Con una genealogía que supera incluso a la de su hermano menor ataviado en mallas y con la ropa interior por fuera, la figura del vigilante está unida desde su misma creación a la figura del Superhéroe. De hecho, podemos pensar en una figura como El llanero Solitario como una suerte de "proto vigilante" unido a la gran tradición del Western Norteamericano.

Apenas un año después de la aparición de quien consideramos la fuente modélica del Super Heroe, aparece en las páginas de la Detective Comics un personaje que parecía estar más cerca de ser un Vigilante que un Héroe; un tal Batman, tal vez lo conozcan de algún lado. Como buen vigilante (inspirado más en las novelas Pulp de detectives y The Shadow, al igual que en los Comics de Dick Tracy) este Batman acechaba a los criminales desde la sombra de la noche para asustarlos y, si era necesario, les disparaba y hasta llegaba a matar (como se lee en las primeras tiras del Quiróptero de Gotham).

Por supuesto, no pasaría demasiado tiempo hasta que estas características junto con aquellas cualidades casi socialistas que tenía el primigenio Superman (capaz de encerrar a grandes magnates mineros en sus propias e insalubres minas para que experimentaran de primera mano las condiciones allí vividas) fueran ocultadas de la continuidad para construir un Batman más heroico y acorde con lo que el público pedía.

Sin embargo, bajo una forma u otro, la figura del vigilante estaba destinada a pervivir dentro del imaginario popular y de la cultura de masas. No es de extrañar entonces que para finales de la década del 70 este arquetipo vuelva a aparecer con fuerza dentro del mundo de los Comics. Con una sociedad que abandonaba para siempre la época del Flower power, desencantada por sus fallidas aventuras bélicas (Recordemos, el Sueño Americano necesita de triunfos periódicos para poder subsistir) y además temerosa ante la emergencia de nuevos actores sociales que se podían calificar de criminales (como serían los Punks un par de años después).

En este caldo de cultivo social, pareciéndose mucho más de lo aconsejable al que había existido durante los años 30 (con mini crisis económica a tono), la figura del vigilante no tardaría en reaparecer con gran fuerza en el Zeitsgeist popular. Apoyado en verdaderos hitos de la historia del cine salido de películas como Bullit, la saga de Harry Calahan (Harry el sucio para los no informados) y las películas que corresponden a la tradición del Death Wish de Charles Bronson (Traducidas por estas pampas como "El vengador anónimo"), los comics, buenos lectores de estos cambios, respondieron a consciencia.

No solo los superhéroes se volvieron más violentos y moralmente grises, no solo Batman volvió a ser esa figura aterradora de la noche en busca de justa retribución(en lugar del divertido payaso panzón de la década del 60 en la serie de Adam West) sino que también aparecieron personajes específicos imbuidos del espíritu de los tiempos. Entre ellos, y probablemente a la cabeza, quien nos ocupa.

The Punisher nació como enemigo de Spiderman y Daredevil, el teniente Frank Castle, veterano condecorado de la guerra de Vietnam, ve como su vida se quiebra en pedazos cuando la familia a la cual volvió es asesinada frente a sus ojos en el fuego cruzado de una guerra entre pandillas.

Preso del dolor y la ira, Castle comenzara una guerra personal sin término ni cuartel contra el elemento criminal de su nativa New York, Cualquiera que este sea. Desde su invención, su historia editorial lo ha tenido como parte del universo Marvel; ya sea como protagonista de un título propio, o como invitado de algún otro título.

La última de las reformulaciones de la década de los noventa encontró a nuestro implacable vengador asesinado para después ser revivido y convertido en un enviado angélico (los noventa fueron una época rara, no traten de negarlo) encargado de "limpiar" la ciudad de demonios y amenazas de esa calaña. Increíblemente, esta reformulación no sería muy bien recibida por los fans.

Será principalmente por ello que las cabezas encima de la escalera editorial de Marvel cederían, sobre el final de la última década del siglo, al personaje para que fuera utilizado en el imprint Marvel Knight (manejado por Joe Quesada y del cual ya hemos hablado en esta página) y relanzado una vez más.

A cargo de esa tarea, Quesada pondría a un equipo creativo fogueado en títulos bastante alejados de lo que podríamos calificar como Mainstream; la dupla maldita responsable de una de las etapas más conocidos y laureadas del cómic de Vértigo; Hellblazer, así como una de las sagas más recordadas en la historia de aquel sello; Preacher, el Western metafísico y existencial. Garth Ennis en guion y Steve Dillon en dibujos, con la ayuda de Lee Bermejo en tapas serían los responsables de los destinos de Frank en el nuevo siglo por estrenar.

Fanático acérrimo de la cultura americana y de los mitos que la misma crea, (Desde el mito de la fundación inmigratoria del propio pais, el mito del viejo oeste, la frontera y los pistoleros, hasta el mito de la Road Movie, la cual, junto con la lectura del Far West serian la base narratológica de Preacher) Garth Ennis verá en este trabajo la posibilidad de volver a la raíces de lo que el personaje representa a la vez que esto le permite hacer su propio comentario sobre la figura del vigilante, de la cual ya hemos venido hablando a través de un par de ejes que trataremos de reconstruir.

