Vivimos en una época donde se acuña con reiteración el término “Época dorada” para describir la oferta y calidad de la ficción televisiva Estadounidense, respirando la sospecha compartida de que la “Gran novela Norteamericana” mutó en los últimos 20 años, manifestándose en forma de guiones televisivos.

Master of None es el último eslabón de una dirección particular que fue sucediéndose hacia nuevas formas de construir un programa de humor, las cuales parecen ser ignoradas si se las compara con el mar de tinta que han recibido grandes dramas del medio como The Wire o Mad Men, por citar un par, como ejemplos de las obsesiones de un autor plasmadas en una obra (maestra).

Es muy difícil ponerse a hablar de esta nueva serie de comedia co-escrita, producida y protagonizada por Aziz Ansari, sin evitar invocar el nombre de Louis CK. Analizar su forma, método y contenido rodeando sus deudas y paralelismos con la serie Louie (de la cual no podré cansarme de recomendar cada vez que asoma el tópico “mejores series televisivas del siglo XXI”) se siente como una omisión criminal, una falta de propósito.

Seinfeld

Entendamos que el enfoque no intenta acusar plagio o rendir (demasiados) elogios, más bien se trata de registrar un estado de maduración de la comedia televisiva. Si lo que transformó a Seinfeld en una comedia de culto fue la combinación de un humor de observación agudo, que superaba los tópicos costumbristas del prime time decidiéndose a construir épicas de la nada misma y una narrativa basada en la auto-ficción de la figura del comediante-como-personaje, Louie se gestó como un proyecto donde su creador (Louis CK) pudiera volcar todas los tópicos que forman parte del universo de su retórica como comediante de Stand Up (las angustias existenciales de ser un divorciado de 40 y tantos con dos hijas, un enfoque que balancea el humanismo, la falta de fe y el absurdo sobre la condición humana) desde una espectacularización poco glamorosa de su propia vida.

En la tradición de la comedia norteamericana, específicamente en el formato Stand Up (ese ejercicio retórico del monologo de humor) la autoreferencia es un ejercicio casi ineludible en la práctica actual. El comediante tiende a revolver el cajón de su anecdotario personal y familiar, extrayendo escenas observadas o vividas en primera persona para convertirlo en un texto, el cual entra en juego con la tradición oral del discurso y los gestos del intérprete, el cuerpo en el tiempo presente. La magia del acto entra en acción cuando las impresiones subjetivas del comediante se encuentran por medio de su interpretación con las del público y –si la acción fue exitosa- impactan en la conciencia de los receptores en un acto de identificación (o reflexión) personal.

Como discurso hecho cuerpo, en sus mejores ejemplares el Stand Up deja de ser simplemente una sucesión de chistes para transformarse en una acción política, cargada de una cosmovisión particular. En la mayoría de los casos, existe una coherencia interna que se esconde detrás de una serie de reflexiones que parecen tener poco en común a simple vista, pero que usualmente sobre el final del acto revelan su hilacha.

Louie

Tanto Louis CK como Aziz Ansari no solo construyeron un discurso particular en sus shows de Stand Up, sino que lograron transportar la esencia de ese discurso a una serie de televisión, siendo ellos no solo los autores sino también los protagonistas de ese mundo, un avatar que interactúa con las eternas cuestiones de sus tópicos humorísticos. Se trata de una lógica de trabajo, una forma de concebir una serie humorística donde lo que importa justamente es lo que el autor trae a la mesa.

Luego de tener una experiencia poco feliz con el proyecto Luckie Louie, serie que fue escrita y protagonizada por el comediante para HBO con un formato rígido de Sitcom y que duró solo una temporada, Louis CK decidió jugarse un pleno y arreglar con la cadena FX para hacer una serie a su manera, pidiendo total control creativo sobre la serie a cambio de un presupuesto limitado.

