En esta nota vamos a hablar, como el lector suspicaz habrá podido advertir, de la otra historieta. Hablar de "otra" sugiere una separación, una diferencia entre "esta" historieta (a la que estamos acostumbrados) y una distinta.

La mayoría de las historietas y cómics tratan sobre personajes y situaciones inventadas, desde superhéroes a mascotas parlanchinas, en futuros distópicos y pasados utópicos. Es lo que se llama, a fin de cuentas, ficción.

Pero la otra historieta pretende narrar desde la realidad. Es la que quiere tachar las primeras dos palabras de Basado en hechos reales. O sea, de no ficción (porque está re-bueno definir conceptos por la negativa, ¿no es así, queridos no-lavarropas?).

Y dentro de este género, me interesan particularmente aquellas producciones que tienen una mirada crítica y social, en las que el autor se arremanga y mete la mano de lleno en el tarro de mayonesa podrida que es la realidad. Porque tiene algo que decir sobre ella, y quiere hacerlo sin eufemismos. Críticamente. Políticamente. Porque quiere, tal vez, ayudar al cambio, intervenir en su realidad social, transformar el mundo en que vivimos. O contar lo no contado, visibilizar lo no visto.

Y escribo de esto ahora porque la editorial Maten al Mensajero lanzó el Primer Concurso de Historieta Periodística y Social de la Argentina, que busca premiar, recopilar y publicar las mejores historietas de no ficción del país. Esto incluye historietas periodísticas, de investigación, ensayísticas, etnográficas, testimoniales o de perfil, que presenten una perspectiva social crítica, con una mirada justificada respecto a algún fenómeno social de nuestros tiempos. Sus bases pueden consultarse acá. ¿Y el premio? En metálico.

El objetivo del concurso es promover y difundir la historieta social o periodística, que de a poco va ganando terreno en el mundo y (un poco más lentamente) en nuestro país.

Maten al Mensajero tiene una apuesta fuerte por este tipo de producciones: recientemente publicó Rodolfo Walsh en historietas (2016), de Gonzalo Penas y CJ Camba, que aborda la vida del periodista escritor y militante argentino, y POW!, 20 años de historieta social y política (2016), de Chelo Candia, que recoge algunos de sus trabajos más significativos en esta línea.

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Pero, ¿qué es esto de historieta de no ficción? ¿Qué es esto de historieta periodística?

En inglés, y en Estados Unidos particularmente, comic journalism define tanto a las producciones periodísticas en formato de historieta como a los comic strips (las tiras diarias) de humor político. La línea entre la historieta periodística y el humor gráfico político, o comic editorial, es fina. Pero como con esta indefinición podríamos terminar equiparando a Nik y Joe Sacco, vamos a tener que ser un poco más específicos para no caer en estas aberraciones.

La diferencia no es sólo en la extensión. Las tiras cómicas políticas suelen tomar alguna novedad, algún elemento de la agenda social, política o económica y lo tratan con humor y algún tipo de crítica. Particularmente en Estados Unidos, normalmente están muy asociados a la línea editorial del medio en el que se publican o tienen una postura política marcada. Acá todavía nos movemos en los terrenos de la Foto que habla, de Nik. Algunos autores de tiras, sin embargo, van haciendo críticas un poco más elaboradas y adentrándose en producciones más periodísticas. En Estados Unidos, algunos exponentes son Patrick Chappatte, Ted Rall, Jen Sorensen, Susie Cagle, Matt Bors, Sophie Yanow y Josh Neufeld. Este último es autor de A.D.: New Orleans After the Deluge (2009), donde cuenta historias reales de sobrevivientes del huracán Katrina en Nueva Orleans.

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La historieta periodística o social, sin embargo, plantea un tratamiento más profundo y continuado del tema, a menudo incluyendo investigación personal que puede mechar elementos autobiográficos. Son las herederas directas de las historietas no ficcionales documentales o históricas, que tenían fines educativos. Las grandes protagonistas de este tipo de producciones fueron las historietas biográficas y las novelas gráficas, orientadas a público adulto y con un tratamiento narrativo más denso y expandido.

Tal vez una de las novelas gráficas no ficcionales más conocidas sea Maus, de Art Spiegelman, publicada en 1991. En ella se relata la historia del padre del autor, que sobrevivió al Holocausto nazi. Esta obra, cuya lectura es estrictamente obligatoria para la aprobación de este curso, es una reconstrucción biográfica y por momentos autobiográfica de las terribles experiencias personales de un judío en un campo de concentración, que le permite al autor hablar de un momento histórico casi de primera mano, con dibujos a mitad de camino entre el cartoon y el underground de una estudiada y tolerable crudeza gráfica.

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De hecho, muchas novelas gráficas suelen tematizar conflictos bélicos. Tal vez quien más haya desarrollado la historieta periodística sea el maltés Joe Sacco, quien abordó temas como el conflicto israelí-palestino en obras como Palestina (2002) y Notas al pie de Gaza (2010), y la guerra de Bosnia en Gorazde: Zona protegida (2002) y Historias de Bosnia (2016). Pero lo de Sacco es investigación in situ: viajó a Gaza para conocer y entrevistar a sus habitantes, habló con israelíes, palestinos, colonos, militares, prisioneros y activistas. Sacco se mete en el barro y rescata el nivel experiencial de la guerra, tomando las narraciones de sus entrevistados en historietas de no más de 20 páginas (usualmente, en forma de crónica periodística) pero siempre explicitando su papel, su posición como periodista, y sus propias emociones y opiniones en el campo. Y sin dejar de explorar el lenguaje gráfico de la historieta.

