No country

Voy a asumir, que, como lectores de esta página, una gran parte de ustedes tienen problemas de diversa índole con las traducciones al Castellano a las cuales accedemos (sufrimos) como espectadores o lectores argentinos.

Golpetazo Yendo desde traducciones que desvirtúan por completo el titulo original cambiándolo en todas sus palabras (Speed/Máxima velocidad) hasta aquellas que parecen adaptar expresiones idiomáticas literalmente en lugar de tener o siquiera intentar una traducción tendiente a proponer la significación mas cercana a lo dicho. Sin embargo, el más insidioso de esos cambios es aquel que, a pesar de mantener el significado en apariencia, va más allá de lo que el titulo original requiere.

Limando, ocultando o allanando ciertas finezas o sutilezas oculta en estos títulos, estas traducciones ponen todo sobre el tapete impidiendo (en lugar de invitar) toda posible segunda lectura, toda necesidad de repensar la película a través del prisma que el mismo titulo propone (Nos viene a la cabeza el titulo que recibió el libro de Patricia Highsmith "Ripley's Game", que termino transformándose en "El amigo americano", en su versión en castellano).

"Sin lugar para los débiles" tiene esta (mala) suerte. Pero, antes de meternos en ello, un poco de historia: Novela escrita por Corman Mc Carthy en el año 2005, marco la primera ola de títulos del autor que terminaron siendo adaptados a la pantalla grande (La infinitamente oscura "The Road" y "El abogado del Crimen", en donde directamente escribió el guión para una constelación de estrellas del calibre de las Ocean's el numero que sea).

The Road Con una hojeada a su trabajo no resulta difícil entender porque Hollywood se interesa en sus historias. Temas como las relaciones filiales, el modo en que el mundo cambia alrededor de los personajes o las pasiones humanas en su totalidad están en ebullición constante en toda su obra.
Y sobre todo ello está la violencia. Pero ya llegaremos a esto.

En principio la novela está formalmente construida con una prosa de frases cortas y punzantes, descripciones minimalistas y diálogos ajustados al milímetro tensada entre lo que se dice y lo que se elige no decir ("Dile a mi Madre que la quiero". "Tu Madre está muerta". "Entonces se lo diré yo".); no parece haber en Mc Carthy una palabra de más en la construcción de la novela.

Lo que podemos notar inmediatamente en el libro es la separación entre dos narrativas diferentes. La primera (que no es la primera en aparecer) se corresponde con una narración en tercera persona que habrá de contar el grueso del libro y se corresponderá con la historia de la fuga constante de Lowelyn Moss (un veterano de Vietnam y soldador de un pueblo fronterizo) quien cree haber encontrado un "Tesoro", en la forma de un maletín de dinero producto del trafico de drogas, para darse cuenta de que sólo ha atraído la atención de Antón Chigurn, un cazarecompensas, tan implacable como la muerte misma que no cejará en su misión de cazarlo, cueste lo que cueste.

No Country

La segunda de estas narrativas, contada en primera persona; se corresponderá con las memorias (que incluso podrían ser parte de un diario) del Shériff que seguirá, unos pasos detrás, la persecución que sucede en la Narrativa primaria.

Estas memorias no tendrán un hilo de peripecias (aunque algunas continúan de una a otra) sino que servirán como forma de pintar el contexto en el cual el Sheriff Bell se mueve y, a través de distintas reflexiones, compararlo (ya sea que lo sepa o no) con la época de "Los old timers" los antiguos Sheriff, o representantes de la ley que vivían en el pasado. No es extraño encontrar que estas partes comiencen con la remembranza de algo en particular y esta se conecte con el actual estado de cosas.

Sheriff

Tal vez, esto no sea más evidente que en el mismo principio de la obra; cuando el Sheriff cuenta sobre la única vez que envió a una persona a la silla eléctrica y, más importante aún, la razón por la que lo hizo; la falta de humanidad en este chico que desapasionadamente había matado a su novia y, de poner un pie en la calle nuevamente, confiesa que lo volvería a hacer.

Inmediatamente, esta historia habrá de conectarse con la mención (como un "Profeta de la destrucción") de Chigurn y se espejara en el capítulo inmediatamente siguiente en la violencia que Chigurn desata de la nada en los consecutivos asesinatos del ayudante y del dueño del auto que necesita. Una violencia que será, también la que estructure tematicamente a la obra y, una vez mas, se ramifique en dos tipos:

La violencia como autónoma, como un espacio vacío para rellenar. Esta manifestación se encarna primariamente en el personaje de Antón Chigurn. Si leemos la obra con cierta atención, la violencia que este desata está exenta de pautas que lo comanden en el camino hasta este objetivo, que es mas un McGuffin que una realidad en si. De modo más simple, no hay reglas sobre lo que puede o no puede hacer para recuperar la maleta del dinero y, consecuentemente, Chigurn pasa como un vendaval de muerte y destrucción por donde sea que su camino lo lleve.

De hecho, su arma por definición (un aparato diseñado para matar reses) no hace más que deshumanizar cada vez más el acto violento (tanto de víctima como victimario). Símbolo más evidente de lo caótica y apartada de las reglas que es la violencia en esta obra, es la moneda que decide el destino de aquel que esté en el desafortunado lugar de contraponerse a Antón.

