Todo fanático del cine de monstruos gigantes tuvo que haberse emocionado cuando, tras el rotundo éxito de taquilla que representó Godzilla (2014), de Gareth Edwards, se anunció prácticamente al instante la salida de una segunda parte, a estrenarse en 2018. Asimismo, los abultados dividendos que trajera el reptil nipón a lo largo del globo dieron como grato resultado la proyección de una remake de King Kong a cuenta de la misma compañía, Legendary, y además el anuncio, para 2020, de un enfrentamiento final entre los míticos monstruos, todavía polémico para muchos puristas a razón del dispar tamaño de los contendientes.

También fue un resultado del éxito de Edwards el rumor de una segunda entrega de Pacific Rim, que hace poco menos de un mes confirmó su fecha de estreno. Para coronar la escalada de buenas noticias, se anunciaron también una secuela de D-War para el 2017 y una nueva entrega del eterno rival (y segundón, por qué negarlo) de Godzilla, Gamera, a estrenarse este mismo año, ambos hechos sin duda unidos al sorprendente saldo positivo que representó la versión norteamericana del rey de los monstruos.

Sin embargo, el cuadro no estaría completo si no mencionáramos el que, a mi entender, fuera el más importante de los anuncios: tras un descanso de 12 años luego de un largo reinado de 50 (de 1954, fecha de estreno de Gojira, a 2004, con la espectacular Godzilla Final Wars como última producción japonesa), la Toho decidió relanzar su propia versión del monstruo, con una línea de continuidad paralela a la norteamericana. La película en cuestión está al caer: su fecha de estreno está pautada para dentro de tan sólo dos días, el 29 de julio. La contratación de un director de la talla de Hideaki Anno y un co-director también laureado, Shinji Higuchi, con sobrada experiencia en eso de presentar criaturas gigantes azotando a la humanidad, y los trailers e imágenes ya reveladas, no hacen sino elevar las expectativas por el film del monstruo favorito de grandes y chicos.

Cuando hace un par de meses estrenábamos pluma en Coliseo con una nota dedicada a la Godzilla original, vaticinábamos que lo más interesante de la doble continuidad residía en que, si todo marcha bien y el recurso es utilizado correctamente, los fanáticos de la franquicia podremos disfrutar de dos sagas distintas, paralelas, lo que permitiría (con suerte) explotar al monstruo en términos de arquetipo, sin preocuparnos tanto por los problemas que suele traer mantener una continuidad coherente.

El tema de las continuidades es una cuestión compleja para toda persona que se acerca a un producto de la cultura pop consolidado y más cuando contamos con cuatro o cinco décadas en su haber, como con Godzilla y cualquiera de los más importantes superhéroes de las dos grandes empresas norteamericanas, Marvel y DC, por sólo dar un ejemplo. Estar al día con los acontecimientos importantes de la línea temporal del personaje suele ser un rompedero de cabeza para cualquier neófito, y puede incluso espantar a más de un interesado.

Nuestro monstruo gigante favorito no está exento de ello, aunque el problema se atempera por el hecho de que son películas con tiempos de producción largos y no historietas que se publican mensualmente. En sus sesenta años, Godzilla ha tenido muchísimas líneas temporales, que uno puede más o menos identificar como distintas al percibir las incoherencias entre un film y el siguiente. Así, a pesar de existir tres grandes épocas o eras de Godzilla, a saber: Showa, Heisei y Millenium, sin contar las versiones norteamericanas de 1998 y 2014, las mismas no siempre conforman una unidad en sí misma. La franquicia Godzilla ha trabajado muchísimo con el monstruo como arquetipo, dando por sentado que el espectador conoce las características esenciales del personaje y de su Universo. Con ello, la mayoría de las películas remiten a la versión original de 1954, ya sea para introducir un segundo monstruo (recordemos que el primero es exterminado al final de la primera entrega), o para jugar con ese origen.

