Corría el año 1995 y Disney se arriesgaba a producir y poner en cartel una película "rara" para los estándares de aquella época.

Así, con apenas una serie de cortos de excelente factura bajo su ala, un estudio de animación apenas conocido (pero largamente reputado) estaba a punto de obtener su gran posibilidad de jugar en primera. Y la clavó en el ángulo.

Toy Story fue un éxito desde donde se lo mire al punto de que (para un servidor) cierra la segunda edad de oro de la animación en Disney (que había comenzado seis años antes con el estreno de "La Sirenita") y abre las puertas de una plausible tercera edad, en la que muchas cosas habrían de cambiar con Pixar (el estudio detrás de La película) como punta de lanza, marcando el camino.

Piensen de este modo. Si tienen menos de quince años es muy probable que su acercamiento a la animación tradicional sea a través de cartoons en TV y no a través del cine. Sabido esto, tonto o al menos miope, sería subestimar la influencia del estudio de la lamparita; que no solo es formal, es decir que no solo estará circunscripto a la utilización del CGI (cosa que las más de las veces malentienden los otros estudios de animación como Dreamworks y Fox, con Sony siendo la única real "amenaza" con la saga Como entrenar a tu Dragon") sino que, más que nada, tendrá que ver con una cuestión temática. Teniendo esto en cuenta, podemos reconocer una película de Pixar porque sus temáticas tocan fibras que la animación no se caracterizaba por tocar. El paso del tiempo, la llegada a la madurez, el abandono, el duelo e incluso la muerte; son todos temas que la productora no temió enfrentar en sus largometrajes.

Por fuera de las obras en sí, Pixar se separó de Disney en el año 2004 (a expensas de Steve Jobs... ¿quién diría que era un jodido?) para luego ser adquirida totalmente por la compañía del Ratón en el 2006 y afrontar las que, en mi humilde opinión, serían sus mejores obras. Fruto de este cisma, Disney se vio forzado a volcar sus energías una vez mas en los Walt Disney Animation Studios (su rama de animación clásica) para rivalizar con la, por un tiempo, competencia.

Muñido de mucho del talento que había sostenido a Pixar, los estudios concatenaron una seguidilla de películas que jamás lograron el impacto de las que realizaron con su otrora socio (aun construyendo fábulas valiosas como La familia del Futuro, gran película medio escondida del catálogo).

El problema (y su solución) tenía nombre y apellido: John Lasseter, confundador de Pixar, director de algunos de sus mayores éxitos (y Cars) y cerebro coordinador creativo. Lasseter desembarcó en Disney para, después de un (presumo) millonario acuerdo, hacerse supervisor de, tanto Pixar como su rama en Disney (ahora dos estudios con vasos comunicantes, pero separados), en lo que sería la forja de una historia de pura grandeza.

Anoten: Tangled, Frozen, Big Hero Six y aquella que nos ocupa el día de la fecha: Zootopia.

Como hablar de la fina factura en lo que animación se refiere resultaría, cuanto menos, de más en lo que se refiere a un producto de esta factoría (hasta un bodrio intratable como Planes está fastuosamente animado) nos ocuparemos de las temáticas de la película en sí, tratando de entrar lo menos posible en el terreno del spoiler.

Una cosa sí es digna de tener en cuenta a la hora de acercarnos a la película, y es la habilidad con la cual los animadores han convertido el problema de la escala (de zarigüeyas de pocos centímetros a mastodónticos elefantes) en una característica que juega a favor de la historia; proponiendo la pequeñez e insignificancia de la recién llegada Judy a la gran ciudad, así como transformando los retos a los que ella se enfrenta en gigantescos por las simples dimensiones de aquello que la rodea.

Lo mismo sucederá con la espacialidad de esta utopía animal compuesta por "Distritos" que, para el común de la gente, serían ecosistemas y que le dan la oportunidad a los talentosos animadores de flexionar sus músculos mostrando las reacciones del pelaje ante la fría ventisca de la Tundra, o ante la constante humedad del Bosque tropical.

Todo es un deleite para los ojos.

Hablando de las temáticas de la película, podemos decir que se estructura a partir de dos construcciones; la primera tendrá que ver con una apropiación genérica y la segunda, el corazón de la película, estará relacionada con un debate que conformará el núcleo emotivo del metraje.