Como si fuera una trampa de la esperanza; la moneda representa un orden engañoso desde el momento en el cual toda decisión parece presentar algún tipo de control sobre el propio destino, cuando bien sabemos que es el Caos el que decidirá sobre el veleidoso resultado de la moneda. Los hombres no tenemos control sobre ello y, por ende, no tenemos control sobre los actos asesinos de Chigurn. Sólo podemos ver como la violencia se desenvuelve ante nuestros ojos.

Razón tiene entonces Wells cuando compara a Chigurn con una enfermedad; Impersonal y casi indetenible, Chigurn es más un patógeno destructivo que un hombre, como el propio Mc Carthy ha dicho alguna vez, es una "fuerza de la naturaleza" que emerge para cumplir su objetivo y luego vuelve a la tierra, como un avatar de destrucción cubierto de la sangre de sus víctimas.

En el final esta caracterización de Chigurn terminara por volverse mucho mas autónoma cuando lleguemos al punto en que su vorágine de violencia destructiva habrá de funcionar, ya sea que el exista o no. Así, con el sicario huyendo, quebrado y lastimado, la violencia que encarnó a lo largo de la película estará destinada a funcionar por si misma y a perpetuarse en un ciclo sin fin que derrumba todo a su paso y que termina encarnada (o hecha objeto) en el arma que deja Chigurn en su auto y que, tomada por los jóvenes, seguirá moviéndose a través de una serie de crímenes violentos (Asaltos, asesinatos) hasta por fin terminar en las manos del Sheriff.

La segunda forma en que la violencia aparece en la obra es mediante la elición. Es decir, la forma no mostrada (no contada) de la misma, que de algun modo enmarca el texto; en primer lugar porque no somos testigos del trato que da inicio a las peripecias de la obra (el intercambio de las drogas), solo de lo que ha quedado detrás (Mexicanos y Narcos muertos por doquier). Es interesante notar que el destino de Llowelyn queda sellado cuando intenta hacer una obra de bien y no dejar que las consecuencias de la violencia sigan su curso.

Mas interesante aun, es la ausencia del conflicto final que la novela parece construir a lo largo de toda su extensión. Es decir, para cuando esperamos el enfrentamiento final entre Chigurn y Moss, el mismo queda coartado por la intervención de los mexicanos, una tercera parte del conflicto que hasta ese momento parecia tangencial.

En ese cuarto de Hotel donde Lowelynn conoce su fin, lo que queda es una expectativa que solo se encuentra con un vacío de sentido. Magistralmente, el sentido último que da la narrativa se muestra aquí quebrado, vacio, como si la naturaleza misma de la violencia no pidiera permisos; como si su carácter caótico, destructivo e indomable se hubiera filtrado hasta el armado, el andamiaje, del libro en si, privandonos de algo que parecia ser el objeivo de toda la construccion.

Pues bien, dicho esto podemos podemos volver a la larga introducción que hice con respecto a las traducciones de los títulos; donde ese "No Country for old men", al transformarse en "Sin lugar para los débiles" pone en juego la hipótesis principal que recorre la novela: este mundo habrá de comerse, de destruir y enterrar a los que no puedan defenderse, a los "Débiles" del titulo.

Sin embargo, y como ya habíamos dicho antes, este título deja de lado una de las sutilezas mas interesantes del original y que se relaciona con el tema del paso del tiempo y el acercamiento de la vejez y la muerte.
Como ya hemos visto mas arriba, los capítulos pertenecientes a la narración del Sheriff parecen añorar una especie de "Época dorada" donde hasta la violencia y el crimen estaban pautados por reglas o al menos, creíamos que tenían un sentido o una explicación.

Sin embargo esto no es así; y es en la escena donde su Tio cuenta la muerte de su abuelo a manos de forajidos, donde se pone la narrativa del Shériff bajo otra perspectiva, al tensar sus preconceptos al punto de tener que reveer el contexto creado por estos capítulos insertados que hemos leído a lo largo de la historia.
Todo ese universo construido como contrapartida de la espiral de violencia que nos narra en las peripecias de Lowelynn y Chigurn y compañía se vendrá abajo.

El pasado idealizado del Sheriff, aquel de los viejos (old Men) y de los jóvenes y criminales siguiendo códigos; se derrumbara con un tiro por la espalda y dos disparos de escopeta tirados un centenar de años antes de que siquiera empiece la historia, con la lapidaria frase del Tio en cuanto a la muerte de un pariente lejano: "Ella salió corriendo y trato de parar la hemorragia. (..) Dijo que el solo quería agarrar otra vez la escopeta". Todo en 1879.

Cien años antes; La violencia sin sentido ya estaba ahí. Y al contrario de lo que el Shériff se resiste a creer: El país nunca fue para los viejos. En el final, será el inconsciente del comisario aquel que cierre la obra y demuestre que instintivamente ha aceptado la verdad propuesta por el libro desde el mismo titulo. Todo esto se lograra a través del segundo sueño, cuyo significado simbólico funcionará como cierre temático de las dos partes del libro.

Aquella en primera persona y aquella en tercera, se unirán en ese paseo a caballo donde el Shérif buscará la luz perdida del entendimiento, de la confianza, de la bondad, de la humanidad al fin. Pero que siempre despertara antes de alcanzarla.