Sin embargo, como ya hemos podido leer en varios sitios, al parecer esta nueva entrega de Toho desligará al monstruo completamente de su origen de 1954. En este oscuro rinconcito del globo, con la camiseta de fanboy puesta, esperamos que eso repercuta positivamente en el desarrollo argumental de la película. El diseño del saurio apunta favorablemente en esa dirección.

La columna de hoy presentará algunas de las que son, a mi humilde entender, las mejores películas de la franquicia, una selección de 7 films entre los 30 que tiene en su haber -si contamos la por muchos considerada apócrifa versión norteamericana de 1998. Intentaré priorizar dos aspectos: la calidad y relevancia de las películas, y la variedad de las épocas mencionadas anteriormente. Hay dos películas por época, además del film original. Godzilla ha ido cambiando en muchísimas cuestiones: tono de las historias -de serias a infantiles, volviendo a la seriedad-; "personalidad" y rol del monstruo -de antagonista total de la humanidad a héroe, pasando por una caracterización de "antihéroe" similar hasta su última encarnación -en 2014- en términos de "fuerza de la naturaleza"-; origen, entre otros. Vamos, pues, a las recomendaciones:

Showa Era (1954-1975)

Godzilla (1954)

Como es obvio, cualquier persona que se adentra en una franquicia debe mirar la primera entrega, que suele ser la mejor. Pensemos: Planet of the Apes, Rocky, Rambo, Alien, Terminator (defenderé esto a muerte)... Godzilla [Gojira en el original] no es la excepción.

Si la película de 1954 del rey de los monstruos no hubiera sido un éxito de taquilla y sólo conserváramos esa entrega, probablemente algún estudioso del cine kitsch la recordaría como la más oscura de las películas de monstruos gigantes de la Guerra Fría. Acá está todo: bomba atómica y paranoia nuclear, ataques nocturnos de estética pesadillesca, crítica humanista y pacifista, familias muertas y destrucción al por mayor... Sin contar el comienzo de la técnica del suitmation.

Los yankis compraron la cinta en 1956. Tras doblar las voces, recortar todos los pasajes en que asomaban críticas a lo acontecido en Hiroshima y Nagasaki, reordenar numerosas escenas y filmar prolijamente varios minutos con un actor de la casa -Raymond Burr, que representa a un periodista que se limita a narrar los ataques del monstruo mientras actores japoneses contratados por la Jewell Enterprises corretean a su alrededor-, bautizaron la nueva cinta-Frankestein con el título Godzilla, King of the Monsters, inventando así el nombre y el apodo con los que el saurio pasarían a la historia. Hay allí una posible comparación entre las cintas para pensar en la dimensión política de todo producto cultural, aún si de monstruos gigantes se trata. A ello podríamos sumar el aún más exagerado Frankestein del director italiano Luigi Cozzi, que en 1977 consiguió la versión norteamericana (los japoneses se negaron a venderle la original), la recortó, coloreó y agregó minutos de filmación de varios desastres de la Segunda Guerra Mundial, consiguiendo una versión oscura y psicodélica que en parte recuperaba el espíritu de la Gojira de 1954.

La extraña y francamente difícil de mirar Cozzilla.

No creo exagerar cuando digo que la película de 1954 es obligatoria para cualquier fanático de la cultura pop en general. Vuelvo a remitir a la nota que publicamos en este sitio para un análisis pormenorizado de este verdadero hito del cine.

King Kong vs. Godzilla (1962)

Tras el éxito rotundo de la Godzilla original, Toho se puso inmediatamente a filmar una segunda entrega, que saldría al año siguiente y que involucraría a otro monstruo, Anguiras, inaugurando así el llamado monster mash -las peleas entre monstruos con telón de fondo urbano y destrucción garantizada para delicia de grandes y chicos.

