Okey, Grace and Frankie no es una serie con la que la demográfica de esta página se va a poder identificar directamente. No tenemos 70 años, ni 40 de casados, ni hijos que ya tienen 30 y vidas hechas, pero Grace and Frankie es una comedia para no perderse.

Netflix nos tiene acostumbrados a contenido de primera, y esta vez no es distinto. Tenemos a Jane Fonda y a Lily Sheen que son dos viejas tremendas (en y fuera de la serie). Actúan de dos minas con mucha guita pero una la vive a todo lujo y la otra se la da de hippie con OSDE, que se enteran que sus maridos, socios de años, las están cagando hace dos décadas el uno con el otro. Y se quieren casar.

La pareja gay es interpretada por Sam Waterston y Martin Sheen y cada uno es, o fue, digna pareja su de ex mujer. Un abogado y un hombre muy conectado con sus sentimientos. La representación de la comunidad LGBT es adecuada, sin caer demasiado en facilidades de los estereotipos.

La serie se centra en la vida de los cuatro y sus hijos mientras ellas intentan sobrevivir a la salida del closet de sus ex-parejas. En el camino, se vuelven amigas y reencuentran su sexualidad.

Es una serie amena y ligera, que logra la comedia sin los típicos recursos de una sitcom. Tiene personajes bien redondeados y anclados a tierra y una historia sólida con un par de aristas para explorar, especialmente con los hijos de las parejas que están en el medio de resolver su vida adulta. Fue confirmada para una segunda temporada, así que si te enganchás, no vas a quedar colgado.

La recomiendo para todo aquel que le guste reír sin complejos y no le tenga miedo a: los viejos, viejos cogiendo, viejos drogándose, casamiento, hijos, rechazo, etcéteras. Incluso para aquellos de nosotros que estamos en los 20s o los 30s, tiene algo para enseñarnos.