Estaría dispuesto a apostar que, si pronunciara la expresión "detective privado", lo más probable es que, dentro de sus mentes, dos figuras aparecieran configurando el sentido de la misma. En una, veremos a un hombre alto y adusto con el rostro pensativo. Tal vez sentado en un sillón o parado tocando un instrumento, o quizá repitiendo jugadas de ajedrez en un tablero. Sus ojos, sagaces y penetrantes, evaluando, pensando, deduciendo en base a las pistas de un asesinato o un robo qué ha ocurrido, aquello que tiene atónita e inmovilizada a la policía. Este hombre resolverá el crimen en unas pocas horas sin salir de su casa.

En la segunda figura, el hombre ya no es tan alto ni adusto sino mas bien cínico y desencantado. Ataviado con un traje debajo de una gastada gabardina, él no se encuentra en su casa sino que está tras el volante de un derruido pero funcional Buick, pues las pistas no vienen a él, sino que deberá salir a buscarlas en una ciudad que le fascina y detesta por igual. Él también resolverá el crimen, pero las más de las veces le costará palizas, amigos, amores y desengaños.

Ambas imágenes son correctas, pero ambas pertenecen a tradiciones diferentes de lo que llamamos el "género policial" y que, a pesar de poseer características similares (como ser la presencia de un crimen, las pistas, los sospechosos y la pesquisa en general), enfocan al detective de modo diferente.

De modo sucinto. En la primera, que llamaremos "Policial de enigma", lo que tendremos es un ejercicio de intelección por el cual el detective privado (o consultor) deberá tomar las pistas, los testimonios y pertinencias del caso y, a través de su intelecto y capacidades inductivas, resolver el crimen, muchas veces sin siquiera salir de su casa (el primer héroe sentado dirán de él, bien rumbeados los críticos). Aséptico y contenido. En términos temáticos, el crimen es una rareza que hace peligrar el status quo de una sociedad ordenada y su resolución por parte del detective devuelve todo a la normalidad. Del mismo modo, en estas obras el crimen y su solución serán partes de una suerte de mecanismo de relojería donde cada parte cumplirá su función a la hora de reclamar su resolución.

Nada es al azar en este género inventado por Edgar Allan Poe en el tríptico compuesto por El escarabajo de oro, El misterio de Marie Roget y la mas conocida Los crímenes de la Rue Morgue y que Borges amaba precisamente por ser un ejercicio mental que poco o nada tenía que ver con la realidad (un mecanismo de relojería literario). Género vigente aun hoy en día, no solamente en los Sherlocks y Dr. House que pueblan la TV sino también en los infinitos Procedural Dramas que van desde CSI a Law and Order; al parecer la verdad de perogrullo sigue siendo la misma: Ttdos amamos un buen misterio.

En la segunda imagen lo que veremos será a un detective clásico de la Serie negra, o policial Noir; policial que, usando los mismos bloques constitutivos que el anterior, sustituye la labor de intelección por una pátina de perseverancia y, de modo aún más contrastante, de pasión. No es que el detective del policial negro no use su raciocinio para resolver los crímenes, sino que además, y al contrario de su contraparte sedentaria, él tendrá que "poner el cuerpo" -y hasta el alma podríamos decir- en resolver el crimen que le toca en suerte. En este caso, el crimen no es una rareza sino que se encuentra imbricado, unido, enlazado al tejido mismo de una sociedad corrupta cuya resolución "arregla" poco y nada para ser sinceros. Si antes teníamos un mecanismo de relojería, lo que ahora aparecerá ante nosotros es una suerte de telaraña de pistas y realidades interconectadas que nuestro detective tendrá que desenredar confiando en su intelecto, su aguante y, muchas veces, la violencia (cosa impensable en un policial de enigma).

Nacido en las paginas de revistas pulp como la Black Mask (de donde sacará su mote), el policial negro fue campo fértil para que genios del calibre de Dashiel Hammet o Raymond Chandler no solo hablaran de crímenes, policías, femme fatales y detectives, sino que reflexionaran sobre el poder, la corrupción, el racismo y otros temas que estaban en la superficie de la burbujeante sociedad de posguerra. También presente en la TV, el policial negro encontrará su válvula de salida en pocas series, pero de gran calidad, tales como The Shield o la magnífica The Wire.

Pues bien, habiendo ya hecho la (extensa) introducción, me veo obligado a aceptar que la mezcla de ambas tradiciones del policial ya viene dándose desde hace rato, mas ninguna serie propone una lectura de ambas desde la misma altura que lo hace Luther, con la seriedad y la utlización consciente que permea cada capítulo. Hablemos de Luther.

Hablaremos de tres aspectos presentes en las historias e intentaremos señalar cómo se relacionan esos aspectos con las dos tradiciones del género policial arriba descriptas: 1) la relación del detective con el, o los crímenes; 2) la pesquisa y las particularidades de la misma; 3) la relación de Luther con el personaje de Alice.

En primer lugar, desde el punto de vista del policial de enigma, el crimen, de alguna manera, se encuentra profundamente imbricado con la figura del detective pues se trata de él, y solo él quien puede resolverlo debido a sus capacidades únicas. Los crímenes del francotirador, del asesino de los juegos de Rol y, sobre todo, el de los padres de Alice, solo pueden ser resueltos por Luther, que es capaz de ver cosas que los demás no pueden ver y es poseedor de una imaginación empática que le permite conectar con la mente de los asesinos (sus deseos, sus taras, sus motivos) como ningún otro (a excepción del Will Graham de Hannibal).

