1

El ciberpunk imaginó, en los ochenta, un futuro donde las fronteras entre Estado y corporaciones son difusas o directamente no existen. Donde las fronteras entre el ser humano y la máquina son difíciles de determinar. Donde el acceso total a la información mediante una red global a la cual cada individuo está conectado es constitutiva de ese mundo. Donde la división entre terrorismo y hackers no existe. Un mundo difuso donde la tecnología y el ser humano forman una unidad simbiótica que redefine los límites de ambas dando paso a un nuevo nivel de la cultura humana.

Pese a ser la visión de un futuro de ficción especulativo, el ciberpunk resuena como una predicción sobre un futuro posible e inmediato al cual nos acercamos a toda velocidad. Pensemos por un segundo los ribetes del caso Wikileaks. Chelsea Maning, un marine norteamericano transgénero, filtra 91.731 cables secretos del ejército norteamericano sobre la guerra de Irak y Afganistán y los pone a disposición de cualquiera con una conexión a Internet. Podría ser el argumento de una secuela de Ghost in the Shell.

No estoy diciendo nada nuevo si señalo el cambio brutal que significó la aparición de Internet sobre la superficie del planeta tierra. Ni de como cambió por completo la fisonomía del espionaje global y sobre todo la forma del espionaje en Estados Unidos a raíz de la aparición de un tsunami de terabytes de datos. Después de los ataque del 11 de Septiembre, la CIA y la NSA (National Security Agency) reconocieron que el enemigo estaba adentro del territorio norteamericano y que el gobierno no tenía capacidad operacional para detectarlos. El nuevo escenario requería nuevos métodos.

A raíz de los atentados el Congreso norteamericano aprueba el Acta Patriótica por abrumadora mayoría. La ley dotó al gobierno de las herramientas legales necesarias para combatir al nuevo enemigo: el terrorismo. Sin embargo, el Acta pasó por encima derechos civiles básicos, como la protección de la información y la privacidad de información sensible de cada individuo ligada a sus comunicaciones. La mera sospecha de que dicho individuo puede tener una conexión con un grupo terrorista es argumento suficiente para espiarlo.

Esta ley cambió por completo el enfoque de las libertades civiles en el marco de la democracia liberal. La seguridad quedó por encima de la libertad y pasó a ser el derecho más importante a garantizar, incluso si eso implicaba violar la Constitución. No estoy diciendo nada nuevo. Este es el estado de cosas desde el 2001 y tiende a profundizarse. La tensión entre seguridad y libertad es el principal problema al interior de la democracia y marcará la fisonomía de los tiempos por venir.

2

Para cumplir sus por entonces nuevos objetivos, la NSA construyó un enorme centro de almacenamientos de datos que costó $1.3 mil millones de dólares en Bluffdale, Utah. Todo lo que pasó ahí adentro como en otras dependencias de la NSA estaba sujeto a miles de teorías conspirativas hasta que apareció Edward Snowden. Snowden -un empleado tercerizado de la NSA- reveló en Junio de 2013 una catarata de información relacionada con las tareas de espionaje de la NSA en las cuales dio pruebas fehacientes de que la agencia recolectaba información no sólo de aquellos sospechados de vínculos terroristas sino de cualquier ciudadano de Estados Unidos y casi de cualquier persona en el planeta a través de los programas informáticos PRISM y XKEYSCORE. La ventaja con la que contaba la NSA para llevar a cabo el espionaje era que la arquitectura de Internet daba lugar a que gran parte del tráfico de la información de la web pasara por servidores yanquis. Información que, al no estar encriptada, era fácil de recolectar mediante un método sencillo: pinchar el caño. Es decir que, con acceso a la red del proveedor de Internet (Verizon AT&T), la NSA recolectaba millones de datos sobre comunicaciones telefónicas, mails, chats y demás plataformas de comunicación como ser Facebook, Twitter y Google.

