(explota de spoilers)

Hay dos cosas que me sorprenden de la recepción de Stranger Things en el público. Son sensaciones propias y de amigos pero que también he encontrado en críticas hechas en lugares perdidos de Yanquilandia. La primera es la sensación de estar satisfecho. Como quien acaba de comer un plato delicioso y sabe que podría comer más pero que también podría no hacerlo y estaría bien porque lo que le sirvieron en la mesa fue como esperaba y mejor.

La segunda sensación es de preocupación por el futuro. ¿Qué nos deparará la segunda temporada? Ciertamente todos aquellos a los que nos gustó la primera la veremos, pero eso no quita que la sensación que la secuela no va a estar al mismo nivel se encuentre replicada en un montón de lados y en un montón de gente. O incluso peor, de que sea algo que se haga sin ningún tipo de amor y solamente sea un burdo intento de estirar el éxito obtenido en este año. Es decir que nos encontramos satisfechos por lo que acabamos de ver pero preocupados por lo que veremos.

El temor a que lo “arruinen” en la segunda temporada tiene dos puntos que lo hacen entendible: por un lado no sería la primera vez que frente a un gran éxito (sobre todo uno inesperado) empiezan a ganar peso ciertas voces conservadoras del mundo ejecutivo de las productoras que plantean la vieja cuestión de "¿por qué cambiar algo que vendió tan bien siendo como es? "

El resultado de esa lógica ya lo conocemos mucho, lleva a copiarse a sí mismo y a ofrecer un simple duplicado a destiempo en lugar de algo que continúe una historia apropiadamente. Ejemplos de continuaciones o secuelas que no aportaron nada nuevo o que no supieron cambiar el tono narrativo de su predecesor y que por eso el público las rechazó hay muchos y no tiene tanto sentido ahondar en ellos (así que zafaste Wayward Pines 2). Por todo esto, el punto “tengo miedo que Netflix la cague” puede ser válido.

El segundo punto que da fuerza a la preocupación por el futuro por Stranger Things es más interesante desde el punto de vista cinematográfico y refiere al tono narrativo. ¿Puede sostenerse por otra temporada más de este inteligente homenaje a la cinematografía de los años ochenta y a sus historias? ¿Acaso no sería como si E.T. tuviera una segunda parte? ¿Cómo sostener la atmósfera de suspenso y la intriga al final de cada episodio si ya nos develaron de qué se trata aquel experimento del gobierno que salió mal? Ya sabés que era un monstruo de otra dimensión, y lo mataron ¿ya está, no?

Bueno ocurre que no, y eso es lo que creo que nos permite darnos cuenta de lo que hizo muy bien esta primera temporada. No nos contó casi nada. Quedan un montón de preguntas y de cuestiones por resolver. ¿Qué sabemos de ese otro mundo? ¿Qué piensa hacer el gobierno con ese experimento que salió mal, y con ese descubrimiento? ¿Qué va a ocurrir en ese pueblo ahora que saben que tienen un bosque del que salen monstruos? ¿Cómo van a explicar que hubo un velatorio de un niño que apareció ahogado pero que resultó estar vivo? ¡Y ni siquiera empezamos a preguntarnos por el devenir de los personajes! Aunque es posible que la historia continúe con otros (yo lo lamentaría mucho), las posibilidades que tiene para continuar esta trama son muchas.

Eso nos lleva a lo importante: Stranger Things nos dejó a todos satisfechos con una sola temporada a pesar de que no nos ha respondido un montón de preguntas: ¡De hecho, en ningún momento cerraron el portal a la otra dimensión, con lo cual la cuestión está lejos de terminar allí! Eso es el resultado de una buena narrativa, de saber contar una historia, de saber plantear los problemas a los que se enfrentan los protagonistas y contarnos cómo intentan resolverlos.

Esta serie no recurre a estirar los misterios de forma innecesaria, ni a dejarte manija con algo al final de un capítulo para después decirte que era una boludez pero que bueno, sirvió para que sigas mirando un episodio más, tampoco presenta un misterio gigantesco que se complica en cada episodio hasta que finalmente se les va de las manos y no saben cómo explicar lo que fue ocurriendo al final (hay que dejar de robar con Lost por lo menos dos años). Se trata de la justa información para que vos JUNTO a los personajes vayan descubriendo de qué se trata la cosa.

Lo que convierte en un éxito a la serie es una narrativa que se disfraza de lo que no es. Parece ser una historia conocida de antemano por todos al utilizar tópicos clásicos de las películas que crecimos viendo (Spielberg fundamentalmente). Pero cuando todos esperábamos que sea otra historia del área 51 se sale con otra dimensión. El uso de los clichés es un ejemplo de esta cuestión: Lo suficiente como para que ciertos personajes nos resulten familiares pero no excesivos como para que no nos sorprendan.

Tanto el personaje del jefe de policía como el noviecito popular y carilindo de Nancy salen de los roles habituales de sus personajes y se meten en el medio de la acción. Es una historia que apenas empezó, apenas estamos viendo las consecuencias del choque de estas dos dimensiones. Una historia grande disfrazada de una historia sencilla. Que se vende como historia sencilla y que triunfa como tal pero que no lo es.

El desafío para los realizadores fue y será congeniar el tono de misterio pequeño en una localidad pequeña y aislada con personajes que son gente común, con la historia del primer contacto entre estos dos universos y los secretos en las altas esferas del gobierno.
La historia puede seguir, la cuestión es cómo.

Paradójicamente, todos nos quedamos contentos por lo que nos contaron que fue poco y estamos preocupados porque dicen que nos quieren contar más. Aunque suene raro eso es el resultado de algo meritorio que hacen los hermanos Duffer, saben contarte una historia.

Sebastián Prego

Nacido en una provincia que no conoce. Autor de una súper increíble obra que nadie leyó ni va a leer y que no existe, se entretiene criticando al mundo pero sobre todo a las películas.