No sería sino hasta siete años después que la Toho estrenaría la tercera entrega, anunciada a pompa y boato y en rutilante technicolor, en la que los monstruos gigantes más famosos del cine se disputan la corona a mazazo limpio. Si todo fan del cine de ciencia-ficción, el bizarro y el kitsch tiene como obligación mirar la película de 1954 en respetuosa devoción y el más serio de los recogimientos, tiene el "deber" de ver esta película en actitud jovial y festiva, sin olvidar el balde de pochoclos de rigor (king size, para estar a tono).

En perspectiva, con esta película comienza cierta infantilización y antropomorfización del saurio. Convertido en personaje, lejos de ser una metáfora de la bomba atómica (su simbolismo original), Godzilla comenzará a descender por la pendiente de argumentos cada vez más ridículos y rebuscados, llegando a extremos -fundamentalmente en las décadas del '60 y '70- que es mejor olvidar.

Pero no nos adelantemos, y volvamos a Godzilla vs. King Kong. Aquí encontramos una de las primeras "explicaciones" del origen del monstruo que luego sería mutado por los rayos gamma de la bomba atómica. Como sabemos, las películas del género de ciencia-ficción tienen casi siempre una escena en que un experto o especialista explica lo que ha acontecido. Se trata de un recurso formal -pues permite el despliegue de la narrativa- y conceptual -pues lo explicado genera la ilusión de verosimilitud en función de que es la ciencia la que lo presenta, es decir, el discurso triunfante de la Modernidad occidental. Como fuere, en esta versión Godzilla sería una cruza o híbrido -no sabemos bien cómo podría haber sucedido, y tampoco queremos averiguarlo...- entre alguna forma de tiranosáurido y alguna otra de estegosáurido. Sí, así como suena.

Recuerdo haber disfrutado mucho de esta película cuando niño. La compré en VHS con mi madre, en alguno de los muchos locales especializados que había sobre la calle Junín -y que aún siguen estando, volcados casi todos ellos al formato DVD. En un tiempo sin internet, y con la inocencia propia de la más tierna infancia, descubrir una película en la que los dos más importantes monstruos se enfrentaban fue como encontrar un tesoro. En ese sentido, cabe aclarar que aquello de "las dos versiones del film" (una en que ganaba la contienda la bestia norteamericana y otra en que el vencedor era el saurio nipón) es tan sólo un mito del mundillo, una bella leyenda que habrá hecho desesperar a más de un fanático en interminables búsquedas de la cinta perdida, como si de El Dorado del cine B se tratase. Mientras esperan la salida de la nueva versión de esta colosal batalla -en 2020-, los invito a ver esta bizarra joyita para averiguar por su cuenta quién es el ganador.

Destroy All Monsters (1968)

La era Showa está plagada de entregas francamente olvidables, con diálogos entre los monstruos como el momento más absurdo y tristemente desopilante de la franquicia, sin mencionar las patadas voladoras. Sin un gran guión y orientada fundamentalmente a un público juvenil, Destroy All Monsters es una de las películas más pasables de este periodo.

Ubicada en el futuro inmediato, la película corta todo lazo de continuidad con entregas anteriores. Estamos en el año 1999 y la humanidad ha logrado capturar y recluir a todos los kaiju en una isla cercana a Japón, donde viven en una suerte de nuevo y monstruoso ecosistema, sin representar una amenaza para la Tierra. Previsiblemente, una raza de alienígenas -los Kilaaks- toma control de las mentes de los científicos que trabajan en la isla, apoderándose de los kaiju y lanzando un ataque sobre las ciudades más importantes del mundo.

La acción se desarrolla en la persecución de estas formas de vida extraterrestres, la liberación de los científicos y la decodificación del sistema de control sobre los kaiju quienes, dominados a partir de entonces por los humanos, arremeterán contra los invasores para salvar a la Tierra. En el medio, el punto álgido del film -y la principal razón por la cual entra en esta lista-: la desigual batalla de todos los monstruos de la Tierra contra King Ghidorah, una violenta lucha de catch que no excluirá puñetazos y patadas, sin contar la poco honorable pisoteada de cabeza por parte de Godzilla. La Toho se daba el gusto de juntar a todos sus kaiju en una única pelea, ¡y vaya que le rindió! Como King Kong vs. Godzilla, se trata de un film que todo fanático del cine B debe mirar.