La NSA no se concentraba en el contenido de esa información, sino en los metadatos. Los metadatos son la información referida no al contenido de los mensajes sino a parámetros como la duración de tus conversaciones telefónicas, desde qué lugar llamaste y con quién hablaste. A la NSA no le importa el contenido. Los metadatos no mienten. Tus patrones de comunicación, movimiento, navegación por Internet. Datos que pueden parecer triviales si no fuera por lo los dichos del ex director de la NSA, Michael Hayden, en Abril del 2014 durante una conferencia en la universidad John Hopkins que se puede ver en el link de Youtube más arriba: "nosotros matamos gente basados en metadatos". El programa utilizado para conseguir esta información (XKEYSCORE) tiene cerca de 150 servidores en todo el mundo. México, Brasil, Reino Unido, España, Rusia, Nigeria, Somalía, Pakistán, Japón, Australia y Nueva Zelanda son algunos de los países que cooperan con la NSA. El problema excede ampliamente la jurisdicción de Estados Unidos. El problema es global.

Acorde a lo testimoniado por Snowden "cualquier ingeniero con acceso básico a XKEYSCORE puede abrir cualquier mail que quiera, escuchar cualquier conversación telefónica, revisar historiales de navegación y abrir documentos en cualquier computadora; todo eso sin necesidad alguna de recurrir a un juez, ni siquiera se necesita aprobación de un supervisor". Pese a haber desnudado por completo los mecanismos de recolección de información global de la NSA, haber dado precisa evidencia del espionaje americano incluso a sus propios aliados como Ángela Merkel, el tema parece importarle poco a la opinión pública.

El espionaje informático es la clave de una nueva geopolítica. Sino, pensemos por un segundo en el reciente caso de Panama Papers. Un grupo de "hackers" (guiño, guiño) se roba la información del estudio de abogados más importante de Panamá. El paraíso fiscal latinoamericano por antonomasia. Los "hackers" le dan la información a un consorcio de periodistas y organizan el fusilamiento mediático. El escándalo se hace global con renuncia un primer ministro incluido. Ninguno de los políticos implicados en el escándalo es Norteamericano.

3

Este cambio aparece como síntoma en la cultura pop. La invasión de películas de superhéroes tiene que ver con este cambio de paradigma. El superhéroe ¿no es acaso un poder supranacional que se encarga de garantizar la seguridad del país/ciudad/barrio al que pertenece? ¿No son los superhéroes una metáfora de los servicios de inteligencia?

Pensemos en el super tanque del año pasado Avengers 2 “Era de Ultron” del director Joss Whedon. La película plantea la misma dicotomía que rige hace una década la democracia: un mundo seguro o un mundo libre. Tony Stark tiene una obsesión: volver al planeta tierra un lugar seguro. Para ello concibe una inteligencia artificial cuya misión es proteger la tierra. La IA se va de mambo y se convierte en el villano de la película que quiere destruir a los Avengers y a la humanidad. El director, reconocido fanático de los cómics, introduce el problema fundamental que viene persiguiendo a los superhéroes desde la década del '80 y que aún no se pudo resolver ¿Porqué los superhéroes están por encima del orden democrático?

El problema lo planteó Alan Moore en una de sus tantas obras maestras, Watchmen. Una obra fundamental porque desarma el concepto de superhéroe. Porque lo analiza mediante el planteo de su problema fundamental, el cual estuvo oculto durante largos años: ¿quién vigila, controla, juzga, las acciones de los superhéroes? Si uno escarba un poco abajo de la superficie bonachona y moralmente pulcra del concepto de superhéroe se verá que hay un agujero negro en esa concepción: el superhéroe está por encima de la sociedad, no acepta las leyes que ésta le impone y trabaja en el anonimato. Trabaja de la misma forma que una agencia de inteligencia.

No da explicaciones a nadie por sus acciones. No está bajo la ley. Están por encima de los Estados nacionales y las constituciones, que rigen a dichos Estados. El gran acierto de Alan Moore fue señalar que los superhéroes funcionan como una metáfora del espionaje y la inteligencia. El concepto mismo de superhéroe es un concepto autoritario. No es casualidad que el principal atributo del superhéroe es la fuerza y la destreza física. La fuerza que, en definitiva, es el principal modo de coerción. Tampoco es inocente que los superhéroes escondan su identidad del resto de la sociedad igual que un espía o un agente de inteligencia. La opacidad de la identidad en ambos casos es la garantía de la operacionalidad y de la impunidad. Por eso el principal argumento de Civil War, que pronto veremos en el cine pero en su versión edulcorada, es sobre el Acta de registro de los superhéroes en la cual deben inscribirse en un registro gubernamental y exponer su identidad secreta.

