Su nombre era Doménico Scandella, y lo llamaban Menocchio. Fue un molinero en el pueblito de Montereale, en el norte de Italia, en el siglo XVI. No se puede decir que haya tenido una vida particularmente interesante (no más que la de cualquiera de nosotros), ni que haya dejado una marca imborrable en la historia de la humanidad. Tampoco le fue mal: sabía leer y escribir en un momento y en una clase social donde no era lo más común. Hasta llegó a ser alcalde de su municipio en 1581.

Sus ideas -que nunca se privó de expresar- se desviaban un poco de las del catolicismo ortodoxo: creía que de un primer momento de caos empezaron a surgir los elementos y luego se fue creando una masa, tal como la leche se convierte en queso; los gusanos que aparecen entonces serían los ángeles y Dios. No veía a Jesús más que como un tipazo. Un crack. Pero no más hijo de Dios que cualquier otro hombre.

A la Iglesia Católica esto mucho no le gustaba. Siempre fue un poco quisquillosa con esto de las interpretaciones sobre el mundo que no siguieran a la Biblia. Por eso, en 1599, a Menocchio lo agarró la Santa Inquisición y fue ejecutado y quemado vivo, por blasfemo y hereje.

Casi cuatro siglos después nació Erich von Däniken, en la Suiza de 1935. Como Menocchio, era un tipo común, pero más aggiornado. De joven, trabajaba de empleado hotelero y fue rotando por distintos establecimientos. A él tampoco le fue mal: supo complementar su salario con numerosos fraudes, malversaciones de fondos, y préstamos que obtuvo falsificando documentación, lo que le permitió una vida de dandy. Hasta que lo agarró la justicia suiza, que lo condenó a tres años y medio de prisión.

Däniken tuvo una educación católica tradicional; pero como Menocchio, se armó una particular versión de la historia bíblica que no dudó en pregonar. La analogía se termina ahí. Al suizo no lo quemaron vivo (aunque no se pueda decir que la práctica haya pasado de moda), sino que escribió una veintena de libros, vendió más de 63 millones de ejemplares, diseñó un parque de diversiones en Suiza basado en sus ideas y tuvo una decidida influencia en el movimiento del New Age y en la Ciencia Ficción.

¿Qué decía Von Däniken? A los 33 años (dos años antes de estar encarcelado), publicó el libro Recuerdos del Futuro. En él, propuso la hipótesis de que una civilización extraterrestre visitó la Tierra en la antigüedad y enseñó a la humanidad numerosos adelantos tecnológicos. Los hombres de aquellos tiempos consideraron a estos alienígenas bondadosos como dioses, y así los representaron en sus relatos orales, escrituras sagradas, esculturas, relieves y arquitectura. Los dioses de todas las mitologías no eran otra cosa que astronautas antiguos que vinieron a ayudar al desarrollo de la humanidad.

Así, encontró que estos alienígenas, miembros de civilizaciones más avanzadas que usarían sin duda cascos con antenas, linternas, cinturones con cohetes para volar, y helicópteros, han sido inmortalizados en numerosas ruinas arqueológicas.

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Von Däniken nos explica que las Pirámides de Egipto, las piedras de Stonhenge y las líneas de Nazca son plataformas de aterrizaje y lanzamiento de estos astronautas. Encuentra dibujos, esculturas y grabados antiguos de máquinas y transportes tecnológicamente avanzados. Señala la existencia de artefactos fuera de lugar, que parecen no pertenecer al lugar donde se encontraron y a la época sugerida por los arqueólogos.

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Además, ya que en la Biblia y escrituras de otras religiones se habla de que las deidades provienen del cielo, infiere que sin duda han de ser viajeros espaciales. Un pasaje del Antiguo Testamento describe cómo Ezekiel vio llegar una carroza de fuego con un estruendoso remolino flameante, lo que interpretó como un platillo volador. En su particular lectura, Sodoma y Gomorra fueron destruidas por una explosión nuclear planificada, el Arca de Noé era eléctrica y tenía altoparlantes, y Jesucristo era simplemente un tipo muy inteligente al que los extraterrestres otorgaron “una radio a través de la cual puede entrar en contacto y comunicarse con los dioses en cualquier momento” (Von Däniken, 1974). Los mayas, egipcios e hindúes mostraban adelantos tecnológicos, arquitectónicos y sociales que, claramente, no podrían haber tenido debido a su escasa inteligencia. Después de todo, no eran ni europeos ni blancos.

