La tradición de la sátira es casi tan vieja como la historia de la cultura (escrita, cuando menos) humana y hemos tenido prueba de esto desde las primeras obras que llegan a nuestras manos. Presente en la tradición de la dramaturgia, no es extraño que debido a su propia genealogía e importancia, los símbolos del teatro universalmente aceptados sean el de la máscara que, adusta al punto del llanto, nos remite a la tragedia mientras en tumultuosa y simbiótica relación, su contratara jocosa y risueña funcione como símbolo de la comedia.

Refinando la puntería, o el volumen cuantitativo propio de las obras, será la antigua Roma aquel punto focal donde podremos ver como autores encumbrados (y algunos otros, directamente especializados) no parecían poder resistirse a la tentación de satirizar diversas etapas o aspectos de la sociedad en la cual estaban imbuidos: Desde los cuernos que el pescadero se ganaba por la lascivia de su joven esposa, los enredos clásicos del padre cuidando (o tratando de cuidar) la virtud de sus hijas frente al mundo, hasta poner a los filósofos y pensadores en la picota del escrutinio satírico.

Todo eso, claro está, sin dejar de lado a las castas dominantes, con críticas que, muchas veces veladas, no hacían mas que poner en tela de juicio la opinión de la mayoría en diversos aspectos. Dando el primer paso, siendo los mas vetustos ejemplares de lo que en un futuro daríamos en llamar sátira. O mas acertadamente, humor político.

Para acercarnos al tema que nos ocupa, es necesario definir que entendemos por Sátira. En primer lugar diremos que es mucho mas que la simple burla. La sátira es, en primer lugar, una hipertrofia de lectura. Dicho de otro modo, la sátira es la concreción de un punto de vista, un enfoque que repiensa diversos temas hasta el punto de llevarlos hasta el borde de la significación, al paroxismo absoluto donde se vuelven monstruosos, absurdos e imposibles; dejando su carácter paradójico expuesto al punto de la carcajada (o el llanto).

Así, como los filósofos que se empeñan en buscar a las etéreas ideas en el aire mas elevado pues, obviamente, estas deben de pesar menos que las ideas mundanas y se permiten volar entre "Las nubes" de Aristofanes, escritores y pensadores como Johnatan Swift, Mark Twain o Erasmo de Rotterdam, resultarían alumnos adelantados de esta escuela de critica social y política que replicaría reverberante sobre todos los rincones del mundo.

En argentina, país con una tradición satírica difícil de igualar, encontrarían sus exponentes en fenómenos como la revista Caras y Caretas, algunas aguafuertes del mismísimo Roberto Arlt, programas de TV como mesa de noticias o, el santo patrono del humor político Argentino; el gran Mauricio Borenztein... O Tato para los amigos.

El procer del humor politico en suelo Argentino

En esa línea que atraviesa países, idiomas, costumbres y contextos, John Oliver será un claro seguidor, continuador y representante de esta genealogía. Hijo adelantado de una reciente (pero poderosa) corriente televisiva, donde las noticias no solo valen por si mismas sino que están profundamente imbricadas con el modo de decirlas (apelando a la comicidad, se entiende).

Empezando la practica en las pantallas Norteamericanas como alumno del semillero de The Daily Show de Jon Stewart (que también nos obsequio otro regalo de anfitrión en la figura del talentoso Stephen Colbert), no es de extrañar que John Oliver tome muchas de las lecciones aprendidas de su anterior programa para construir el espacio que ahora le pertenece (ya sea que lo vean en vivo o en los vídeos subidos a la propia página del programa gracias a la providencia), pero sería incorrecto pensar que los formatos son calcados pues tendrán diferencias evidentes.

Tal vez la mas evidente de las mismas sea que; al contrario del programa de Stewart, Last Week Tonight, a pesar de lo que el nombre nos pueda llevar a creer, no se estructura como un resumen de las noticias semanales dedicando a cada novedad una determinada cantidad de tiempo, para después pasar a otra, destacando algunas por sobre las otras y teniendo hasta segmentos de opinión (una suerte de Weekend Update de Saturday Night Live pero extendido para durar una hora).

