Alguien mucho más viejo, mucho más inteligente y, según recuerdo, mucho más muerto que un servidor dijo alguna vez: “la poesía dejo de ser hermosa cuando la gente comenzó a estudiarla”. Parafraseo, por supuesto, porque soy muy vago para buscar la fuente original (en el caso de que exista, y no sea yo su autor en alguna afiebrada noche de drogas clínicamente prescritas); pero el quid de la cuestión, merece, si bien tal vez no una aceptación inmediata (me resultaría extraño que alguien no quisiera discutirla con argumentos muy válidos), una mirada que la tenga en cuenta a la hora de munirnos de herramientas conceptuales para pensar las obras que llegan a nuestras manos.

Siendo más simples: el estudio, la reflexión, el desmonte de las obras en las partes que las estructuran, la búsqueda infinita y contra viento y marea de las ideas que le dieron la vida o sobre la cual se construen, el análisis pormenorizado de las realidades contextuales (tanto históricas como autorales) que le dieron, o permitieron, su existencia; todos trabajos que un buen “lector” debería de realizar para con las obras artísticas a las que accede tarde o temprano, terminan por absorber la alegría, la novedad y, muchas veces, la pasión de aquello que estudiamos.

Entrando en el terreno de las metáforas; es como mirarse mucho tiempo seguido en el espejo, tarde o temprano llegará el momento donde no habremos de ver nuestro reflejo, sino una yuxtaposición de formas al azar que ocupan el lugar de lo que solíamos llamar "cara". Hemos buscado tanto y tantas cosas que hemos perdido de vista a la obra en su totalidad intrínseca.

Afortunadamente, no siempre ocurre esto: existen iluminados (gente a la que odiaremos con veladas ganas homicidas) que pueden hacer del estudio, de la reflexión hermenéutica, filosófica o metafísica de una obra, algo no sólo divertido sino y, sobre todo, vital para la existencia de ese trabajo. Una vez más, hablando de modo más simple, estoy pensando aquí en la posibilidad de utilizar las características de un género (llámese Noir, llámese RomCom, llámese Terror) para proponer reflexiones sobre ese propio género, para que, quienes acedamos a la obra, también aprendamos algo de la misma.

Pudiendo calificar dicha noción con el mote de “volverse Meta (Linguistico/Narrativo/Historico)”, lo que haremos será, simplemente, utilizar las capacidades y características que tiene una obra para que podamos ver detrás de bambalinas los procesos, los engranajes, o las temáticas que la construyen; y todo esto (y aquí reside lo verdaderamente interesante de lo que estamos tratando) sin dejar de hacer una obra que, a la vez que los desmonta, los ponga en juego.

Algo parecido a estos procesos es posible de ver en la película Birdman, especialmente en la escena donde el alter ego de Michael Keaton se explaya sobre los resortes del nuevo cine comercial moderno (superhéroes, explosiones, falta de argumento y otras lindezas). Sin embargo, mientras en Birdman hay una suerte de razonamiento snob para postular esas características ("somos una peli indie, ergo, somos mejor que toda esa basura que miras en el año en el cine"), lo que harán los realizadores de “The Cabin in the Woods” será el crear una gran carta de amor al género del terror cinematografiado, riéndose y asustándose con él… no de él.

Salida de los cráneos de Drew Goddard y el todopoderoso Joss Whedon (creadores de un hito en la forma de hacer series para adolescentes con su seminal Buffy: The vampire Slayer y su posterior spin off Angel, o "Batman en L.A."), la película, (al igual que las series), toman como punto de partida algo ya conocido (e infinitamente trajinado, deberíamos de decir), en este caso del género del Terror, y cómo él mismo se ha propuesto a lo largo de su historia (desde el terror de los años '50, con los bichos gigantes pululando por doquier, al heredado terror de urdimbre japonesa que nos invadió desde finales del siglo pasado hasta ahora) y, valiéndose de las armas, las características que el mismo le proporciona, darle la vuelta, eviscerarlo para mostrarnos las tripas de cómo funciona… y, más importante, por qué funciona de ese modo

Pero empecemos desde el principio. Ya desde la primera escena (si es que no miraron con atención el cartel de propaganda del film) vemos que algo no anda bien en la película… o al menos no anda como debería. Dos científicos que parecen más sacados de una de Tarantino (otro maestro a la hora de desmontar géneros) que de una de terror, los protagonisas conversan sobre sus vidas personales en un tono entre costumbrista y jocoso… no hay en esta escena ni seres salidos de las pesadillas de nadie, ni sangre, ni gore, ni nada siniestro moviéndose por el fondo, allí donde solo el rabillo del ojo puede llegar a verlo; necesitamos que el título de la película se nos aparezca, acompañado por una tonada ominosa, para confirmar que sí, esta es una películar de terror y que no, no nos hemos equivocado de cine.