Rápidamente y tratando de develar lo menos posible: en el mundo de Zootopia los animales han evolucionado mas allá de sus instintos y necesidades básicas al punto de que tanto predadores como presas son capaces de convivir en paz entre sí. En este mundo conoceremos a Juddy Hopper, primera oficial conejo de la Policía de la urbe cuyo entusiasmo la encontrará enredada en un caso para cuya resolución necesitará de la ayuda de Mike P. Wylde, un zorro estafador y artista del engaño que conoce como nadie todos los rincones de la ciudad.

Así, esta "pareja despareja" se verá obligada (y en el caso de Mike esta obligación es patente) a resolver el caso con el tiempo contado (48 horas, ni más ni menos ¿Les suena de algún otro lado?) tratando de no perecer en el intento. Si el resumen les resulta familiar es porque se trata esencialmente del esquema que siguen todas las Buddy movies de la historia, desde Arma Mortal a Bad Boys y desde 21 Jump Street a Roger Rabbit. Sin embargo, este tipo de historias puede rastrear su género hasta la primera novela moderna, donde tendremos el contrapunto más famoso de la historia entre el lunático (en sus dos sentidos) Don Quijote y el terrenal (muy terrenal) Sancho.

Desde esta historia modélica, los relatos de "amigos opuestos" están construidos las más de las veces como oportunidades de aprendizaje. Desde el monólogo instructivo de las "Armas y las Letras" del propio Quijote para con Sancho, esta clase de narrativa está esquematizada de modo que los dos personajes aprendan algo de una relación que, hasta cierto punto, se convierte en simbiótica; aquel "bala perdida" aprenderá que las reglas existen en el mundo por una razón y que no siempre puede escapar de ellas, y aquel personaje que se rige por las mismas casi obsesivamente acabará por darse cuenta de que "doblarlas un poco" puede lograr los resultados que busca. Del mismo modo, las sabidurías y habilidades propias de cada uno servirán como bloques constructores de la resolución de la pesquisa que ambos acometen y que el caso de la película será el conocimiento extensivo de reglas y pautas (ademas del entusiasmo) por parte de Judy y las "Street Smarts" de Mike.

En segundo lugar, y conformando la base tras la cual se esconde la estructura emocional de la película, tendremos una representación del viejo debate sobre qué cosa está por encima de la otra: "Instinto" vs. "Educación" (más conocido en inglés como "Nature vs. Nurture"), es decir, ¿qué pesa más en la constitución de una personalidad: los rasgos genéticamente heredados o aquellos que adquirimos por educación y contexto?

Así, no hay azar en la elección de una coneja y un zorro como la pareja principal; pues se aprovecha toda una genealogía que esos animales tienen construida sobre sí en la cultura popular.

La coneja, presa por excelencia, intentara cambiar el determinismo de su especie convirtiéndose en una protectora, una defensora de otros y la justicia. Más extendida será la constitución de la personalidad del zorro: Mike no podrá escapar de la caracterización de las fábulas (desde las de La Fontaine a las clásicas de Reynart, El Zorro) donde se lo caracteriza como traicionero y taimado, siempre dispuesto a dejarnos en la picota por el bien personal.
Sin embargo, será allí donde entrará en juego una reformulación sobre la temática ya conocida del "sigue tus sueños", que tantas Pelis de Disney han predado antes que esta; en Zootopia los sueños parecen estar unidos a la genética de la especie que, a la vez, proveerá los límites de los mismos.

Los conejos solo habrán de ser granjeros; los zorros solo podrán ser traicioneros y egoístas y es posible leer en esto una fina conexión entre esta realidad y la que permea los renovados debates raciales que corren a través de USA... Una vez más, demostrando lo fino del oído de Lasseter que es capaz de proponer esto sin que le baneen la película como a Quentin Tarantino.

Teniendo esto en cuenta, luchar por los sueños no es solo un objetivo, sino que es una cruzada por cambiar quienes som... Cambiar su mismísima naturaleza. En un punto a favor de la educación y el contexto y cerca de la frase de Galeano, en Zootopia Judy y Mike -y todos al fin- "somos lo que hacemos para cambiar lo que somos".

Vean Zootopia, no se van a arrepentir