No resulta extraño encontrar en cualquier análisis medianamente serio sobre el estado de la TV norteamericana la mención o calificación de la misma como una nueva "Edad de oro", marcada por una evidente madurez tanto en las temáticas, los personajes o la profundidad formal con la cual nuevos shows nos sorprenden por el mero hecho de existir. Algunos incluso han llegado hasta el exceso místico de decir que la Gran Novela Americana sobrevive mejor en los tubos catódicos que en el papel de los libros.

Convengamos que, en una era donde el paradigma de éxito eran las sitcoms que inundaban la pantalla (con el mascarón de proa de Friends abriendo camino) y los dramas de procedimiento brotaban como hongos (recordemos, Law and Order tanto en su versión normal como su reformulación en UVE que lleva 17 temporadas ininterrumpidas); la concreción un "pitch" de una serie sobre un Capomafia con problemas psicológicos en donde las escenas de violencia pasaban a segundo plano en contraposición del estudio de personajes en donde la tira ponía su acento (y la llamamos Los Sopranos) o, más cerca aún, el argumento sobre un tranquilo e inofensivo profesor de secundaria que se transforma en un señor de la droga en una espiral de violencia, traiciones y búsqueda de poder de proporciones shakespeareanas (Breaking Bad para quienes no lo captaron), era, cuando menos, una aspiración con pocas posibilidades de éxito.

Sin embargo sucedió y, según mi criterio, tenemos dos puntales sobre los que apoyar esta evolución.

En primer lugar, la existencia de Twin Peaks, la serie que demostró que los altos valores de producción no estaban supeditados solamente al cine y que confió en que su audiencia podía seguir el devenir de un Mc Guffin sin perder el interés hasta el final de la obra, sin importar cuánta rareza hubiera involucrada (apuesta que a David Lynch le salió a medias pero que series como Lost tomaron la posta y perfeccionaron hasta el límite del fanatismo).

En segundo lugar tenemos una razón de aspecto formal que también funciono como adalid de esta era: la masificación de medios alternativos para crear, producir y, finalmente, presentar estas series. Así, los canales de cable como HBO y distintas señales que seguían su modelo de negocio (y eso sin contar las nuevas plataformas multimedia como Amazon, Fox HD y, especialmente por su afán de presentar contenido propio, Netflix) se beneficiaron de las bondades que ofrecía el mismo (poca o nula censura, la posibilidad de contar una historia cerrada sin estar atados a una posible presión para continuarla debido a su éxito, etc.) para presentar algunos de los grandes hitos de la TV moderna.

The Wire, Boardwalk Empire, The Shield, Sons Of Anarchy, Mad Men en cuanto al drama y 30 Rock, The Office, Extras, Episodes, The Umbreakable Kimmy Schmidt en lo que a comedia de situación se refiere, son algunas de las esquirlas, de las gemas de esta maduración que llevó 20 años en rendir totalmente sus frutos. Nada de esto se hace más patente que con la serie que pretendo recomendar a todos los lectores. Una rareza, la mires por donde la mires.

Nacida de la mente de Dan Fogelman y con un score compuesto por Glen Slater y Alan Menken (al cual hay posibilidades de que conozcan como el artífice de muchas de las mejores canciones en adornar nuestra Disneyficada juventud y/o infancia) Galavant es, hablando mal y pronto, un Musical-Sátira Medieval. Así como leen, una suerte de Glee del medioevo, pero con canciones originales... Y mejor, mucho mejor.

Para que al menos tengan una idea somera de lo que podemos encontrarnos en la serie, basta con ver el número de apertura del primer capítulo, donde se presentan, de modo magistral, los conflictos, el contexto y los personajes que habrán de protagonizar una historia que, replicando los arquetipos del "Cuento de Hadas", contará con: el Héroe, Galavant, altruista y virtuoso; su acompañante, Sid, leal hasta lo indecible; su Amor, Magdalena, la inmaculada; y el terrible Rey Richard, codicioso y cobarde, que se vale de su poder y su secuaz Garreth (un urso de varios metros de altura) para conseguir lo que quiere.

Sin embargo, el comienzo de la serie ya nos encuentra con este orden ligeramente trastocado, con Galavant fuera de forma, derrotado física y emocionalmente, su escudero casi reducido a las funciones de un mozo de cuadra y sin esperanzas de reencontrarse con su amada Magdalena, presa de un rey un poco menos malvado que torpe. Este estado de cosas se comenzará a poner en crisis con la llegada de Isabela.

Mujer de armas tomar (heredera de la Mulan tardía del propio Disney) y princesa del arrasado reino de Valencia; nuestra Isabela será la mecha de la aventura debido a la cual una vez más nuestro protagonista se embarcará en una versión ligeramente excéntrica del "camino del héroe" (del cual ya hemos hablado en esta página de la mano de nuestro todopoderoso director) causada por el objetivo principal de la serie: satirizar las convenciones tanto de las aventuras de capa y espada como de los "Fairy Tales" con los que hemos crecido la mayoría de los hijos de nuestra generación.

Empezando por el hecho de que, al fin y al cabo, estamos hablando de un musical, la primera derivación importante con respecto al canon de los “Cuentos de hadas” radica en la forma y la temática de estos números; así, tendremos canciones sobre los escuderos (tema siempre olvidado en estas historias) y como la mayoría odia a sus amos, canciones sobre la situación contextual del medioevo (en donde al parecer es muy fácil morir de pestes joven y pudriéndose por dentro) y, las más evidentes de todas, canciones de amor que tornan a hablar del egoísmo, de lo feo e inadecuado que fue ese primer beso (Kiss The Girl nos dicen desde La Sirenita en adelante) hasta la imposibilidad de que ese "amor para siempre" en efecto resulte "para siempre".

Todas las canciones tendrán como misión final la hilaridad, pero gran parte de la gracia de las mismas estará en el reconocimiento del trabajo con estos códigos ya existentes y el potencial subversivo que poseen con solo cambiar unos detalles (como el receptor del mismo, por ejemplo). Esto también se hará evidente en la segunda etapa de satirización, centrada en ciertos lugares comunes "maravillosos" (o de cuentos maravillosos) que la serie dará vuelta o exacerbará al punto de la parodia en sí mismos.

Será así como nuestros héroes se la verán con "Piratas de Tierra" (sí, es exactamente lo que parece).

O monjes que han hecho un "Voto de canto" (que los hace cantar cualquier nimiedad que quieran decir).

También se encuentra el "Bosque de las coincidencias" (que se ríe de lo indecible de los deus ex machina a los cuales estas historias suelen apelar) y, para finalizar, el "Banquete" que el Rey Richard quiere hospedar y que se queda entre medio de un cortejo fúnebre y una tortura no deseada. Para finalizar, tal vez la más marcada reversión o reformulación de los tópicos o los arquetipos fantásticos se dará en los propios personajes, prototipos cuyos cambios le darán "sal" a la historia pues serán los que provean de los inesperados "twist" que la historia tendrá en reserva.

Baste decir, nos alcanzarán unas escenas con el Rey Richard, su guardaespaldas Gareth y la bella Magdalena, (de los cuales hay que destacar las excelentes actuaciones de Timothy Edmonson y Vinnie Jones) para darnos cuenta de que no todo es "como lo pintan en los cuentos" y esa distancia los hace infinitamente más interesantes.

En fin. Vean Galavant... (No digan que tiré grandes Spoilers, ¿eh?) No se van a arrepentir y, si se descubren tarareando alguna de las canciones en el colectivo: My work here is done.