Así como la mayoría de las concepciones de validación artística son difíciles de explicar de modo subjetivo (¿existe la objetividad en la valoración artística?), también resulta difícil explicitar las caracterizaciones que terminarán por convertir a la obra (cualquiera sea) en un clásico, un chasco genérico o un fracaso con todas las letras.

Esto se vuelve más evidente que nunca en lo que tiene que ver, o lo que definimos, como la noción de obra de "culto" que está profundamente imbricada con la posibilidad de aparición de nuevas formas de leer, nuevos conceptos que apreciar, nuevas reflexiones que construir en el lugar donde ya habían sido descartadas por la mirada de la crítica imperante. Dicho de otro modo: una suerte de renacer de las perspectivas a través de las cuales miramos y nos acercamos a un fenómeno. Leer una obra de culto significa encontrar esa perspectiva a través de la cual acometer la reflexión crítica de la misma.

Será por ello que, al enfrentarnos a una obra que ya ha alcanzado este status "de culto", como es The Rocky Horror Picture Show, tengamos que hacerlo a través de una perspectiva de significación valida.

Esta vez -y no porque no se pueda construir en base a otra idea- leeremos la obra a través de la perspectiva del taboo, lo prohibido, lo no dicho y no hecho. Entendido de modo simple, el taboo (o tabú) pertenece al orden de las prohibiciones atávicas, las más antiguas que la humanidad haya presentado en el principio de los tiempos. En la historia moderna, el taboo concentrará todo aquello que no puede hacerse sin un castigo acorde con aquel quiebre de las reglas pautadas y sostenidas de la civilización naciente y cuya existencia debe, de algún modo, ser castigada. Así, todo tendrá mayor sentido si entendemos que toda institución social -uso, costumbre, ritual, etc.- es un conjunto de pautas y de reglas de comportamiento ceñido a un contexto, a un tiempo y lugar determinado que aparecen como verdad; verdad que el taboo terminará rompiendo o poniendo en jaque.

Si tomásemos un poco de tiempo, bien podríamos hacer un listado de los actos que se consideran taboo y ver cómo marcan la sociedad en la que aparecen. Sin embargo, más productiva resulta la idea de concebir al taboo como constitutivo de las sociedades todas. Esta concepción, salida de la mente del propio Sigmund Freud, propone que el taboo del incesto y el taboo del parricidio son los organizadores primigenios de toda sociedad civilizada, es decir, el miedo al quebranto de estas leyes es lo que termina siendo la semilla constitutiva de las sociedades como las conocemos.

Desde ahí, el concepto de tabú pasará por todas las instancias de la construcción social a casi cualquier área de actividad humana que pueda ser visitada o leída a través de la óptica de un imperativo moral, religioso o cultural. Así, el taboo llega a nuestros días como un antecesor pretérito del derecho cuya contravención debe de ser castigada o, cuanto menos, estigmatizada. El taboo es el quiebre de la telaraña del pacto de convivencia que mantiene el tejido social unido y funcional a raíz de un acto que escapa por fuera de los márgenes de lo esperado (notemos, por ejemplo, que no cualquier crimen en cualquier sociedad es considerado taboo).

Aunque se cae de maduro, se vuelve necesario aclarar que los tabú son susceptibles de cambio a través del tiempo: algunas cuestiones o tópicos considerados tabú al momento de estreno de la obra que aquí nos ocupa, The Rocky Horror Picture Show constituyen problemas que hoy día están más aceptados. Teniendo eso en cuenta, para leer la obra desde la óptica del tabú, considero necesario que nos adentremos desde la díada eros (la pulsión de vida, expresada a través de lo erótico y la potencia de lo sexual que la historia pone en juego) / thánatos (lo tanático o pulsión de muerte).

Pero empecemos desde el principio. Desde lo formal, como ya los tengo acostumbrados.

Para esto, se hace imposible no mencionar la primera escena/canción de la película, una escena que funciona como una suerte de puesta en abismo que, a la vez, contiene las peripecias que irán a sufrir los personajes todos (al punto casi de desenrollar todo el argumento) así como la filiación estética que habrá de seguir la obra (y que serviría para otra nota donde hablásemos de la conexión/filiación camp), desde los seriales de Flash Gordon hasta el King Kong original, si, ese de Plastilina cuya magia Peter Jackson no pudo recuperar.

La película jugará con diversas filiaciones sin quedarse quieta solo en una; la comedia, el melodrama, el terror, son géneros que tocará en algunos puntos para inmediatamente subvertir, quebrar o transgredir con la aparición de otros con sus propias características.

