Existe una categorización atribuida al escritor argentino Julio Cortázar que dicta que existen dos clases de lectores ante una obra. Aquel lector al cual se refería como "Macho" y aquel lector que, de algún modo -y no sin un dejo de desprecio-, denominaba lector "Hembra".

Imbricados en su propia crítica novelística, proponer estas caracterizaciones tiene que ver con el modo en que "leemos" las obras; pensando principalmente en su máxima obra, Rayuela, también podemos leer la capacidad de identificar estos distintos tipos de lectores en otras obras que hacen de la complejidad no solo un signo, sino también una necesidad. Pensamos en el Ulises de Joyce, en El sonido y la Furia de Faulkner, pensamos, tal vez, en el canon de Puig.

Pero ¿qué es ser un lector Macho? Y, por consiguiente, ¿qué es ser un lector Hembra?

Pues bien, como ya hemos adelantado, la diferencia radica en el acercamiento de lectura que hacemos a las obras; pero dejemos que sea él quien nos explique: el Lector hembra "el tipo que no quiere problemas sino soluciones, o falsos problemas ajenos que le permitan sufrir cómodamente sentado en su sillón, sin comprometerse en el drama que también debería ser el suyo" mientras que un lector Macho "puede llegar a ser copartícipe de la experiencia por la que pasa el novelista, en el mismo momento y en la misma forma”, así, el lector macho sera quien acometerá activamente la lectura "sin red" del texto lanzandose y abrazando el caos de aquello que lee, mientras que el lector hembra dejara pasivamente que lo lleven de la mano durante la travesía. También, y complementando lo dicho anteriormente, vale la siguiente frase de Cortázar "Por lo que me toca, me pregunto si alguna vez conseguiré hacer sentir que el verdadero y único personaje que me interesa es el lector, en la medida en que algo de lo que escribo debería contribuir a mutarlo, a desplazarlo, a extrañarlo, a enajenarlo”.

Mutado, desplazado, enajenado; es en definitiva lo que quiere que sintamos Anthony Burgess al leer su, cuantas veces polémico, Naranja Mecánica.

Publicado en Inglaterra en 1962 y editado inmediatamente en USA, el libro ha sido (según el propio Burgess) malentendido desde un inicio. Malentendimiento que planeo replicar en este ensayo y que después fundamentare con razón y, con suerte, algunos argumentos. Hechas las aclaraciones pertinentes vale decir que, así como decidiremos que tipo de lectores somos a medida que avanza la trama, cualquier opción que eligiésemos no tardará en entender que el tema principal de la novela es, sin lugar a dudas; la violencia.

Este tema se presentara de varios modos diferentes a lo largo de la obra. Para muestra basta el modo en el cual esta escrita la primerísima primera frase de la novela, así cuando leemos: "Estábamos yo, Alex, y mis tres drugos, Pete, Georgie y el Lerdo (...) sentados en el bar lácteo Korova, exprimiéndonos los rasuroques..."; sabemos inmediatamente al leerla que hay una primera violencia Formal que salta a la vista, una violencia ejercida para con el idioma. Una violencia que sirve varias funciones en la progresión del libro: en primer lugar, es una violencia estética, una violencia constitutiva del contexto sobre el cual se moverán Alex y sus amigos. A través del idioma, será constitutiva del mundo que construye Burgess y que se parece al nuestro pero deslizado levemente para extrañarlo y convertirlo en amenazante y ominoso.

Del mismo modo, esta relacionada al concepto lingüístico normativo y plantea la violencia que ejercen los jóvenes sobre el lenguaje/normal (el mas aceptado, no por ello mejor) en un acto que es común en todas las sociedades pero siempre se ve, o es considerado como peligroso por aquellos que pretenden ser los "Protectores" de la pureza del mismo. Así, para estas personas, el uso, abuso y apropiación lingüística que hacen los jóvenes del lenguaje, transformando en Argot (en slang) es peligroso y prueba de algún tipo de desintegración (moral o ética) del tejido social, como una suerte de síntoma (y en el libro esto esta propuesto de este modo) de un malestar que va mas allá y transforma a la sociedad en esta suerte de utopía negativa donde los jóvenes violentos se mueven en pandilla peleando por territorio, por influencia o por puro deporte.