Ocupando la silla del productor, guionista, actor protagónico y director, generó una combinación de drama y comedia que barajaba un registro romántico de Nueva York (en un tono bastante cercano al de Woody Allen desde la puesta en escena) con postales de la vida cotidiana de un comediante, como un Jerry Seinfeld post-crisis de los 40.

Louie Banner

En su núcleo (y en su titulo) convive una tensión que alimenta y abarca todo el universo de la serie: ¿Es anecdótico que se haya llamado Louie y no Louis como el autor? ¿Acaso esa pequeña letra diferente esta denunciando el mecanismo de la ficcionalización del personaje? Parecía existir en la serie una advertencia de la delgada línea que separa los hechos de la ficcionalización de los mismos: “Este soy yo, pero no soy yo”, problematizando la figura autobiográfica que había instaurado Jerry Seinfeld y llevándola un paso más allá.

Justamente no sólo emula la formula de Seinfeld de introducir dentro de los episodios un momento donde se ve al personaje trabajando en un club de comedia durante su monologo, sino que en sus episodios aparecen regularmente comediantes amigos de Louis CK haciendo una interpretación de ellos mismos -y en el caso particular del mismísimo Seinfeld, una aparición en un episodio como "el magnánimo comediante"-.

Así como en Louie las deudas formales a Jerry Seinfeld, George Carlin (de quien aprendió un valioso consejo) o Woody Allen no opacan ni quitan merito a una obra con un motor puramente personal y único, lo mismo ocurre con Aziz Ansari y Master of None: la subjetividad del autor tiñe completamente a la historia y la vuelve algo impredecible, comandada por sus caprichos e impulsos, por momentos triviales así como personales.

¿Qué es lo que constituye el mundo alrededor de Master of None? Aziz se camufla en la piel de Dev, un aspirante a actor de cine y TV hijo de padres Indios, nacido y criado en una extensión al mundo New Yorkino de las ficciones cotidianas, especie de update geográfico de la Gran Manzana que nos muestra más de las periferias “cool” cercanas a Brooklyn más que a Manhattan.

Dinner

A lo largo de 10 episodios de media hora, de naturaleza entre autoconclusiva y serializada, vemos diferentes asuntos a través de Dev. Allí se suceden unos a otros los temores hacia la paternidad, la deuda emocional hacia los padres, las citas con extrañas gracias a Tinder, los vericuetos de ser el amante de una persona en pareja, las representaciones de las minorías étnicas y de la mujer en las ficciones televisivas y, cuando no, el amor y el miedo a crecer.

Todo este cóctel forma parte no solo del arsenal de su guión de comedia, sino que nace de observaciones personales del mismo Ansari, adaptadas a la estructura de una historia y trabajadas a la par de Alan Yang, amigo y co-escritor de la serie. Una especie de sociedad creativa similar a la de Capusotto y Saborido en la televisión Argentina, donde curiosamente en ambos casos sólo uno de ellos será representado por el mismo actor (Ansari/Capusotto) mientras la otra parte de la sociedad aparecerá tras un velo de anonimato parcial: en el caso de Alan Yang, representado por el actor Kelvin Yu. En el caso de Saborido, apareciendo en forma de voz en off.

Durante toda la serie, una constante en las locaciones donde se desarrollan los episodios son los restaurantes, bares, cafés y clubes donde solemos verlo juntarse con su grupo de amigos, un afiche deforme de Benneton: Una afroamericana maestra en la seducción de mujeres (Denise), su mejor amigo asiático y aliado emocional en los avatares de lidiar con ser un hijo de Inmigrantes (Alan, basado en el co-creador de la serie) y un hombre-niño caucásico de 2 metros bastante peculiar (Eric).

Chinese food

Una de las misiones en la vida de Dev es encontrar donde se consigue el mejor plato del manjar de turno o donde se toma el cóctel perfecto. Síntoma de los tiempos corrientes, su condición de Foodie (sibarita del buen comer, hipster del acto de degustar) lo arroja a la búsqueda constante de encontrar el placer del paladar, con la ayuda de Yelp y el snobismo que apareja el creerse connoseur de diversos sabores.