Más importante aun, que se elija un musical para construir una obra que no temerá en transgredir la caterva de temas que la obra presupone (la bisexualidad, los fetiches S&M, los actos contranatura, etc) es un acto que lúdicamente coquetea con la idea del taboo pues está proponiendo, reformando y rompiendo al mismo tiempo reglas genéricas ya planteadas. De ese modo, el Taboo, entendido de esta forma, encontrará su lugar en la ruptura o reformulación de las reglas del musical para que sirvan a su descabellado propósito. Será por eso que estos quiebres no quedarán únicamente circunscriptos al principio de la película pues, analizando los números musicales, seremos capaces de ver como cada uno de los mismos extrema las posibilidades genéricas, jugando con sus aspectos constitutivos (recordemos al patólogo apareciendo para dictarnos la coreografía del Time Warp) hasta el punto de extrañarlos y producir una suerte de distanciamiento que nos permita "leer" cada escena como signo, como símbolo de algo más.

Relacionado con esto, y habiendo avanzado ya con los aspectos formales de la obra, es hora de hablar de los núcleos, las ideas, los taboos imperantes y operativos a la hora de construir la obra desde el punto de vista temático.

La película se encarga en exacerbar el impulso erótico como uno de los elementos constitutivos principales de la obra. Así, apenas comenzado el metraje (y sin meternos demasiado en la obvia alusión a los genitales femeninos que la boca atravesada construye cantando la primer canción) tendremos la escena de la fiesta, que propone en sí misma una serie de tabúes relacionados con la proposición de varias conductas sexuales que atravesarán toda la película: el travestismo, la homosexualidad o bisexualidad, los fetiches de la vestimenta y el implícito espectro de la orgía que soterradamente se presupone con la figura de la "fiesta" misma.

En segundo lugar, parece evidente que también se presenta como taboo la idea de los impulsos reprimidos de nuestros personajes principales. Haciendo caso a lo que la película propone, lo que tenemos tanto en Brad como en Janet, es una inexperiencia que se hace evidente en sus reacciones ante la situación en que se meten en el castillo (y la fauna allí presente) y el miedo para con su identidad sexual inexplorada que, sin embargo, no necesitaran mas que el mas mínimo de los estímulos (el mas leve de los roces) para explotar en las formas del deseo irrestricto que vemos, en las escenas de Frank-K-Furter visitando a la pareja principal y, sobre todo, en la escena de la canción de Janet, donde la figura del amante muta, segundo a segundo proponiendo la "apertura" final de Janet que traspasa el genero, la edad y hasta la forma misma de su partenaire (que al fin son todos los personajes del film).

Esto quedará más que claro en el verdadero taboo, el quiebre erótico máximo que quedará personificado en la idea del pansexual Dr. Frank-K-Furter, un personaje que se resiste a cualquier encasillamiento, pues su simple presencia causa un quiebre, una ruptura en las ideas de identidad sexual, de identidad genérica y, en el final lo sabremos, hasta de la propia identidad humana (¿los spoilers cuentan cuando la película tiene 40 años?... el Dr. es un alien al fin y al cabo).

El Dr., así entendido, será el numen del deseo y su necesidad de saciarlo sin importar cómo o con quién/qué.
El deseo puro. Todas las formas de la sexualidad son puestas en terreno de duda o desequilibrio por las peripecias temáticas de la película. Toda conducta que consideramos común o normal será reinventada, reformada y discutida a través del modo en que la misma (o las mismas) terminan mostrándose (y el verbo no es casual, mostrar es revelar, lo sabemos).

Taboo será también, y ya para finalizar, el modo en que se representará el aspecto tanático en la obra. La pulsión de muerte estará, en un principio, ligado a aspecto prometeico presente en la creación del Rocky del propio título.

Una especie de monstruo de Frankenstein que se define (que definimos) como el delirio húmedo de una fantasía sexual; una suerte de juguete erótico con patas, un cliché que entraría dentro del canon de lo que podríamos denominar el arquetipo "Adonis" dentro de las caracterizaciones de los arquetipos de la comunidad homosexual. Del mismo modo, y aun hablando sobre el mismo tema, el congelado y posteriormente muerto Eddie se correspondería con la categorización del otro lado del espectro de aquellos conocidos como "el chico malo", arquetipos ambos también presentes en el mundo real.

Visto de este modo, Rocky es la personificación del poder de la ciencia por sobre la muerte, peor aún (desde el taboo) es una muestra del poder de la ciencia por sobre Dios. Quizás el taboo mas poderoso de todos pues interpela el poder absoluto de la mente o la conciencia divina.

Para cerrar ya de una vez, y de modo mas simple, lo que propone la película es, en definitiva y en la medida de lo posible es darle visibilidad a los taboos y así darlos vuelta, resignificarlos para poder repensarlos y ver mas allá de la polémica vacua que los mismos pueden sucitar.

Rompemos las reglas para repensar la viabilidad y los alcances de las mismas.