Titulada (adecuadamente) "Bienvenido de vuelta, Frank", esta saga de doce episodios se estructura como una gran historia, un gran arco que conecta al personaje de Frank, con otros específicamente salidos de la factoría Ennis (curioso, como no aparece Micro, el Armero,/compañero/sideckick del Punisher por antonomasia) como ser el pobre detective Soap, la policía en desgracia Molly, el elenco de secundarios que son sus vecinos (Y que merecerían una nota aparte), la Mafia encarnada en la familia de Ma Gnucci y, más importante para nuestra lectura de la misma, la Triada de nuevos vigilantes que nacen a la sombra de las acciones de Frank.

Tal vez el primer eje que deberíamos de tratar en lo que respecta a la construcción de la historia, sea el humor con el cual la misma está pensada. Dejando de lado la existencia del mas arriba nombrado Detective Soap (Quien puede ser leído, de igual modo, como Comic Relief, así como una critica para nada velada a los resortes de la institución policíaca en cuanto al tratamiento de la figura del Punisher), es evidente que la realidad que nos presenta Ennis no es la nuestra, sino una suerte de construcciónAumentada” donde el comentario, la parodia, la violencia y el humor están “A Flor de piel” y son presentados en un modo que bordea el absurdo.

No es accidental que muchas veces sus lectores se refieran a Ennis como "el Tarantino de los comics", pues sus puntos de contacto no existen solo en el manejo de los diálogos y el conocimiento de las referencias constantes a la cultura Pop, sino en el modo en cual ambos creadores representan la violencia de las historias,casi de un modo “Camp”; en donde se la lleva al paroxismo y sirve para que, además de desternillamos de risa (Vean nomás la cara del Oso en el Zoologico antes de que Frank le meta un castañazo, por favor), podamos captar la leve ironía con la cual Ennis cubre todo su material y que, si leemos dos veces, nos interpela como lectores preguntándonos si realmente es todo tan “Gracioso” o “Cool” como los personajes y su brillante escritura quieren hacer creer.

El humor será usado entonces como un mecanismo de deconstrucción de cualquier cosa que tendamos a “Normalizar” (La violencia, las causa y consecuencias de la misma, etc), haciendo que tengamos que leer, que ver, dos veces estas cosas que automatizamos constantemente sin pensar un momento.

El segundo de los ejes que nos permite leer la saga tendrá que ver con las consecuencias sociales que un vigilante de las características del Punisher tendría en una sociedad permeable a ese tipo de influencias. Así, Ennis está preguntándose de algún modo ¿Qué sucedería si a un vigilante se le diera, básicamente, carta blanca para actuar con impunidad en una ciudad?

Hace aparecer a tres personajes que, leídos con un poco de atención, pueden representar tres aspectos del mismo Frank. Así, tendremos en la figura de Mr Payback, a la representación de la justa indignación e ira que el crimen ocasiona en la mente de Frank y lo hace actuar con la idea de que está haciendo lo moralmente justo al eliminar a los criminales sumariamente. El Caso de Elite, se mete con el modo en como Frank hace “Profiling” de sus víctimas, es decir, es Juez, Jurado y ejecutor sin dar cabida a ningún prurito ni a ninguna duda a la hora de ejecutar a los que cree que son merecedores de tal castigo. Finalmente, El caso del Padre Redondo se corresponderá con eso que Frank quiere ocultar, pero muy profundamente, dentro de su cerebro, sabe que es verdad… Que está Loco.
Que esta clínicamente insano.

Lo que nos lleva al último eje, el cual fue trabajado por Garth Ennis en la serie que siguió a esta saga y que además encontrará cabida en la versión del personaje en el gran Run de Punisher MAX de Jason Aaron y el mismísimo Steve Dillon; El autor propone que Frank Castle murió en Vietnam, mucho antes de volver con su familia, que exahló su último aliento en las húmedas y enloquecidas selvas rodeado por cadáveres del vietcong para dar nacimiento al insano Punisher que solamente necesitaba una excusa para salir a flote.

Podemos ver esto claramente en el modo en el cual Ennis nos muestra a Frank como una máquina de guerra, un OMAC (One Man Army Corps), que puede convertir cualquier cosa (CUALQUIER cosa) en un arma a la hora de despachar a los malosos que lo persiguen.

En el fondo, lo que Ennis hace es permitirnos hacernos la pregunta ¿Qué clase de persona hubiera sido Frank si la tragedia personal no le hubiera dado la oportunidad de soltar al Punisher en el mundo? ¿Cuánto de alivio hubo en ese hombre al saber que ya nadie dependía de él y que gracias a eso podía volver al lugar del cual nunca debió de haberse ido, aquel lugar de locura plena, sin moral ni ética que llamamos Guerra?

Si, tal vez teniendo eso en mente, las cosas sean menos graciosas de lo que pueden parecer al tomar la saga en nuestras manos.
Pero que eso no los afecte. La historia sigue siendo una gran historia, ya sea para conocer al personaje, para familiarizarnos con él o simplemente para ver hasta qué punto llega la inventiva de Ennis a la hora de mostrarnos cada vez formas más depravadas y divertidas de disponer de matones de la mafia.

Por lo menos, así lo veo yo.