Ahora bien, desde el punto de vista del policial negro, podemos ver la conexión del mismo en el hecho de que el crimen no es un desvío, una ramificación enferma del status quo que se construye en los márgenes de la sociedad, sino que muchas veces es el resultado o, peor aun, parte integrante, del orden de cosas "naturalizado" del Londres de Luther. Los soldados rotos de la guerra, la corrupción policial, la obsesión por la cultura "Voyeur"; todos crímenes hijos de su época que la serie pone sobre el tapete agregando un detalle aun mas aterrador... Basta un solo hombre para poner en jaque a una ciudad, basta que no pueda ser clasificado, caracterizado o contenido en esa noción cada vez mas evanescente de normalidad que Luther y sus compañeros saben inexistente.

Ahora bien, si hablamos de la pesquisa, es tal vez un poco decepcionante que los métodos utilizados por la policía para recabar pistas y pruebas no se separen demasiado de los de un Procedural clásico como CSI; sin embargo, y ahora sí conectándose con la tradición negra del policial, la intensidad con la cual Luther lleva a cabo las averiguaciones lo hermanan con los métodos de nuestros amigos de gabardina (de hecho, la gabardina es parte inexpugnable del guardarropas del propio detective).

Del mismo modo, existirá otra conexión latente, esta vez con el policial de enigma, en el modo en que nuestro detective procesa la evidencia. Como si se tratara de un Dupin, un Holmes o un Poirot, Luther es tan proclive a hacer grandes saltos de lógica en base a evidencia que, si bien escasa, sentimos válidos por estar sostenidos por la lógica interna del relato. Como ocurre en todos los policiales de enigma, un mínimo detalle resulta leído por el detective de forma unívoca construyendo un andamiaje lógico a través del mismo que nos hace creer la validez de la deducción.

Sin embargo la clave, la base del andamiaje temático que permite que podamos leer a Luther como la comunicación, la imbricación o, al menos, el cruce de las dos tradiciones del policial -tanto su rama analítica, de Enigma, como su rama pasional, Noir- se encuentra planteada en la relación que nuestro detective "contrae" con Alice (en un principio, muy a su pesar, luego, a regañadientes y finalmente, aceptando, mas nunca delegando, un gran grado de culpa que lo perseguirá en cada interacción). Alice es una genio tanto en los aspectos evidentes de la definición, así como también a la hora de manipular personas y acontecimientos para su propio beneficio.

En un principio asemejando un tropo más que conocido para los lectores de la serie negra, Alice se nos presenta como la mujer fatal, La femme fatale que atrae a nuestro héroe y muchas veces es el cerebro detrás del crimen que lo ha convocado en primer lugar. La femme muchas veces representa la atracción del personaje por el lado mas sórdido de la realidad, una suerte de puerta al lugar oculto bajo la piel del mundo. Sin embargo, y a pesar de que podemos rastrear esa filiación que parece la más adecuada para tratar al personaje (todo a la luz de la evolución de la relación de ambos personajes con el correr del tiempo) es imposible dejar de notar la conexión que Alice posee con un personaje del estilo de Moriarty -el enemigo de Sherlock Holmes- es decir, el némesis del detective, con el cual se mantiene siempre una relación de mutuo odio pero, más importante aun, de respeto por las habilidades, por los motivos y, sobre todo, por la inteligencia de su contraparte.

Alice es, a la vez, la mujer deseada y el enemigo acérrimo, ambos poseedores de un magnetismo imposible de escapar, hasta el punto de que podríamos hermanar su personaje con el de Irene Adler (la única mujer que venció a Holmes alguna vez, la mujer). Sin embargo, hay una diferencia importante que emparenta a nuestra villana más con el maquiavélico Moriarty que con Adler: como un científico diseccionando una rana, o matando una colonia de insectos por el bien de la ciencia, Alice no tiene un compás moral que diferencie o guíe sus actos. Lo único que existe son sus objetivos y el frío calculo para conseguirlos.

Y es aquí precisamente este punto donde la definición de la pareja como "almas Gemelas" o "espíritus afines" que suele darse a la pareja encuentra su primera traba pues, una vez más, al igual que nuestros amigos del Noir, Luther posee un código propio que tal vez no sea el de la policía o la sociedad como todo, pero sin embargo existe y comanda sus actos.

"¿Que pasaría si vos fueras tu propio peor enemigo?" reza uno de los carteles promocionales de la serie frase en que va cifrada la clave para entender el complicado universo mental de nuestro protagonista pues su carácter pasional se encontrará siempre en una pugna sin fin con su lado analítico haciendo que, muchas veces, lo ganado por la intelección se ponga en peligro por una acción salida de la pasión de un momento incontrolable que tarde o temprano volverá para atormentarlo. Pues la existencia de ese mismo código traerá algo con lo que la imperturbable Alice no tendrá que lidiar jamas: consecuencias.

Se dice que "el pasado es un monstruo que existe desde el momento en que existe hasta el momento en que tú dejas de existir", y Luther construye su narrativa con esta máxima en mente; así, como en otras grandes series como The Shield, las consecuencias de los pecados del pasado serán las bases tambaleantes de las problemáticas a futuro (y la primera temporada es modélica con respecto a este tratamiento): ¿dejó caer Luther a ese asesino? ¿Es culpable el detective de lo que sucede a las familias de criminales a los cuales encarceló? ¿Cada nueva muerte de Alice se agrega a su lista de errores? Y así, y así... Mientras tanto, podemos encontrar algo de esperanza en el hecho de saber que siempre estará allí, mientras el cuerpo aguante, con la cabeza gacha, la pose apocada y la mirada atenta. Luther camina con el peso del mundo arriba de sus hombros.