Monstruos gigantes, viñetas pequeñas.

Damos por inaugurada esta columna -de periodicidad francamente incierta- en la que nos encargaremos de pasar revista sobre películas de un tipo de cine que, nacido como esporádicas producciones de Ciencia-Ficción en Estados Unidos -con King Kong como tatarabuelo y un gran impulso en la era atómica-, pronto se replicaría en las costas del país del Sol Naciente, constituyéndose finalmente en todo un género en sí mismo, con sus códigos y convenciones propias, el kaiju eiga.

Con estos breves párrafos les doy la bienvenida a este humilde rinconcito del séptimo arte, donde criaturas de dimensiones gargantuescas gustan de derribar edificios y pisotear ciudades, al tiempo que sus habitantes, horrorizados, corren en dirección contraria en coreografiada huida...

Yonggary, Monster from the Deep (1967)

Burdo rip-off sur-koreano de Godzilla, Yonggary nos regala varias perlas para el cine de género, como su adicción a la bebida (principalmente al combustible), su extraña relación con el rock and roll (en la que va cifrado el tradicionalismo asiático que veía atemorizado el cambio de usos y costumbres en la sociedad, con la juventud a la cabeza) y su solapada crítica al comunismo chino (con bombas atómicas maoístas que despiertan al monstruo que asolará Korea, tres años después de que se revelara que el país conducido por el Gran Timonel había obtenido la bomba). Las maquetas y secuencias de destrucción, de factura francamente mala, se dan la mano con un guión mediocre, apuntado principalmente al público infantil.

En 1999, repitiendo la historia de su predecesora -pues es claro que se trató de una fallida jugada de subirse al carro de la Godzilla de Tri-Star (1998), lo que los propios norteamericanos entendieron bien-, se estrenó una remake que puede ser comparada con cualquier exploit de medio pelo, a pesar de pretender ser una película para el gran público. Recomendadas, como rarezas, sólo para los fans acérrimos del Kaiju.

Yongary

Pacific Rim (2013)

Amada y odiada por igual, el film de Guillermo del Toro -que algo sabe de monstruos- cuenta con la particularidad de ser una de las pocas superproducciones de los últimos años que no es una remake de un libro, cómic, videojuego, serie o película perdida en el tiempo y por todos olvidada. En otras palabras, tiene el mérito de ser una película que propone un universo original, y su fuerte "inspiración" en la tradición nipona de los mechas y los monstruos gigantes coquetea todo el tiempo con el homenaje y la hipertextualidad (al punto tal de que los monstruos son llamados "kaiju" por los norteamericanos).

Más que una película de monstruos, Pacific Rim es una película hermana de Mazinger y Ultraman, aunque los límites entre uno y otro tipo de producciones puede ser difuso. Los excelentes efectos especiales y diseño de monstruos y robots, el ritmo entretenido y la narrativa fluida, no la rescatan de ser una película lineal y previsible, lo cual estoy seguro de que no le importó demasiado al director a la hora de filmarla (y eso, quizás, también sea un guiño metatextual). Tiene el mérito, sí, de ser una película apta para no-fans del Kaiju (un dato no menor si de este tipo de cine hablamos).

Con el hype por los monstruos gigantes que trajo la Godzilla de Legendary (2014) se había anunciado una segunda entrega, pero en los últimos meses se corrió el rumor de que el proyecto entraba en un profundo letargo, digno de cualquier monstruo que espera ser despertado por una bomba H en película B de los años '50 (aunque Del Toro personalmente se encargó de aclarar que eso no implicaba la cancelación del film). Tuvo un mockbuster (el metatexto al cuadrado) de la mano de The Asylum, con el descarado título de Atlantic Rim, y que es tan malo que hace ver al original como una película de Godard (aunque debo concederles que el diseño de los monstruos es bastante interesante).

Pacific Rim

Q, The Winged Serpent (1982)

Dirigida por Larry Cohen y protagonizada por Michael Moriarty y la leyenda del cine David Carradine (Kwai Chang Caine, Frankestein, Bill...), Q, The Winged Serpent es uno de esos films de difícil clasificación. Se encuentra a medio camino entre el terror, el suspenso y los monstruos gigantes, con toques gore del cine post-Jaws y algunas pizcas de humor retorcido, reemplazando la destrucción y la muerte anónima propias del kaiju nipón por los ataques individualizados. La serpiente alada del título no es otra que Quetzalcóatl, el dios del panteón azteca, que vuelve a la vida tras una serie de ritos que se perpetran en su honor en la propia ciudad de Nueva York, para anidar en lo alto del edificio Chrysler. Las extracciones de corazón y despellajamientos en vida vienen incluidos con su compra.

La criatura de la película de Cohen, de diseño muy logrado, es la hermana menor con esteroides -¿homenaje, tal vez?- de la olvidada The Flying Serpent (a.k.a. Killer With Wings, 1946) ; pero también es pariente del (ridículo) monstruo de The Giant Claw(1957) e, incluso, del clásico japonés Rodan (1956), películas que, más tarde o más temprano, desfilarán por estas líneas. El aire de nostalgia que trae consigo el stop-motion rescata a la animación de la acusación de anticuada para su época. Personajes y situaciones algo ridículas resienten la narrativa y la composición general de la película, lo que no quita que merezca la pena ser vista. En mi opinión, sin embargo, además de descuartizar a varias personas, hacer que Q destruyera algunos edificios no habría estado de más.

Q Winged Serpent