Heisei Era (1984-1995)

Godzilla vs. Biollante (1989)

En contra de lo que muchos fanáticos opinan, Godzilla 1985 (que intentó ser una remake de la original pero utilizando los argumentos de aquella como telón de fondo, es decir, borrando todas las otras películas de la continuidad y remitiéndose únicamente a la versión de 1954) es un film bastante mediocre en la era Heisei. El diseño del saurio gigante -con unos ridículos ojos saltones- francamente tampoco ayuda.

El film que le siguió, Godzilla vs. Biollante fue un fracaso de taquilla. A contrapelo de esos criterios cuantitativos, se trata, en mi opinión, de uno de los mejores de toda la filmografía, y quizás mi favorita de la era Heisei.

El aspecto de nuestro kaiju favorito vuelve a ser atemorizante -quizás no lo había sido desde 1954-, la historia es sólida argumentalmente, y el enemigo a enfrentar es de un diseño excelente y francamente original. No así -quizás- la explicación de su origen, algo cliché: en búsqueda por elaborar una fórmula biorrestaurativa que haga de los desiertos grandes bosques y acabe así con el hambre en el mundo, un científico cruza una rosa con tejido de Godzilla. El resultado de esta suerte de primo deforme y malvado de la Cosa del Pantano es una planta gigantesca -que recuerda en mucho aquella devora-hombres del clásico La Tiendita de los Horrores pero con esteroides- que le pelea al Rey de igual a igual. Para terminar de complicar las cosas, el espíritu de la hija del científico habita a Biollante, con lo que se complicará la trama, en clave de fantasía espiritista.

En retrospectiva, esta película y la anterior mostraban el intento de la era Heisei: volver a historias más oscuras y adultas, alejadas de las peleas coreografiadas y los kaiju parlantes, algo que pronto se dejaría de lado o, al menos, se atenuaría.

Godzilla vs. King Ghidorah (1991)

Disfruté mucho esta película cuando era un niño. Recuerdo que la recibí como regalo de Navidad junto con Godzilla vs. Biollante y que quedé deslumbrado por la ilustración de la tapa. Mi madre las compró en el hoy desaparecido Camelot, cuando los VHS importados costaban lo que hoy cuesta un BluRay. Mucho.

Desde niño me apasionó siempre el tema de las continuidades. Fantaseaba con poder aunar en una única línea temporal todos los sucesos, con poder hacer coincidir todas las explicaciones del origen de Godzilla en una sola. Sí, algún problemita con el orden ya tenía en ese entonces. De cualquier modo, así como King Kong vs. Godzilla me ofrecía una explicación, el film de 1991 me brindaba otra distinta, y una bastante espectacular, que involucraba viajes en el tiempo, bombas atómicas más poderosas que las de la década del '50 y a Godzillasaurus, el dinosaurio que habría sobrevivido desde tiempos inmemoriales y que sería mutado nuclearmente hasta convertirse en Godzilla.

La película también relanzaba a King Ghidorah, pero esta vez con chapa y pintura, pues (luego de ser vencido en el film por Godzilla) aparecía con una suerte de armadura cyborg. Vale aclarar que son los años de Terminator: los viajes en el tiempo y los androides son moneda corriente y se escabullen incluso en películas con monstruos gigantes.

Godzilla vs. King Ghidorah es una película más orientada a un público juvenil que la de Biollante, lo que no la hace menos entretenida. La explicación del origen del Rey de los Montruos quedará como definitiva, al menos hasta su muerte en la película de 1995, Godzilla vs. Destroyer.

