo es la actriz protagónica.

Haruka Fukuhara interpreta a Nao y se compromete con el papel, haciendo todas las muecas necesarias para que cada situación parezca una caricatura. Desde reacciones a diálogos particulares hasta comedia física que involucra al cuerpo entero, le brinda cierto encanto al programa en general, y permite que la historia muestre situaciones ridículas de forma un tanto más verosímil. Tendemos a cuestionar menos un episodio cuando encontramos que el personaje se lo toma a la ligera. Supongo que por eso aceptamos fácilmente que dos estudiantes puedan pagar un departamento tan gigantesco. Genuinamente parece sacada de un dibujo animado. Y verla llorar rompe el corazón de cualquier espectador, cosa que suma muchos puntos.

Lamentablemente, el actor que interpreta a Uehara (Shunya Shiraishi) es todo lo contrario. Callado, estoico y con cara de malo, no aporta mucho en la mayoría de los casos. Sin embargo, en los momentos clave, cuando realmente cuenta, logra sorprender con gestos o exclamaciones específicas. Tal vez sea la peor parte de la adaptación, cuando en el manga se trataba de un sujeto mucho más suelto y carismático. Es posible que haber enfocado la narración pricipalmente en la perspectiva de Nao nos lleve a perder un poco de la presencia masculina. Igual, el actor también es medio duro en entrevistas. Parece que el tipo es así y ya.

Pero el elemento que más llamó mi atención tal vez sea el de los triángulos amorosos, donde siempre hay un chico bueno y un chico malo. Al parecer, es una fórmula universal. Pero, repito, no suelo frecuentar el anime, así que por favor pongámoslo en términos que yo pueda comprender: Jean Grey está interesada en Cíclope y en Wolverine. En sus mismas palabras, “las chicas coquetean con el tipo peligroso, pero no lo traen a casa. Se casan con el bueno.” Good Morning Call incluso repite ese diálogo en cierta forma. Una noción cuestionable, aunque tradicionalmente acertada dentro de la ficción. Todos sabemos quién es el X-Men popular. Wolverine garpa más, por algún motivo.

Ahora, lo que no solemos cuestionar es la bondad de Cíclope. Nos dicen que es el bueno y hasta él mismo lo cree, pero tampoco es así de fácil. No olvidemos que estaba preparado para enterrar al Profesor X y tomar el liderazgo incluso antes de que el pelado estuviera muerto. Digo, suelen ser las personas de las que menos sospechamos, gente que acumula “karma positivo” esperando algo a cambio. Lo que trato de decir es que el chico malo es un chanta y hace muchas cosas de forma equivocada, sí, pero a veces termina siendo más honesto que la alternativa. Como yo lo veo, en Japón ocurre lo mismo. Desconfiemos de quien se cree un chico bueno, por favor. Y nunca olvidemos que “no” significa “no”.

Una tangente para otro momento, tal vez. Pero si tienen oportunidad de mirar este drama, por favor vuelvan, así me cuentan en qué vértice del triángulo se ubicaron.

Aunque algunos de los personajes secundarios no me caigan bien, tienen sus intereses propios bien definidos y los expresan de forma clara. Desde los familiares de Uehara hasta los amigos de Nao, todos están pendientes de la narración principal, pero también cuentan con sus historias propias que ocurren en paralelo. No existen momentos en que se contradigan para generar tensión de forma artificial, algo más que bienvenido, lo que lleva a un elenco bien completo. A veces son incluso más simpáticos que los mismos protagonistas.

El resultado de todo esto es una sorpresa más que agradable. Good Morning Call puede, a simple vista, parecer una oferta que se camufla entre cientas mucho más atractivas, pero es difícil que nos haga pasar un mal momento. Es decir, si yo no suelo consumir estos doramas, ni siquiera anime, y terminé mirando los 17 capítulos en una semana, algo deben haber hecho bien. No es que ahora quiera mirar más dramas orientales, sino que quiero más de ESTOS personajes. Un programa de lo más tierno.

Lo cierto es que no es para cualquiera, pero sólo hay una forma de averiguarlo. Si en los primeros 20 minutos no logró dibujarles una sonrisa enorme, quedan libres de compromiso, sin repercusiones. Esa es la mínima oportunidad que merece, sabiendo que el anzuelo ya va a estar enganchado para esa altura.

Así que consideren esta opción en Netflix, puede haber otras series mejores para mirar. Permitámonos la inmersión a un mundo donde todos los conflictos se resuelven hablando. Visitemos juntos este departamento compartido, aunque sea por un rato, y compartamos también un poco del amor de Good Morning Call.