En posteriores libros, Von Däniken hace extensiva su teoría de los astronautas originarios a todas las mitologías, religiones y civilizaciones con las que se cruzó. En criollo, no dejó títere con cabeza. Radicalizó más aún su hipótesis, diciendo que los astronautas no sólo nos dieron tecnología, sino que hasta nos diseñaron genéticamente mediante mutación artificial programada, haciéndonos a su semejanza. Claro, la cosa fue de ensayo y error: a veces le salían cosas medio raras, como centauros o minotauros, como dice en su último libro (La odisea de los Dioses, 2012), donde se la agarra con la mitología griega y asevera que la Atlántida está sumergida bajo el Mediterráneo, unida con Troya mediante túneles secretos.

La diferencia entre Von Däniken y el chiflado de turno con ideas estrafalarias, es que el suizo respaldó sus teorías con numerosos registros documentales, viajes exploratorios, y citas bibliográficas. De hecho, para cuando estaba redactando su primer libro, los astrofísicos Carl Sagan y Iósif Shklovskii escribieron sobre la posibilidad de contacto con extraterrestres hace millones de años en un capítulo de su libro Universo, vida, intelecto, y sus ideas aparecieron numerosas veces en los escritos del suizo. Sagan no era un tipo de un carácter que pudiera tolerar esto, y recomendó que los libros de Von Däniken fueran estudiados en escuelas secundarias para analizar sus aberraciones lógicas y escritura descuidada. Sagan atribuyó el éxito editorial de Von Däniken a la credulidad de las personas y a los tiempos de desesperanza.

Von Däniken parte de preguntas absolutamente válidas, y muy interesantes. ¿Cómo hicieron las antiguas civilizaciones para construir monumentos de enorme complejidad? ¿Por qué el calendario maya era tan exacto? ¿Por qué pueden encontrarse tantas cosas en común en religiones que nunca han estado en contacto? Sus respuestas pretenden ampararse en la ciencia y en la arqueología, pero no pasaban de una pseudociencia bastante desarticulada, con afirmaciones indemostrables y tautológicas y ausencia de método científico.
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De hecho, la gran mayoría de sus “registros documentales” eran falsificados o erróneos, y sus interpretaciones disparatadas y complicadas. Esto no es menor, ya que según el principio de la Navaja de Occam -de fundamental importancia en la ciencia y en la historia- habidas dos teorías diferentes, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

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No sólo eso. Gran parte de las propuestas de Von Däniken habían sido plagiadas de otros conspiracionistas. En El retorno de los brujos de 1960, Louis Pauwels y Jacques Bergier hicieron una ensalada con la parapsicología y la telepatía, la alquimia y la bomba atómica, el esoterismo y el nazismo, y los mayas y egipcios. Esta teoría de lo oculto, que estaba influida por Los Mitos de Cthulhu y En las montañas de la locura, de H. P. Lovecraft, caló hondo en el francés Robert Grugeau. Bajo el seudónimo de Charroux, escribió en 1963 Historia desconocida de los hombres de los últimos cien mil años donde sugería, cinco años antes que Von Däniken, la teoría de los astronautas alienígenas. Y mientras que Charroux reconoce la influencia de Pauwels y Bergier, Von Däniken copia párrafos y citas sin ningún tipo de mención.

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A pesar de esto, los libros de Von Däniken lograban evocar un mundo aún desconocido, todavía misterioso, donde todo parecería encajar en su teoría. Por más que sus libros no tuvieran una estructura clara (son más bien una colección de pensamientos desarticulados), pueden ser convincentes para quien no exija rigor científico.

Victor Stoczkowski se preguntó cómo es que el mito de los astronautas antiguos se mantuvo vigente y no se fue diluyendo como otras modas ocultistas pasajeras. La clave está en que logró fusionarse con otros elementos esotéricos como la ufología y la atlantología bajo una forma pseudocientífica, sobreviviendo en el imaginario colectivo pese a los duros embates académicos y periodísticos de especialistas del momento como Ronald Story, Peter White, Henry Broch, y Jean-Pierre Adam.

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Qué dice la ciencia (la de verdad)

Pero, ¿son por esto falsas las teorías de Von Däniken? No necesariamente.

Si bien cualquier arqueólogo de medio pelo tendría elementos más que suficientes para refutar categóricamente sus delirios de los astronautas ancestrales, los Dioses y las culturas milenarias, lo cierto es que desde la astrofísica se manejan hipótesis parecidas para explicar el origen de la vida en la Tierra.

