El 2016 comienza, en mi visión utópica, con los viajes auxiliados por la Game Work Jam y los Fondos de Movilidad. Un proyecto orientado a que distintos desarrolladores de videojuegos puedan contar con la oportunidad de visitar espacios más allá de nuestras fronteras, donde consigan empaparse del trabajo que se está haciendo en su ámbito pero en otras ciudades. El objetivo es la GDC (Game Developers Conference) en Marzo, tenemos más de 50 desarrolladores argentinos con invitación y preparándose para viajar.

Es Marzo, y, durante el periodo del viaje, en el país queda una pequeña cantidad de gente trabajando en videojuegos. Algunos rezagados son aquellos que nunca escucharon hablar de los fondos o de las entradas habilitadas, en parte porque conforman un estudio suficientemente chico como para no estar interesados en un viaje y en parte porque los anuncios no se realizaron con una voz suficientemente alta.

Los demás “eligieron” quedarse en Argentina para planificar los eventos y las actividades del resto del año. Los cambios políticos de los últimos meses han generado cierta desestabilización en distintas instituciones, por lo que varias de las exposiciones tendrán que mudarse de convenio antes de que finalice el año. Mientras tanto, en San Francisco, el viaje de egresados va llegando a su fin. Son varios los desarrolladores que regresan separados por la tensión de la competencia que encontraron en el exterior.

Para Mayo ya se publicaron varios videojuegos de origen argentino en lo que corre del año. No todos han logrado el éxito que buscaban, pero la oleada de proyectos en conjunto resulta llamativo y logra que muchos ojos se ubiquen en el trabajo la región. Los lanzamientos que operan como punta de lanza son Ernesto, Okhlos y Las aventuras interactivas de Dog Mendonça, con resultados variados en cada caso, considerando que dos de ellos fueron acompañados por un publisher. El desempeño de los distintos juegos, junto a los resultados tras el viaje masivo a la GDC, consigue que tanto el Ministerio de Cultura como el de Educación demuestren un mayor interés en un área que intenta salir del nicho. Esto es considerado una gran victoria por la comunidad en general, incluso cuando el Ministerio de Cultura ya estaba involucrado en múltiples estrategias desde años anteriores, y genera un clima de optimismo. Son varios los estudios que se disuelven para que sus integrantes puedan fusionarse bajo otro nombre.

El Invierno es generoso, con una amplia disponibilidad de trabajo y de espacios para exhibir. Las NanoEVA, Meet The Devs y Game Work Jam mantienen su presencia de forma periódica en los meses anteriores, ofreciendo salones enteros para que los desarrolladores no sólo logren mostrar sus proyectos, sino para que cuenten con un espacio donde dialogar acerca de las cosas que a ellos les interesan.

Sin embargo, tras los relatos incesantes de la GDC, todas las organizaciones intentan cambiar su orientación, dejando de operar como un santuario para entusiastas y concentrándose más en el desempeño de los profesionales. Ofrecen talleres, mesas redondas y contactos con el exterior, intentando replicar mucho de lo ocurrido en San Francsico. Estas modificaciones abandonan un poco a los medios argentinos, que no logran participar de lo que ocurre a puertas cerradas, y que comienzan a realizar una respuesta con otro enfoque.

Septiembre es cuando la prensa especializada ya despliega sus alas de forma más cómoda, es un buen momento para inversiones y contratos. Después de haber contado con meses en los que los medios masivos publicaron notas de buena calidad relacionadas a los videojuegos, muchos periodistas utilizan el MICA para convertir su hobby en un trabajo profesional. El Mercado de Industrias Culturales resulta ser el espacio ideal, empresarial en el tono exacto para justificar una redacción que aborde a los videojuegos sin dejar de lado el análisis serio. Algunos estudios de videojuegos logran negociar, en este marco, oficinas para trabajar en sus proyectos, y los periodistas especializados se encargan de documentar estos progresos en medios populares. Ambas partes logran cierta sinergia.

La primer mitad de Noviembre está llena de eventos, todos en el mismo plan pero sin superponerse. Continúan realizándose en la Ciudad de Buenos Aires, pero no buscan dejar a un lado a los desarrolladores de otras provincias. Cada uno de los organizadores acuerdan una forma de coordinar las distintas exposiciones para que ocurran en fechas suficientemente separadas, demostrando autonomía, y suficientemente próximas para que se pueda disfrutar de todos en un mismo viaje desde el Interior. Los medios de prensa toman nota de Agustín Cordes diciendo: “Pensé que ponernos de acuerdo iba a ser mucho más difícil, pero hoy me alegra mucho poder mirar por esta ventana y ver al resto de los eventos rebosante de gente. Honestamente no entiendo cómo no hicimos esto antes.

Para fines del 2016, la presencia de los videojuegos se sintió en múltiples espacios. Desde charlas que los abordaron como formas de arte, hasta empresas que consiguieron establecerse, pasando por una presencia de matiz educativo en distintas aulas. Son varios los estudios que no lograron mantenerse en pie y para los que Diciembre es un mes agridulce, pero aquellos que buscan continuar trabajando logran encontrar un hogar cálido en equipos vecinos.

Algunos desarrolladores ya han trabajado juntos antes, otros se conocen por primera vez y están ansiosos por definir un ritmo estratégico, escenas que ya han ocurrido en años anteriores. Esta vez, sin embargo, son pocos los que intentan recorrer un camino individual, eligiendo trabajar acompañados a la hora de encarar nuevos emprendimientos. Todo es más fácil cuando uno no se siente solo.

Agotados pero realizados, levantamos la mirada hacia el 2017 con una comunidad mejor establecida, con acuerdos menos abusivos y, más importante, con un piso firme bajo nuestros pies.