Hacía muchos años que no miraba un animé, sacando algunas películas. ¿Viste cuando te empachás de tu comida favorita? Bueno, eso. Y volví al ruedo con esta serie, sólo bajo la premisa de "no hay mechas ni magia, y es sobre música".

Shigatsu Wa Kimi No Uso (literalmente, Abril es tu mentira) es un manga realizado por Naoshi Arakawa, y adaptado a un animé de 22 capítulos emitido durante 2015. La trama gira alrededor de Kosei, un ex pianista prodigioso, perseguido por el fantasma de su madre muerta que lo maltrataba para que fuese el gran músico que ella no alcanzó a ser. Después de la muerte de su madre, él es incapaz de tocar, hasta que conoce a Kaori, una violinista que necesita desesperadamente un acompañante para un concurso, y lo obliga a volver a la música. Y en el medio, varios triángulos amorosos. A grandes rasgos, es un drama romántico adolescente. Entonces, ¿qué es lo interesante de Shigatsu?

Por un lado, el arte. Obviamente siendo una serie sobre música, el arte tenía que tener predominancia. La animación es bellísima, extremadamente fluída en las escenas de los conciertos (donde tocan posta los temas que suenan), los fondos tienen calidad cinematográfica, la paleta de colores y, por supuesto, la banda sonora. Ésta alterna entre temas clásicos en los conciertos y originales en las demás escenas, pero que conservan una atmósfera calma y académica. Los openings y endings se quedan un poco atrás, no pasan del típico cliché simple, cursi y pegadizo del J-pop, aunque aún así son lindos (sobre todo el primer opening).

Por otro lado, el gran punto fuerte de la serie es el tratamiento de ciertos momentos y sentimientos a lo largo de la historia, en particular la relación de los músicos con su pasión. Todos los que han pisado un escenario alguna vez van a sentirse identificados con esos nervios previos en los pasillos, las luces que no dejan ver las caras de la gente, el alivio cuando la actuación comienza a fluir, el regocijo de los aplausos... Y también el estrés de la práctica, la impotencia de no sentirse lo suficientemente bueno, la gran disyuntiva entre la técnica estricta y la expresión personal... Es interesante también la cuestión de que uno no trabaja de artista, uno es un artista. Los personajes se toman muy en serio esto, algunos lo van descubriendo conforme se desarrolla la trama.

Y los allegados a los protagonistas también lo sienten: me parece especialmente bueno el desarrollo de Tsubaki, la mejor amiga de Kosei, beisbolista ella, que siente muchos celos de la música, porque la aleja de su amigo y une a éste irremediablemente con la violinista, con ese vínculo tan especial de tocar junto a alguien. Hay una escena en particular donde Kaori dice "nosotros los músicos..." y Tsubaki se da cuenta que ella no forma parte de ese "nosotros", y empieza a molestarle cuando los dos músicos se enganchan en conversaciones interminables sobre acordes y armonías y cosas que los demás no entienden. Todas situaciones inmensamente realistas. Incluso el trauma de Kosei (desde la muerte de su madre, desarrolló un pánico escénico que le impide escuchar lo que toca) no está tan alejado de la realidad... El miedo al escenario no es muy distinto a eso que siente nuestro joven pianista, y la manera que tiene de sobrellevarlo (Kaori le dice "no mires abajo, mirame a mí, seguime") hizo que me emocionara, porque yo misma superé mi miedo gracias a tocar con alguien de confianza al lado.

Los puntos flojos: por un lado, el humor. Es lógico que una serie tan sentimental recurra a gags para romper la tensión, pero cuando esos gags se basan casi exclusivamente en caras deformadas gritando y golpes o patadas, termina por bajarle el nivel a la serie. Sacando contadas ocasiones donde me reí o sonreí, el resto de los gags me resultaban más tediosos que divertidos.

Además, la sobreexageración de todo. Como cualquier otro animé "temático" (como los de deportes, de juegos, etc.) sigue el formato de "esta actividad que realizan los personajes es lo más importante del mundo y ponen cuerpo y alma, todos los espectadores sienten las emociones de los personajes en sus actuaciones y las explican en monólogos larguísimos como si todo pasara en cámara lenta". Y aún siendo el tópico una pasión y un trabajo que de verdad se siente como que uno pone toda su alma en ello (hace poco le dije a alguien "soy lo que hago, no sé quién soy cuando no estoy haciendo arte", así que imaginensé) de todas formas terminan sintiéndose exagerados los monólogos en off durante los conciertos, que tapan toda la obra y son SUPER redundantes.

Y por otro lado, la historia. La trama es muy bella, pero es MUY predecible. Al tercer capítulo pude adivinar básicamente todo lo que iba a suceder, y acerté. La serie casi no sorprende en su desarrollo ni con sus cliffhangers, y un poco por eso, y otro poco por la enorme emotividad que le pone a TODO, el final termina por no emocionar tanto como debería, por más serios que se vuelvan los conflictos.

Pese a las cosas malas de la historia, es un animé muy disfrutable, los personajes muy queribles, y definitivamente te deja con unas tremendas ganas de practicar y seguir tu sueño. Los personajes en los conciertos suelen plantearse "¿Para quién toco?" y "¿puede mi música alcanzarlo/a?", y la serie gira en torno a cómo las canciones de cada uno van afectando a los demás, y cómo en ese proceso van creciendo, y dejando su marca el uno en el otro. Motivos más que suficientes para poner el corazón en cada canción.