En su lugar lo que tendrá el programa de Oliver es un Tema (los concursos de belleza, la corrupción de la FIFA -antes del FIFAgate!- o el fenómeno de los televangelistas, etc) único y coyuntural sobre el cual se presentara un informe de duración variable en donde se mezclara, en la figura del propio Oliver, el comentario, el análisis y la propia reflexión de lo mostrado, tratando siempre de arrancar la carcajada del televidente.

El maestro hostigando al alumno Oliver

Para esto, Oliver (así como hizo Stewart antes que el) habrá de usar sus no pocas herramientas adquiridas en el afán de hacernos reír mientras pensamos un poco mas sobre el mundo que nos rodea, o al menos un aspecto del mismo: Metáforas, comparaciones, búsqueda exhaustiva en archivos y hasta cierto histrionismo que puede derivar tanto en la referencia erudita hasta aquella que casi podemos leer como una suerte de slapstick verbal, son parte de la urdiembre casual de cada programa, donde un aceitadísimo anfitrión manejará los tiempos, las relaciones y el flujo de la información por venir.

Sin embargo, una de sus estrategias favoritas (heredada de su estadía en el programa ya mencionado) será la de sacar "Chapa de Ingles", es decir, proponer su visión como extranjero, como aquel que puede notar los huecos de la temática que esta tratando (del mundo en donde se mueve, podríamos decir) simplemente por el hecho de ser un "Transplantado" en otra cultura que, a pesar de compartir un pasado común con "La Colonia", también tiene vastas diferencias con la misma (la fascinación de los USA con las armas por poner un simple ejemplo).

Si algo hemos de admirar de su programa (y una vez mas, del Daily Show, su predecesor) es que se trata de programas que desnudan el modo de contar las noticias allá en el gran país del Norte al aceptar que, evidente y ostensiblemente, tienen una agenda política. Como Stewart antes que él, Oliver tiene un objetivo que no se molesta en ocultar.

Así, mientras la CNN, Fox News y tantos otros tienen el tupé de venderse como serios, ecuánimes y libres de cualquier valoración o juicio personal; Last Week Tonight no tiene miedo en poner el dedo en la llaga, mojandolo en la sal de la propia opinión del presentador. Es decir. No tienen miedo en mostrar una Agenda, una tarea que dará sentido a las cosas que se dicen y, más importante, a las cosas que ocurren.

En ningún momento se hace (o se hizo) mas evidente esto que en los últimos programas donde, planteándose casi como una contra-campaña, el programa tiene todos sus dardos satíricos apuntados hacia (o contra) la campaña de Donald Trump en las primarias rumbo a la elección del candidato presidencial republicano para las elecciones presidenciales del corriente año.

Casi una caricatura en si mismo, o un regalo al propio programa, Oliver utiliza la versión mas pura de la Sátira (aquella que mencionamos ya mas arriba) para mostrar que Trump es una parodia de un candidato, llegando al limite de proponer que Trump es casi una parodia de si mismo sin mas armas que sus declaraciones y un poco de reflexión e ingenio inglés. Para decirlo de otro modo; Basta una simple lectura del fenómeno Trump para que le veamos las hilachas.

Así, poniendo en boca de todos un debate que existió hace relativamente poco en la Argentina ("¿Existe la neutralidad periodística?" Periodistas inocuos contra periodistas militantes..¿Les suena de algún lado?) Oliver toma una posición mas que evidente para cualquiera que vea sus intervenciones con un mínimo de atención. Una opinión que no por ser poco entendida (o, mas que nada, vapuleada) deja de decir lo mucho que debemos valorar que lo haga sin pedir ni permiso, ni perdón.

Como para muestra, un tiempo atrás se había planteado que los jóvenes preferían informarse con un programa de comedia antes que con los canales y agencias habituales. Dicho de otro modo, los jóvenes tenían mas confianza en un programa de la misma cadena que South Park (Comedy Central) que las de la prestigiosa CNN. Eso sería el equivalente a decir que nosotros nos informamos políticamente mirando “Cocineros Argentinos” antes que un programa como “Los Leuco”. La valoración de esta relación quedará a cargo de cada uno.

Y será aquí el momento donde tendremos que apreciar el genio de esta nueva generación de "comediantes/periodistas" que no solo informan, no solo tiñen esa información con su propia valoración del mundo, sino que también pueden provocar risas en el auditorio. Pero recordemos, la risa de la sátira nunca es tonta, sino que muchas veces esconde el llanto por venir.