Ready player One es una novela y también es una orgía de referencias. A diferencia de otros libros donde las referencias están solapadas, Ernest Cline te las tira todas juntas, en la jeta, cual bukkake pop. Atari, Dungeons & Dragons, Godzilla, Mazinger, Ultraman, Rush, War Games y Monty Python. Todos operando al mismo nivel. Todo es parte de lo mismo y se festeja.

El personaje principal, Wade Watts, se pasa la vida jugando un MMORPG de realidad virtual llamado Oasis pero con la particularidad de que se convirtió en el principal sistema de interacción de los seres humanos de todo el mundo, reemplazando a Internet. Un videojuego de realidad virtual que se volvió una especie de Second Life en un mundo distópico hecho pija por el cambio climático y la falta de electricidad. La aventura de Wade durante todo el libro será encontrar mediante una serie de acertijos el easter egg que dejó el creador del juego, James Halliday, que es una especie de cruza entre Willy Wonka, Steve Jobs y Warren Robinett. Todas las claves para descifrar el acertijo y encontrar el easter egg de Halliday no son ni más ni menos que un paseo por la vidriera de los íconos de la cultura geek de los ochenta.

¿Es una marca de estilo? Puede ser. El autor fue guionista de Fanboys, una película estrenada en 2009 que la va de cuatro amigos que quieren colarse en el rancho skywalker para ver Episodio I antes de que salga en el cine porque uno de ellos tiene un cáncer terminal y no va a llegar al estreno. Tanto en el libro como en su película, Cline no propone mediaciones en las referencias. No las esconde ni las solapa, son parte constitutiva de la narración. El efecto es peculiar porque funcionan dentro de la diégesis del texto más que ser link ocultos a otros textos, como suelen ser usualmente las referencias. Al principio es raro, pero al poco tiempo uno se acostumbra y hasta se pregunta ¿porqué nadie lo hizo antes?

¿Pero el libro es algo más que referencias? Sí, obvio, hay una historia. Muy plot driven. Lo cual no es un problema en sí mismo. Es más bien una marca de género. Bah, más que de género de target. Ready Player One se vende como una novela de ciencia ficción y lo es porque está representada en un mundo distópico. Pero es innegable que la podemos ubicar dentro de la nueva categoría de Young Adult. Que no es un género, sino una herramienta de marketing para todo un nuevo tipo de literatura que, me arriesgo a decir, nació con Harry Potter.

Los Young Adult que yo conozco tienen cierta inclinación a basarse más en el argumento y la trama que en la profundidad de los conflictos de los personajes. Llevan un poco la marca originaria del creador de este segmento: Harry Potter. Una saga construída en torno a un gran argumento que recorre y ordena los siete libros: la lucha entre Harry y Voldemort. Vale destacar que son varios los personajes que logran profundidad pese a que prevalezca en líneas generales el peso argumental. Entre ellos, mi favorito, Sirius Black.

Pero volvamos a lo que estábamos. Como dije, el problema no es que Ready Player One sea una novela en la cual el argumento pesa más. El problema es que durante varios pasajes del libro, la estructura hace agua.

Flojo de papeles

El concepto de la novela está muy bien. Es como una mezcla entre Tron y Charly y la fábrica de chocolate. Pero el problema es cómo avanza el argumento. Hay un punto en el que Wade Watts, el protagonista, no enfrenta dificultades graves en ningún momento. Parece resolver todo demasiado fácil. Todos los problemas que se le presentan los resuelve al toque. E incluso ad hoc. Es decir que le aparecen soluciones cuasi mágicas, (o deus ex machina como se dice) a gran parte de los problemas que se plantean. Por ejemplo, el protagonista necesita X cosa y el autor después de decirnos que lo necesita, nos dice que en otro momento Z el protagonista ya había conseguido la solución. Entonces el problema es trivial. Esto por momentos, genera la impresión de que el protagonista no está arriesgando nada, que no está poniendo en juego nada de sí mismo. Que tiene todo resuelto. O que el autor juega para el personaje. Cuando eso se nota, es medio una garcha. Trivializa la aventura, la desdibuja, la hace super light. De hecho, el final está bastante teñido del clásico problema de deus ex machina, que es la definición que se utiliza en ficción para referirse al problema de las soluciones ad hoc.