Una de ellas es la panspermia, que propone que la vida en la Tierra no surgió aquí si no que proviene del espacio exterior.

Von Däniken no fue el primero en proponerla. En rigor, su primera postulación vino de la mano de Anaxágoras (siglo V antes de cristo), y fue posteriormente desarrollada por Jöns Jacob Berzelius (1834), Hermann E. Richter (1865), Lord Kelvin (1871), Hermann von Helmholtz (1879), y Svante Arrhenius (1903), primer científico -laureado con el Nobel- en sistematizar realmente la idea. En la Ciencia Ficción, apareció tan temprano como 1930 en la novela Primera y última humanidad, de Olaf Stapledon.

Se han propuesto diferentes tipos de panspermia. Por un lado, la panspermia molecular sugiere que existen moléculas orgánicas complejas en las nubes y nébulas espaciales, y que bajo determinadas condiciones pueden reaccionar constituyendo la base material para la génesis de la vida.

La panspermia dirigida parte de la comprobación de que algunos organismos (bacterias, cianobacterias, líquenes) son muy resistentes a condiciones extremas de temperatura y presión (extremófilos) que pueden viajar por el espacio a bordo, por ejemplo, de meteoritos. Es posible, por lo tanto, que microorganismos extraterrestres hayan llegado a la Tierra y con el tiempo se hayan adaptado a su ambiente, lo que desencadenó su posterior evolución.

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Una variante de esta hipótesis afirma que la panspermia, además de dirigida, fue deliberada, creada por una civilización extraterrestre. Por inverosímil que suene, hubo varios científicos de renombre que adscribieron a esta teoría. Entre ellos, el biofísico ganador de un Nobel Francis Crick, aunque luego cambió de opinión.

Algunas publicaciones sugirieron que la panspermia dirigida podría ser demostrada a través de la presencia de un “mensaje” codificado, deliberadamente implantado en el código genético de los primeros microorganismos. Esta es una búsqueda que sigue vigente hoy en día.

Otros aportan diferentes variaciones. Thomas Gold, por ejemplo, sugirió la Teoría de la Basura, que supone que la Tierra fue un tiradero de basura de seres extraterrestres hace millones de años, y de los restos orgánicos de la bazofia alien surgió la vida en la Tierra.

De hecho, actualmente existen planes para generar artificialmente panspermia dirigida, con el objeto de expandir la vida en el universo. Sin embargo, se ha despertado cierto debate sobre los aspectos éticos del proyecto. Pero si la humanidad se lo propone y lo logra, ¿qué nos hace pensar que seremos los primeros?

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Parece improbable, y Von Däniken ciertamente hizo un pobre intento en demostrarlo, que una civilización alienígena nos haya visitado en tiempos ancestrales e influido en nuestro desarrollo como especie. Podemos imaginar, sin desviarnos mucho de los supuestos científicos basados en conocimientos demostrados, que el origen de la vida en la Tierra se deba, efectivamente, a extraterrestres: desde microbios viajantes hasta seres inteligentes.

Pero el objetivo del hotelero devenido escritor best-seller era otro: sumergirnos en un mundo místico, casi mágico, hilvanado una única explicación que resuelva los grandes misterios de la humanidad y nos invite a ser parte del descubrimiento del secreto más fantástico de la historia. O bien, más probablemente, seguir choreando.

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Fuentes

  • Capanna, Pablo. “2001: Odisea del futuro”, en Página/12, 5 de enero de 2008. Disponible [aquí.]

  • Ginzburg, Carlo. El queso y los gusanos. Muchnik Editores, 1976.

  • Stoczkowski, Viktor. Des hommes, des dieux et des extraterrestres. Ethnologie d’une croyance moderne [Hombres, dioses y extraterrestres], Flammarion, 1999.

  • Story, Ronald. The Space-gods revealed. A close look at the theories of Erich von Däniken (2 ed.) [Los Dioses del espacio, revelados], Barnes & Nobles, 1980.

  • Von Däniken, Erich. Recuerdos del futuro. Plaza y Janés, 1974.

  • Von Däniken, Erich. El oro de los Dioses. El Caballito Ediciones, 1974.

  • Von Däniken, Erich. La estrategia de los Dioses. Plaza y Janés, 1982.

  • Von Däniken, Erich. La odisea de los Dioses. EDAF, 2012.

Papers y publicaciones científicas