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Didier Lefèvre, Emmanuel Guibert y Frédéric Lemercier son los autores de El fotógrafo (2011), historieta autobiográfica sobre el viaje del fotógrafo profesional Didier Lefèvre y su viaje de ida y vuelta entre Pakistán a Afganistán acompañando a una delegación de Médicos Sin Fronteras.

En América Latina, las historietas periodísticas o sociales suelen gravitar alrededor de los procesos más traumáticos de la historia reciente de la región. Historietas por la Identidad es una iniciativa de las Abuelas de Plaza de Mayo para narrar lo inenarrable: el lúgubre derrotero de algunas familias durante la última dictadura militar argentina. Y es que es, aún, una herida abierta inesquivable: muchos autores, aún sin inscribirse en la historieta periodística o ensayística, situaron algunas de sus narraciones en este momento histórico que se llevó, entre otros, a Hector Germán Oesterheld (cuyas historietas manifestaban, de forma más o menos explícita, su compromiso político). En esta línea está Tortas Fritas de Polenta (2013) de Ariel Martinelli y el historietista Adolfo “Fuchi” Bayúgar sobre las experiencias del primero en la Guerra de Malvinas, publicada por primera vez en un número especial de la Revista Fierro (N° 78).

En Chile pueden encontrarse también otros ejemplos interesantes. El peruano Jesús Cossio narra en Rupay (2008) y Barbarie (2010) historias de la violencia política que asoló su país durante la década del '80.

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Las referencias autobiográficas son comunes en la historieta periodística. Tal vez sea un rasgo de género, o tal vez se deba a que precisamente no terminó de constituirse como tal; pero lo cierto es que ha sido objeto de críticas precisamente por el exceso de subjetividad, ya que se presume que el periodismo (y particularmente, la investigación periodística) debe aspirar a una objetividad fría y desinteresada que garantice la veracidad y neutralidad de la información y los hechos narrados.

Esta crítica es en realidad extensiva a la historieta en general como posible formato periodístico, informativo o con pretensiones de veracidad fáctica. Y es que en el comic, mucho más que en la letra impresa, es evidente la mano del autor. En el dibujo, en la composición gráfica, en los ritmos y en la narración visual, es difícil escapar de la figura del artista como creador, como manifestación de la subjetividad romántica.

Por supuesto, hay mucha variedad. Cada vez más periodistas pura cepa se animan al formato de la novela gráfica, como David Schraven. Por su parte, la historieta estrictamente autobiográfica (o costumbrista) tiene larga trayectoria, y se centra en sucesos cotidianos o reflexiones personales. Una referencia obligada es Robert Crumb, maestro del underground comic, quien además de hacer historietas autobiográficas retrató la vida de Charley Patton (1984) y otros referentes del blues. Crumb colaboró con Harvey Pekar en American Splendor (1973), tal vez la serie autobiográfica más extensa hasta la fecha (en la cual también dibujó el mismo Joe Sacco).

En Argentina, el colectivo de Historietas Reales reúne desde el 2005 a diversos autores que publican periódicamente tiras autobiográficas, y en el cual han florecido las plumas de autores como Federico Reggiani, Ángel Mosquito, Fabián Zalazar, Max Aguirre, Fran López, Caro Chinaski, Kwaichang Cráneo y otros.

En ocasiones, los relatos autobiográficos trascienden la experiencia de vida de los autores y comienzan a abordar procesos sociales desde una perspectiva crítica. Así, por ejemplo, Marjan Stratapi narra en Persépolis (2000) la historia de su vida comenzando por sus vivencias de niña durante la turbulenta Teherán de la revolución islámica, hasta su problemática inclusión en la sociedad europea, con una incisiva mirada sobre los procesos de integración cultural y conflictos políticos. Otros autores aprovechan sus viajes por el mundo para tematizar críticamente sucesos políticos, sociales o culturales. Algunos ejemplos son Guy Delisle, con sus relatos de viajes Pyongyang (2003) o Chroniques de Jérusalem (2011), y Sarah Glidden, autora de How to Understand Israel in 60 Days or Less (2011).

Sólo ojeando esta nota salta a la vista que la mayoría de las obras mencionadas tiene menos de 20 años. Y es que, como se dijo, la historieta de no ficción está en expansión. Incluso hay algunos medios y publicaciones enteramente dedicados a ella, como The Nib, la sección Graphic Culture de Fusion, la italiana Mamma, la francesa La Revue Dessinée, o Symbolia.

Y precisamente porque es un género aún no establecido, hay mucho para decir, contar y narrar. Y es por eso que en esta nota hablamos de historieta social, periodística, o ensayística sin mucha más definición que la de un tratamiento crítico de de algún fenómeno social real. Todavía no están los límites marcados.

El Concurso de Maten al Mensajero es una oportunidad, una excusa para animarse a la otra historieta. Porque estoy seguro que vos también tenés algo que decir.