Millenium Era (1999-2004)

Godzilla, Mothra and King Ghidorah: Giant Monsters All-Out Attack (2001)

Tras la fallida reanimación del monstruo a manos norteamericanas -de la cual hablamos aquí-, la Toho volvía a lanzar a su monstruo favorito, en una película francamente mediocre con un título no precisamente original: Godzilla 2000. El film abría la serie Millenium, en mi opinión mejor que Showa y un poco peor que Heisei. La elección de esta película dentro de la saga Millenium es quizás la más arbitraria de la lista.

Sin embargo, Giant Monsters All-Out Attack es un film interesante en la saga pues plantea un origen alternativo de Godzilla, conectándolo de manera original con la primera entrega y su intención, borrando además a todas las otras de la continuidad. Los accesorios nacionalistas vienen incluidos con su compra: el rey de los monstruos sería algo así como la materialización de las almas de los japoneses muertos en combate durante la Segunda Guerra Mundial. En el medio, batallas varias entre hombres vestidos de monstruos que incluyen, además de los tres del título, a Baragon, típico segundón que nunca aparece en los créditos. Con respecto a Mothra y King Ghidorah, por cierto, la tradición de juntarlos -a ellos o a alguna de sus múltiples iteraciones- era ya un clásico para la Toho: basta revisar la trilogía Rebirth of Mothra (1996-1998). Esta vez, sin embargo, trabajan juntos para detener a Godzilla en su avance contra Japón.

Godzilla: Final Wars (2004)

La cereza del postre. ¿Cuál es la mejor manera de coronar 50 años de historias delirantes, de insuperable kitsch de factura nipona, de coreografiadas peleas entre monstruos gigantes que a las claras son hombres disfrazados, de alienígenas invasores con maquiavélicos planes de dominio mundial, de múltiples fuerzas especiales terrícolas que intentan utilizar a los monstruos para su conveniencia? ¡Poniendo todos esos elementos en una misma película, pero al cuadrado!

Si te interesa Godzilla como fenómeno cultural y sólo estás dispuesto a mirar dos películas para tener un pantallazo general, que sean la de 1954 y esta. La tragedia y el espectáculo. Godzilla: Final Wars es un festival de buenos momentos, que busca no dejar nada afuera. Tanto es así que es una de las películas más largas de la franquicia: 2 horas y monedas. De algún modo, Final Wars es una suerte de remake de Destroy All Monsters, pero con buenos efectos especiales y muchísimo más entretenida y en la que habrá de todo: no sólo encarnizadas peleas entre prácticamente todos los monstruos durante los 50 años de franquicia -¡e incluso monstruos nuevos!-, sino también extraterrestres capaces de controlar a los kaiju -a excepción de Godzilla, quien será el ambiguo salvador de la Tierra una vez más. A ello debemos sumarle varios cameos de viejos actores, y grupos comando en defensa de la humanidad integrado por mutantes con superpoderes que pelean con coreografías robadas indiscriminadamente de Matrix. Como dato de color tenemos la integración de Zilla -la versión del legendario saurio a cargo de Emmerich- al Universo de la Toho, que durará apenas unos segundos.

Pese a todo ello, Godzilla: Final Wars fue un fracaso de taquilla y confirmó a la Toho la necesidad de poner al que una vez fuera la gallina de los huevos de oro en el banco de suplentes por un tiempo... Hasta diez años después, cuando su relanzamiento a cargo de Legendary pusiera de nuevo la máquina en movimiento. Así, a escasas horas de su estreno en Japón -y mientras ya se recibieron las primeras críticas tras la avant premier (verdaderamente promisorias), y los fanáticos de este rinconcito del globo esperamos ansiosos por saber si Argentina estará entre los 100 países anunciados como destinatarios de la distribución de la cinta-, podemos especular sobre el film admirando alguno de los cuidados trailers, o -aquellos no tan fanáticos- mirando alguna de las películas que he recomendado o cualquiera de las otras casi treinta de la franquicia, deseando que la nueva versión repita el éxito de su contrapartida norteamericana de 2014. Quizás así logremos otro fabuloso reinado de 50 años...