Lo que sigue ya es mas propio de lo que entendemos como el ABC de las películas de miedo y, más aún, de un tipo de película de terror en especial, aquella que encuentra a un grupo de adolescentes a punto de partir en dirección a algún sitio desolado para pasar allí unas mini vacaciones; sin embargo, dos cosas suceden que es válido tener en cuenta para lo que está por venir. En primer lugar, el hecho de que los personajes, que deberían ceñirse a diferentes arquetipos que ya estamos cansados de ver en las películas de este tipo, tienen mas dobleces de los que deberían tener (la dulce y virginal protagonista acaba de salir de una relación con un profesor de su facultad, el deportista tonto cita de memoria libros de sociología, el comic relief es capaz de profundas reflexiones sobre diversos temas… estando drogado). En segundo lugar vemos cómo la primera escena comienza a interceptar, a conectarse con la narrativa “principal” del metraje.

De ahí, el camino a la cabaña: una parada en una infinitamente creepy estación de servicios, un camino de montaña que parece haber estado sin uso durante años, la cabaña solitaria en el medio del bosque (¿alguien dijo Evil Dead por allí?), y la instalación en la misma, siguen los tópicos clásicos del cine de este tipo. Sin embargo, lo que nos interesa son las breves escenas donde volveremos a los científicos y comenzaremos a formarnos una teoría para explicar su existencia en la película. De algún modo, todo lo que les está sucediendo (y les va a suceder) a la troupe protagonista está, de alguna forma, digitado, preparado, construido por estos señores de bata blanca. Dicho de otro modo, los clichés, los tópicos que vimos antes (la cabaña, los arquetipos casi inamovibles cada uno con su función que cumplir, la escena softcore que ya es costumbre, etc) y que construyen el esqueleto de la película, están manipulados por personajes dentro de la misma película.

Así, todo parece ser parte de un experimento, de un sistema con reglas y pautas ya preestablecidas que deben de ser cumplidas a rajatabla para lograr… bueno, eso ya sería decir demasiado de la película y no debería, pues a lo que a nosotros nos interesa es la noción de sistema, que los mismos científicos utilizan varias veces para definir su labor.

Este sistema, del cual hablan en la obra, no es más que el conjunto de características que hace a la película de terror que conocemos de antemano. De este modo, este sistema, como queda presentado en la película, le da una explicación narrativa a todos esos factores que construyen el esqueleto de este tipo de films (y que ya hemos mencionado mas arriba); incluso, llegando a explicar aquellos que, nosotros como espectadores, podríamos considerar como ridículos o contraproducentes o al menos discutibles dentro del plot de la misma ("¿cómo que tenemos que separarnos?"). Todo esto conduce a que podamos ponernos “metas” al ver cómo un artefacto de reflexión sobre la creación de la misma película está incorporado en el metraje; y no sólo eso, sino que es parte nodal del mismo.

La selección del martirio, los monstruos escondidos en el laberíntico complejo que subsiste debajo de la cabaña, las advertencias no escuchadas, la mácula sexual como motivo de asesinato y, llegado el punto final, la explicación o justificación para la existencia de esos personajes y no otros (una vez más, los arquetipos que ya conocemos hasta el hartazgo venidos desde Halloween hasta I know what you did…) para ser sacrificados. Es decir, todas las cosas de las cuales hablaba el personaje de Mathew Lilard en Scream (una decena de años antes) en otra gran película que planteaba la reflexión de sí misma, encuentran aquí su lugar, no sólo como autoconsciencia sino como parte estructural y fundamental para hacer funcionar a la película en su totalidad.

Ya en el final, el sistema (o mejor dicho, la falla en el mismo) hará que esta expresión reflexiva sobre el género (separada del mismo por un par de pisos en ascensor) se vea obligada a “chocar” con las “realidad” del género mismo que ha creado, en una orgía de sangre y vísceras digna del relato que hemos estado (y ellos también) siguiendo. Sin embargo, nos queda aún una perla de deconstrucción en el final mismo de la película que llegará a su máxima perversión, cuando por fin el martirio de los protagonistas nos sea explicado a todos en la voz de una sorpresiva Directora del sistema (en un cameo impagable de un Icono del cine de genero).

Será en esta explicación suya que nos daremos cuenta de que “Los Antiguos” que reclaman el sufrimiento, la sangre y el asesinato monstruoso, no somos más que nosotros mismos llevados al paroxismo. “Los antiguos” son el espejo narrativo y deformado del propio espectador de la obra. De este modo, la película es capaz de interpelarlos(nos) como los viciosos buscadores de sangre y violencia que realmente somos, en un deseo de catarsis, morbo o (como lo plantea la propia película) envidia.

Los antiguos creían que el viaje del sol a través de la bóveda celeste necesitaba del sacrificio de una virgen para “alimentar” al menguante sol en su travesía. Como en aquellos días nosotros planteamos el sistema, nosotros lo construimos y nosotros seguiremos arrojando vírgenes inocentes en la maquinaria que se mueve mientras nos entretenga…

Lo único que cambiamos es una piedra sacrificial por una pantalla de cine.

Algo es algo.