Esta obsesión parece ser la punta del iceberg de un fenómeno mas complejo: Dev encarna el imaginario de un segmento generacional que parece estar en la grieta que divide las placas tectónicas de dos diferentes identificaciones generacionales: demasiado viejo para ser un Millennial, pero a su vez demasiado sofisticado y centrado en si mismo para formar parte de la Generación X. Como buen comediante, Ansari (confeso amante del buen comer) sabe supurar sus aristas mas egocéntricas a través de Dev.

En su esencia mas pura, Dev es un treintañero dubitativo, constantemente interesado en las opiniones de sus amigos sobre cual es el curso de acción en una cita mientras consulta en internet a donde vale la pena ir a comer su próximo antojo. Este estado se conjuga con otra de sus cualidades, que da el tono de la serie: El personaje que interpreta Ansari es uno con cuestionamientos constantes sobre si mismo y su entorno, pero que no termina de caer en una acusación de los males que lo quejan con un aire de pesadumbre.

Gracias a esto, Master of None es capaz de abordar asuntos que tocan de cerca al autor (y por ende al personaje) con un cierto desapego emocional y una mesurada carga dramática conjugada con una obvia dosis de humor. Esto permite arrojar luz sobre asuntos que suelen tener un tratamiento complejo, por no decir solemne en las ficciones, si es que siquiera se mencionan.

Un tópico común en los monólogos de Ansari suele ser el tratamiento de los estereotipos de las minorías en los medios de comunicación Norteamericanos. Su presencia en el escenario/los episodios parece diseñada para combatir todos los prejuicios o lugares comunes que se le han adjudicado a un Indio en Hollywood. Nacido en Carolina del Norte, su forma de hablar y sus gestos construyen un anti-estereotipo: Parece mas bien ser el estereotipo del chico blanco de los suburbios, que maneja un léxico en contacto con la cultura afro-americana del Rap y el Hip Hop, atrapado en el cuerpo de un Hindú.

Desde esta personificación, intenta desafiar la noción de los estereotipos marcados en las ficciones, permitiendo al publico reírse con el/de el, mientras nadie parece salir lastimado. Dev no consigue un papel porque se niega a ceder a "hacer el acento de indio" para abrochar su lugar en un programa. A buscar el mejor daiquiri de la ciudad e intentar pasar el mal trago.

Pero, mas que apuntar todos los cañones hacia la cuestión de la representación de las minorías en la televisión y el cine (cosa que casi todas las reseñas señalaron con atino y apuro), se perciben otras problemáticas interesantes a lo largo de la serie.

No sólo eso, sino que contiene en sus problemáticas un discurso coherente con su voz autoral. Aziz Ansari es un tipo capaz de transformar un chat fallido con una mujer para tener una cita en material para un show de Stand Up esa misma noche (animando a los espectadores a que compartan interacciones incomodas/malas con personas a través de Tinder o Whatsapp) y luego llevarlo al extremo de la indagación, realizando una investigación sobre las maneras en las que las personas se conocen y enamoran en el siglo XXI.

Particularmente, como una persona que comparte el rango de edad con el protagonista/comediante, encuentro sumamente interesante sus preocupaciones sobre el impacto de la tecnología en las relaciones humanas, en su dificultad al comprometerse por una elección bajo la falsa ilusión de Internet como "el lugar donde vas a encontrar la mejor opción para todo" y la carga que conlleva el saber que, aunque tengas una cantidad casi infinita de opciones, quizás no encuentres nunca aquello que estas buscando o -¡peor aún!- jamás puedas disfrutar de toda la información a tu alcance.

En esta lógica de la "comedia de autor", Master of None funciona como un prisma formado por fragmentos de experiencias, opiniones y dilemas existenciales de un comediante que vive, como los grandes del genero, retroalimentándose de su constante reflexión sobre el mundo que lo rodea para construir un modelo escala que transforma frustraciones, miedos y anhelos en situaciones incómodamente graciosas.