Antes de iniciar la nota preciso mencionar que aún no leí las obras cumbres de Neil Gaiman (American Gods y Sandman), y que mi revisión va a estar sesgada por esta situación. Sepan disculpar, ya las leeré.

Neil Gaiman escribe, a grandes rasgos, siempre la misma historia. Es cierto que desde cierto punto de vista la humanidad lo viene haciendo desde siempre; tal es la teoría de Joseph Campbell en su Héroe de las mil caras (Pueden ver una aplicación práctica en el post de Pablo Palacios al respecto). Gaiman plantea, en casi todas sus obras, una misma línea de acción, a veces incluso con personajes parecidos, en diferentes settings. Y siempre es increíble. La progresión de hechos es: un personaje con una vida un poco gris, aburrida, si es hombre con una novia insoportable, que por cosas del azar termina transportado a una realidad alternativa/mundo fantástico donde por alguna razón es especial (o espera serlo). Muchísimas historias pueden resumirse a esta idea, Harry Potter, La Historia Interminable, Digimon, etc. Pero lo que hace interesante a las historias de Gaiman (además de su manera de escribir, claro) es que estos mundos no son hermosos y perfectos, sino todo lo contrario, más bien oscuros y escalofriantes. Aún en casos como Coraline o Anansi Boys, donde el ambiente no es tan opresivo como en Neverwhere, siempre hay un dejo de terror (los ojos de botones, por ejemplo). El planteo que se da entonces me hace pensar en el que podemos ver en El Laberinto del Fauno de Guillermo del Toro, una disyuntiva entre un mundo mágicamente aterrador contra una realidad quizás igual de aterradora o triste.

Pero ahora vamos a Neverwhere. Neil Gaiman la escribió originalmente como miniserie de seis capítulos para la BBC, y fue estrenada en 1996 dirigida por Dewi Humphreys. Por supuesto, sólo tres horas de duración resulta muy poco para contar una historia tan compleja y con tantos detalles. Sin embargo, aunque se queda un poco corta en cuanto a desarrollo de personajes, la serie está bastante bien, y realmente te sumerge en su universo. Durante la filmación, muchísimos diálogos y escenas tenían que ser recortados por cuestiones de tiempo, y cada vez que esto pasaba, Gaiman decía "No importa, lo pongo después en la novela". Y así fue. Junto con el estreno de la serie se publicó también una novela de 400 páginas contando la misma historia, pero más detallada. Personalmente recomiendo hacer el camino inverso a como fue pensada, y leer primero la novela, porque hay algunos personajes como Anasthesia por ej., que en el libro son muy queribles, pero que en la serie su aparición resulta tan breve que pasan sin penas ni glorias.

Neverwhere nos presenta a Richard Mayhew, un hombre de negocios gris, comprometido con una novia exigente y manipuladora, que por un gesto de bondad (ayudar a una indigente herida) termina involucrado con dos asesinos a sueldo persiguiéndolo y cuando vuelve a su trabajo nadie lo reconoce, su escritorio con trolls no está más, y ni su novia sabe quién es. Cabe destacar que la indigente no era una persona cualquiera, Door ('puerta' en inglés, así es su nombre) puede hablar con las ratas y parece ser una persona muy importante en London Below, una suerte de Londres alternativo que funciona por debajo del real, entre cloacas y túneles del subte. Richard va a terminar recorriendo este Londres de Abajo para intentar recuperar su identidad, y va a cruzarse con personajes de lo más variopintos, siempre matizados de esta oscuridad y mugre que tiñe a todo el relato.

Lo interesante de la historia, es que estos personajes fantásticos podrían existir de verdad. En el mundo de Neverwhere, cuando las personas no encajan en el sistema y caen por las grietas de la sociedad, terminan siendo habitantes del Londres de Abajo, volviéndose invisibles para el resto de la sociedad. No invisibles mágicamente, sino como los mendigos de la calle, como los viejos locos que cuidan a las palomas, incluso como los músicos del subte, a quienes mucha gente elige no ver. Y así, en Neverwhere, encontramos a un viejo que cría palomas mensajeras y habla con ellas, al rey loco cuyo reino es un vagón de subte, a un músico cuyas melodías hipnotizan a los transeúntes para que le lancen monedas, y al intrigante Marqués De Carabas, que puede llegar a conseguir cualquier objeto que necesites, exista o no.

Recomiendo fervientemente darle una oportunidad, si es posible a la novela (publicada en castellano por Roca Editorial) y sino al menos a la miniserie, es una gran manera de aprovechar tres horas de su vida, y les puedo asegurar que viajar en subte no volverá a ser lo mismo.