Pero pese a esto, que no es menor, es un libro entretenido. Si sos medio geek, te va a copar porque es inevitable sentirse identificado con un personaje cuya tarea fundamental es bucear en el vasto océanos de la nerdeada, del vicio, y le gusta lo mismo que a vos te gusta.

Preguntas

Ni bien terminé de leerlo, me puse a escribir algunas ideas/dudas que me surgieron durante la lectura.

1.- Ready Player One parece plantear que todo el inútil conocimiento geek sirve para algo. Que al final del camino, toda la cantidad de datos al pedo que uno acumula desde pequeño, como quién dibujó el arte original del Dark Ritual, si los enanos fueron creados por Eru Ilúvatar o no, o cuántas películas comparten Godzilla y Mothra, sirven para algo ¿Es una redención del geek? ¿Es la cultura pop, en definitiva, útil? ¿Tiene que serlo?

2.- La revisión histórica de la cultura es selectiva. Volver sobre el pasado cultural no es inocente. Implica una selección. Es por eso que incluso existe la frase “todo pasado fue mejor”. Porque sobre el pasado podemos operar un proceso de selección. De todo el torrente de mierda que se creó durante los ochenta, por ejemplo, nos podemos quedar con una pequeña porción, con lo mejorcito. Entonces, claro, si sólo vemos lo bueno, sale la comparación de que antes todo era mejor. Porque le aplicamos un filtro selectivo, nos quedamos con lo bueno y mandamos la gran mayoría a mierda. Cosa que con el presente es mucho más difícil porque el torrente de la cultura es continuo, entonces es mucho más jodido decidir sobre la marcha que esperar a que decante. Y adivinen qué. Hay un tropo que sostiene lo mismo. Ergo, tengo razón. Pero el problema no es ese, al menos no me parece extraño que la cultura funcione así. El tema está, como siempre, en el criterio ¿Qué elegimos y qué dejamos afuera? ¿Cómo se arma un canon? ¿Quién y cómo determina el canon?

Ready Player One es un ejercicio de revisionismo sobre la herencia de la cultura de los 80 en general y de la geek en particular. Spielberg ya está haciendo una película, razón por la cual leí la novela, además de que me la recomendaron varios conocidos. Dado el potencial alcance, sumado al alcance real (es un New York Times Best Seller y fue traducido a 21 idiomas) no es descabellado que esta novela sea el futuro canon para la cultura geek. En definitiva Ready Player One es y posiblemente sea un mapa para toda una nueva generación de geeks.

3.- Relacionado con lo anterior ¿Será esta novela el puntapié definitivo del retrogaming al mainstream? Toda la novela está atravesada por este tema. La vida y los videojuegos. El Atari como un hito cultural. ¿Será la Atari la nueva bandeja de vinilos? ¿Cómo saberlo?. Es innegable la ascendencia que tiene la ficción sobre nosotros, sobre la vida cotidiana, sobre la moda. Sino, ¿cómo explicamos el cosplay? ¿No es, en el fondo, un ardiente deseo de ser, al menos por un rato, el protagonista de las ficciones que amamos? Por ejemplo, yo empecé a andar en skate después de ver Lords Of Dogtown. Y es innegable que la explosión del Roller Derby en Argentina está íntimamente unido a la película de culto Whip It ¿Existiría en Argentina el stand-up de no ser por la existencia de Seinfeld? Definitivamente no.

Es por eso que considero que Ready Player One, que ya es medio una novela de culto, puede ser la chispa que provoque la expansión del incendio a todos lados. Quizá dentro de unos años no sea nada descabellado ver niños de catorce años volviendo a jugar al Atari, como hoy es común, ver pendejos de dieciocho escuchando vinilos.


Nota originalmente publicada el 14 de junio de 2016 en el blog del autor, VDPRAXIS.

Juan Ruocco. Nació en 1987. Vive en Agronomía, un hermoso barrio lleno de árboles y plantas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es guionista y estudia Filosofía. Anda en patineta, dirije la Revista Velociraptors y escribe, cada tanto, en el Suple No de Pagina/12.