Lo que nos lleva a la segunda de las manifestaciones de la violencia, ya no formal sino eminentemente temática que estructura y compone la línea general del texto. En primer lugar aparece la figura de la violencia juvenil. Escrito durante una época en la cual los ataques de pandillas sobre Londres y otras ciudades importantes se habían vuelto una preocupación general, seria naive explicar la violencia juvenil dentro del libro solo como una reacción al contexto de publicación de la obra. Centrada en la figura de Alex, el sociópata protagonista de la novela, las razones que esgrime (o pone en juego) el mismo para ejercer la violencia tienen que ver con dos realidades fundamentales, el aburrimiento y la búsqueda de una suerte de escape. Para ver como funciona el aburrimiento como motivador de las actividades de Alex basta leer los episodios de las palizas al vago y el enfrentamiento contra las pandillas rivales.

Más interesante, sin embargo, es el concepto de válvula de escape que el propio Alex tiene de la violencia que el y sus Drugos son capaces de ejercer y que; sin demasiado insight, se puede leer como una suerte de actividad casi contracultural, o de resistencia (Al mundo... a la forma del mundo) para ser más exactos.

Visto de este modo; su praxis criminal esta destinada a contraponerse a las vidas de aquellos que están dormidos; los burgueses o pequeños burgueses que se sedan con la TV y sus monótonas y grises vidas. Al contrario de ellos, la masa adormecida y blanda, Alex vive su vida y deja salir sus impulsos a gusto y piaccere, como una conducta que solo responde al Ego de su personalidad, a lo que quiere o desea en ese momento sin pensar mucho en consecuencias. Es ahí donde empieza el verdadero problema pues, una vez atrapado Alex por sus correrías se enfrentará a la peor de las violencias retratadas en la novela. La violencia del estado o la violencia institucional.

Sabemos que "Quien tiene el control e la violencia institucional tiene una responsabilidad para con su uso infinitamente mayor que aquellos que no."En la novela, esta violencia se expresara en los episodios del internado y, sobre todo, en los episodios correspondientes a la "rehabilitación" a la que Alex se somete con la esperanza de salir antes. Conjurando una violencia de carácter físico, pero sobre todo psicológico, el tratamiento de Alex tiene -paradójicamente- el objetivo de eliminar los impulsos violentos del sujeto a través de una terapia de aversión, que provoca una violenta intervención en su psiquis.

Mas famosa por la escena de la película que por el libro en si, el tratamiento, que se asemeja mas a una tortura que a otra cosa; amordaza, constriñe todas las pulsiones de Alex (violentas, sexuales, etc) hasta el punto de convertirlo en un guiñapo humano que será lanzado de nuevo a un mundo que no ha cambiado como el... Echado a un mundo donde la "Ultraviolencia" sigue siendo parte de la sociedad y donde sus nuevas "Restricciones" son casi una sentencia de muerte. De hecho, la violencia juvenil y la violencia estatal, parecen darse la mano en la forma de dos ex Drugos de Alex, quienes han pasado de manifestarla en los espacios urbanos como pandilleros, a hacerlo amparados por la ley y el estado, como policías. La violencia se vuelve inescapable desde el punto en que intentamos el cambio por medios igualmente violentos.

En el final, tal vez la clave de lectura de esta hipotesis radique en el personaje del párroco que oficia de mentor (en algunos aspectos) de Alex y quien, aun sabiendo los crímenes cometidos por el joven, sus tropelías y contravenciones, opina que "el tratamiento" y la aplicación de esta tortura psicológica, son reprobables (e inutiles) desde el momento en que no están ideadas para conseguir un verdadero cambio en el hombre.

Un real arrepentimiento.

Y es por eso que nos preguntamos: ¿la violencia está imbricada en el ser humano? ¿Somos capaces de escapar a nuestros impulsos más básicos? ¿Tenemos derecho (o el Estado tiene) a reescribir quién somos a la fuerza, con todo lo que ello conlleva?

Bueno, hay dos respuestas a estas preguntas; la del libro, la del propio Burguess, expresada en el capítulo 21 del la novela. O, tal vez más de acuerdo con las sensibilidades modernas, la respuesta se encuentre en esos ojos maniáticamente abiertos de Malcolm Mc Dowell, habiendo vencido al sistema y con solo el futuro rojo de la violencia por venir.

Como he dicho más arriba, prefiero la lectura que malentiende el libro, aquella que ransforma la historia en una fuerte y profunda metáfora sobre la relación del ser humano con sus impulsos violentos, a leerlo como una débil alegoría de la madurez personal.

Pero como decian Las manos magicas, el resto depende de Ud.