Aviso de posibilidad de spoiler: ningún detalle de la trama es revelado en el siguiente artículo, pero estamos frente a una serie que se disfraza de lo que no es, de tal forma que incluso discutir los temas de la serie puede de cierta forma reducir la efectividad de este engaño y por tanto reducir el disfrute de los más radicalizados odiadores del spoileo.

Dieciséis años habían pasado desde que Neon Genesis Evangelion se estrenara cuando en 2011 otro animé tomaría la posta a la hora de generar discusiones sobre el término “deconstrucción”.

Cuando mirabas Evangelion, desde el capítulo 1 sabías que esta era una serie distinta; incluso probablemente desde el opening, no podíamos predecir qué tan distinta sería, pero algo nos veíamos venir. En Mahō Shōjo Madoka Magika todo está cuidadosamente disfrazado, los giros del guión van revelando la verdadera cara de esta historia de a poco. Pero lo cierto es que Madoka funciona gracias a esos plot twist, nutriéndose del shock tanto como Evangelion lo hace del misticismo y la simbología. En ambos casos funciona muy bien, pero por momentos puede sentirse un poco artificial, casi podemos ver los hilos con los que está atada la trama.

Cuando los enemigos se manifiestan de la forma más surrealista posible este autor no puede evitar disfrutar, sepan entender.

Continuando con el “disfraz” del que hablaba, es interesante saber que la serie lo utilizó también en su marketing. Akiyuki Shinbo, su director, planeó que la serie fuera promocionada como una serie más de chicas mágicas (mahō shōjo), no solo abrazando la estética colorida e inocente del género, sino asegurando en cuanto medio pudiera que se trataba de una serie totalmente inocua. El engaño resulta un efecto maravilloso incluso para los que ya sabemos que no estamos frente a una serie común, pero la experiencia de los televidentes más incautos debe haber sido hipnótica.

El contraste entre el diseño de los personajes y las situaciones que estos terminan viviendo es uno de los golpes de efecto con los que la serie nos deleita.

Sin entrar en pormenores sobre los alcances de la deconstrucción de un género, no quedan dudas de que el trabajo de Gen Urobuchi como guionista tiene en gran parte una intención deconstructiva. Sin embargo, prefiero verlo de una manera diferente, que no elimina la primera sino, tal vez, simplemente la complementa. Tal vez Mahō Shōjo Madoka Magika se haya, en realidad, construido sobre lo ya edificado. Una serie que, llenando los espacios vacíos con nuevas estructuras, resignifica el todo. Los hallazgos del espectador son tan inesperados e inevitables que es imposible volver a ver otro animé de chicas mágicas sin una lente macabra y retorcida.