El tema principal es si estos deben o no estar bajo la órbita estatal. Conflicto que dividirá al Capitán América, que va a defender a rajatabla la libertad de los enmascarados, contra Tony Stark, que defenderá el bando gubernamental. La lectura inicial y amena del super-evento puede hacernos creer que el Capitán América es el inocente en la disputa, el defensor de la libertad y la verdadera democracia. Pero después de entender cómo funciona la inteligencia de Estados Unidos a la luz del caso Snowden, la lectura se invierte. El Capitán América es el símbolo prístino del fascismo ¿Por qué? Porque el Capitán exige para su bando las mismas prerrogativas de las agencias de inteligencia: identidad secreta y estar por fuera, o encima, de la autoridad estatal. En ese sentido, Tony Stark representa la voluntad del Estado de someter a esos poderes a la esfera de un Estado democrático. Esta inversión, no buscada ni imaginada por el autor, desenmascara el trasfondo ideológico de los cómics de superhéroes. Ideología desenmascarada con maestría años antes por el mago del caos, Alan Moore.

Alan Moore le dio en el clavo al problema del superhéroe y esto, lejos de matar al género, lo fortaleció. La popularidad acumulable de los cómics fue creciendo tras los años hasta que se volvió una fuente inagotable de historias para una industria como Hollywood que agoniza en búsqueda de una nueva narrativa, o al menos una nueva fuente de historias. Pese a que durante años los cómics fueron considerados como un entretenimiento menor o marginal, a principios de los 2000 incursionaron en el cine mainstream con diferentes niveles de éxito. Cuando Disney compró Marvel pasaron a ocupar el eje central de la máquina de entretenimiento más grande del planeta. Son parte del núcleo de la industria cinematográfica.

¿Podemos conectar el auge y crecimiento del cine de superhéroes con el cambio de orientación en la política de seguridad de Estados Unidos? No. Es indemostrable. Lo que sí podemos remarcar es que este tipo de cine funciona como metáfora de este problema. Nada más. Ni nada menos.

4

El nuevo orden post 9-11 reconfigura las prioridades de la democracia volviendo el núcleo del poder opaco e inaccesible. La función de la nueva vigilancia es incompatible con el sistema democrático. El poder es asimétrico, porque, mientras que el ciudadano común esta sometido al imperio de la ley, el propio gobierno no lo está por definición. El truco de la inteligencia es la de trabajar en secreto y por fuera de la propia legalidad estatal. Como los superhéroes.

La seguridad aparece como prioridad número uno ante la posible amenaza de liquidación del propio Estado. Entonces la garantía de un Estado seguro, es decir la inteligencia, se vuelve condición de posibilidad de la existencia del mismo Estado. Todos los derechos quedan en segundo lugar. La nueva vigilancia supone un estado de sitio permanente donde la única prioridad es la seguridad. Y a nadie parece importarle.

Porque este tipo nuevo se monta en nuestra propia exposición en la arena virtual. Internet es la ventana indiscreta por la cual puedo ver qué hacen los demás y donde los demás pueden verme a mí. Las redes sociales son el nuevo escenario donde todos somos actores y público al mismo tiempo. Puedo espiar a mis compañeros de trabajo o la chica que me gusta. El precio de estar todo el tiempo mirando a los demás es que uno también pasa a ser constantemente mirado. Entonces, la privacidad pierde valor. La privacidad comienza a parecer un resabio de una cultura obsoleta.

El mundo se mueve hacia un futuro incierto y nosotros ya aceptamos los términos y condiciones.


Nota originalmente publicada el 26/04/2016 en el blog del autor, Vdpraxis

Juan Ruocco. Nació en 1987. Vive en Agronomía, un hermoso barrio lleno de árboles y plantas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Es guionista y estudia Filosofía. Anda en patineta, dirije la Revista Velociraptors y escribe, cada tanto, en el Suple No de Página/12.