/ Columna

La mano de Dios

El proceso detrás del diseño de un videojuego involucra reflexionar sobre lo que hace posible la interacción entre un jugador y el juego en cuestión. En su primera columna, el reconocido desarrollador Daniel Benmergui devela de qué se tratan las reglas y las dinámicas y qué dice esto sobre la capacidad humana de creación y reinvención.

Este es el primer artículo en forma de columna que escribo en mi vida. Dado que hace quince años que diseño videojuegos y cuarenta que logro mantenerme vivo, es un evento importante, al menos para mí. Entonces no puede tratarse de algo menos que el universo, la naturaleza humana o quién escribe realmente los videojuegos.

Por suerte, todas esas cosas están relacionadas y todo empieza con una pregunta: ¿quién inventó el ajedrez?

Cuando la formulo en charlas, la respuesta más común es que fue algún indio o chino en el año 500. Esta respuesta y todas sus variantes están equivocadas porque la pregunta tiene una trampa sutil que vamos a intentar desarmar.

Antes que nada, por definición, todos los juegos tienen reglas, así sean mínimas o flexibles. Son las que van en el dorso de la tapa de un juego de mesa, las que nos explican con exasperación cuando aprendemos a jugar al truco[1] o, en el caso de videojuegos, lo que fue programado en una computadora para ser cumplido a rajatabla[2]. Una regla puede ser “un peón sólo puede comer en diagonal”, “los jugadores de truco pueden comunicarse usando señas permitidas”, “en Tetris, una fila que se completa desaparece del tablero”.

Estas reglas son las que escribimos los diseñadores de juegos y las que futuros jugadores tienen que aprender para poder jugar[3]. Si hacer juegos fuese como pintar un cuadro, las reglas son nuestro pincel. Pero nuestra mano llega hasta ahí, porque lo que viene después es mágico.

Aparte de las reglas, existe otro concepto que en juegos solemos llamar dinámicas[4], que nacen a partir de las reglas y son la verdadera esencia de un juego. “Un peón sólo puede comer en diagonal” es una regla, pero ponerle un alfil adelante para inmovilizarlo es una dinámica; “en el truco se permite hablar” es una regla, pero usarla para mentir es una dinámica; “en Tetris, se puede ver cuál pieza va a caer después” es una regla, pero preparar un hueco para ubicar esa pieza es una dinámica. Todas estas dinámicas no son reglas, pero sólo pueden existir gracias a que las reglas las permiten.

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Volviendo al ajedrez: si suponemos que fue un indio el que escribió las reglas, ¿también escribió las miles de aperturas que existen, las decenas de gambitos famosos, todos los posibles partidos de ajedrez? ¡Claro que no! Porque estas cosas son dinámicas, consecuencia de las reglas del juego. Como diseñador, el indio no pudo haber creado todo esto. Los diseñadores sólo podemos manosear reglas y rogar que permitan dinámicas interesantes. Pero entonces, ¿quién inventa la dinámica de un juego?

En este punto nos ponemos esotéricos, porque la respuesta es lo que involucra algo de magia: nadie inventó las dinámicas del ajedrez o el truco o el Tetris. Siempre existieron, desde el instante en que empezó a existir nuestro universo. Como nadie sabe qué pasó en ese momento[5], tampoco sabemos quién hizo posible todos nuestros juegos. Sólo sabemos que entre los pliegues de la realidad, invisibles, hay infinitos juegos de mesa, de cartas y videojuegos que podrían existir, y sólo necesitan que alguien los descubra, usando en lugar de telescopios o microscopios, un conjunto de reglas que los haga perceptibles a otros seres humanos.

Esto significa que los que hacemos juegos tenemos un escritor fantasma formidable, más antiguo que el tiempo, infinitamente generoso y omnipresente. Más que pintores somos fotógrafos: encuadramos una belleza que ya existe. Más que escultores somos exploradores que encuentran rocas con formas humanas. Somos arqueólogos que usamos reglas como instrumentos y buscamos un tesoro de dinámicas para traer a la civilización, para que sean colosos culturales como el fútbol[6], una excusa para juntar amigos como el TEG o el FIFA, o disfrutar un rato solos explorando mundos ficticios.

Entonces ¿quién inventó el ajedrez? Probablemente algunos de ustedes ya notaron el problema: nadie inventa los juegos, sólo podemos encontrarlos y enmarcarlos. Pero no le quitemos mérito al indio o el chino del año 500: ¡qué pérdida sería que no lo hubiese descubierto!

La yapa

Voy a intentar, en cada ocasión, dejar un juego interesante que sea gratis y tenga algo especial. En esta ocasión, les dejo Traé el cubito de hielo al objetivo sin que se derrita, de Stephen Lavelle, un creador independiente muy prolífico, y uno de los diseñadores de videojuegos más virtuosos que existen.

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  1. El que haya ideado o avalado la escala de valores de las cartas de truco es un ejemplo de naturaleza humana: el as de oro es menor que el siete; un tres vale muchísimo más que un 4. Sin embargo, esta excentricidad es parte de la belleza del truco y una pista para los neófitos de que las cosas van a ser más complicadas de lo que parece. ↩︎

  2. Si estoy jugando al fútbol, nada impide que tire la pelota al techo del vecino para suspender un partido que no está yendo como quiero. En un videojuego de fútbol ni siquiera existe un techo del vecino donde colgar la pelota. La realidad física es mucho más flexible que una realidad computada. ↩︎

  3. Seguramente notaron que es casi imposible comprender un juego sólo leyendo las instrucciones. Existe una explicación interesante para este fenómeno, pero lo dejo para otra columna. ↩︎

  4. Me disculpo en nombre de todo mi oficio por no tener una palabra más específica ni una definición más escueta. ↩︎

  5. Las condiciones en ese instante fueron tan extremas que rompen las leyes físicas que aceptamos hoy en día. Ese momento de nuestra historia es un verdadero misterio. ↩︎

  6. El fútbol tiene dinámicas muy interesantes: las formaciones, la marca, o bueno, tirarse al piso para simular una falta. ↩︎

Daniel Benmergui

Daniel Benmergui

Desarrollador independiente y game designer. Entre sus obras se encuentran Fidel Dungeon Rescue, Today I Die y Ernesto, entre otros.

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